Jaime Goig
(España) Presidente del Ateneo Iberófono Juan Latino, político, comunicador y escritor con amplia experiencia en medios (Onda Cero, El País…). Ha sido director de comunicación en varias empresas españolas y ha desarrollado proyectos en sectores donde compiten marcas como Apple o Google. Su trayectoria combina información, narrativa y producción audiovisual. Actualmente estudia diversas disciplinas en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es editor en La Iberofonía.
En las últimas horas se han producido movimientos relevantes en distintos espacios políticos de la UE tras varios episodios vinculados a la actuación de Israel en el conflicto de Oriente Medio. Entre ellos, han cobrado especial visibilidad las críticas por acciones que habrían afectado a comunidades cristianas en la región, denunciadas por líderes políticos y recogidas por medios internacionales como, en un contexto de creciente presión diplomática.
El primer posicionamiento significativo ha sido el del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, quien ha condenado públicamente estas actuaciones, introduciendo un matiz relevante dentro de un espacio político que, hasta ahora, había mantenido una línea de mayor alineamiento con Israel.
En paralelo, la formación alemana Alternative für Deutschland ha reclamado la retirada de tropas estadounidenses de Alemania tras el último episodio en Líbano, donde un miembro de la misión de Naciones Unidas ha fallecido y otro ha resultado herido grave en un ataque aún bajo investigación (estrelladigital.es). La ONU ha señalado que este tipo de acciones pueden constituir violaciones graves del derecho internacional humanitario.
Estos posicionamientos se producen en un contexto de escalada sostenida en el sur del Líbano, donde la misión UNIFIL —con presencia española— opera en un entorno descrito por las propias fuentes como “extremadamente peligroso” (elindependiente.com).
Sin embargo, el precedente más directo para España se sitúa apenas dos meses atrás. El 12 de enero de 2026, carros de combate israelíes abrieron fuego contra una patrulla de cascos azules españoles en el sur del Líbano, con impactos a escasa distancia de los militares desplegados (elpais.com). El Estado Mayor de la Defensa confirmó que los proyectiles cayeron entre 150 y 380 metros de la unidad española, en una acción que vulnera la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (eldiario.es).
A pesar de la gravedad del incidente —que implicaba directamente a tropas españolas bajo mandato internacional—no se registraron posicionamientos públicos relevantes de condena hacia Israel por parte de dirigentes de Vox, ni de figuras como Santiago Abascal, Isabel Díaz Ayuso o Alvise Pérez en términos equivalentes a los observados ahora en otros países europeos.
Este dato introduce un elemento diferencial respecto a lo ocurrido en Alemania o Hungría. Mientras algunos actores europeos comienzan a ajustar su posición pública tras episodios que afectan a fuerzas internacionales o a colectivos concretos —incluidas las recientes denuncias sobre comunidades cristianas—, en España se mantiene una continuidad discursiva incluso tras incidentes que implican directamente a personal militar nacional.
No obstante, dentro del espacio político de Vox comienzan a detectarse críticas crecientes hacia la línea mantenida hasta ahora, especialmente en sectores de su base social y en ámbitos de comunicación afines. Estas tensiones reflejan una dificultad evidente: cualquier cambio de posición implicaría un alineamiento con tesis que, en el plano interno, han sido impulsadas por el Gobierno de Pedro Sánchez.
El nuevo episodio en Líbano —con víctimas dentro de la misión de la ONU— vuelve a situar el foco sobre este tipo de situaciones. Los ataques contra cascos azules no son hechos aislados: en marzo, un bombardeo israelí ya había impactado en instalaciones de la misión, causando heridos entre efectivos internacionales y siendo calificado por la ONU como una posible violación grave del derecho internacional (es.wikipedia.org).
Desde una perspectiva geopolítica, los hechos evidencian una divergencia progresiva dentro del espacio de la UE en relación con Israel y el conflicto regional. Las críticas por la afectación a comunidades cristianas, junto con los incidentes que implican a fuerzas internacionales, están introduciendo nuevas variables en el posicionamiento de determinados actores políticos.
En este marco, la evolución de los posicionamientos en distintos países europeos refleja que los márgenes de alineamiento comienzan a tensionarse ante determinados episodios del conflicto, especialmente cuando estos afectan a intereses directos o a colectivos específicos.


