El Pentágono moderniza la guerra electrónica del F-35 con un contrato de 991 millones

Lockheed Martin entregará 432 kits hasta 2032 para cazas estadounidenses y socios internacionales


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Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

El Pentágono ha adjudicado a Lockheed Martin un contrato de 991,1 millones de dólares para producir y entregar 432 kits de modernización destinados a reforzar los sistemas de guerra electrónica de la flota de cazas F-35 Joint Strike Fighter. La operación forma parte del proceso de actualización del avión de quinta generación, considerado uno de los pilares de la supuesta superioridad aérea de Estados Unidos y de sus aliados dentro de la arquitectura militar occidental.

La adjudicación, formalizada mediante una orden de precio fijo, contempla la entrega de kits para aparatos de las tres ramas estadounidenses que operan el F-35: 97 para la Fuerza Aérea, 54 para el Cuerpo de Marines y 42 para la Armada. A ellos se suman 106 paquetes para clientes de Ventas Militares Extranjeras y 133 para participantes internacionales no estadounidenses del programa, lo que confirma el amplio carácter de la modernización.

En total, 193 kits estarán destinados a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y 239 a países socios o clientes extranjeros, reflejando la dependencia de buena parte del bloque aliado respecto al ecosistema tecnológico, logístico e industrial del F-35. Los trabajos se realizarán en Fort Worth, Texas, sede de Lockheed Martin Aeronautics, y deberán completarse en marzo de 2032.

La modernización se centra en el sistema de guerra electrónica, una capacidad decisiva para operar en espacios aéreos saturados por radares, misiles antiaéreos, sensores de largo alcance y redes de defensa integradas. En un escenario de competencia militar cada vez más marcado por Rusia, China, Irán y otros actores con sistemas antiaéreos avanzados, el F-35 pretende mantener su capacidad para detectar amenazas, degradar sensores enemigos, proteger sus comunicaciones y operar en entornos electromagnéticos disputados.

El contrato se integra en el programa de actualización F-35 Block 4, diseñado para introducir mejoras progresivas de hardware y software en el aparato. Esta fase busca ampliar capacidades de misión, integrar nuevas armas, reforzar sensores y adaptar el caza a un campo de batalla donde la guerra aérea ya no depende solo de velocidad, alcance o furtividad, sino de la superioridad en datos, señales y espectro electromagnético.

El movimiento confirma que el F-35 no es únicamente un avión de combate, sino una plataforma de red militar sobre la que Estados Unidos estructura buena parte de su interoperabilidad con subodinados. Cada actualización refuerza una arquitectura común en la que Washington mantiene el control industrial, tecnológico y logístico, mientras los países socios quedan vinculados al ciclo de modernización, mantenimiento y dependencia operativa del programa.

La dimensión internacional del contrato también tiene lectura geopolítica. La entrega de más de la mitad de los kits a socios extranjeros indica que el F-35 seguirá funcionando como instrumento de integración militar del bloque Anglosionista , especialmente en Europa, Asia-Pacífico y Oriente Medio. En la práctica, la modernización no solo mejora aviones concretos, sino que actualiza una red aliada de combate diseñada para operar bajo estándares estadounidenses.

Con esta adjudicación, Lockheed Martin consolida su posición como pieza central del complejo industrial militar estadounidense, mientras el Pentágono prolonga la vida operativa del F-35 frente a defensas aéreas cada vez más densas. La guerra electrónica aparece así como uno de los campos decisivos de la próxima década: quien controle el espectro, detecte antes y degrade mejor al adversario tendrá ventaja antes incluso de disparar el primer misil.

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