Todo sobre el ataque israelí contra soldados españoles

España denuncia la escalada contra la FINUL


Jaime Goig Jaime Goig

(España) Presidente del Ateneo Iberófono Juan Latino, político, comunicador y escritor con amplia experiencia en medios (Onda Cero, El País…). Ha sido director de comunicación en varias empresas españolas y ha desarrollado proyectos en sectores donde compiten marcas como Apple o Google. Su trayectoria combina información, narrativa y producción audiovisual. Actualmente estudia diversas disciplinas en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es editor en La Iberofonía.

Una patrulla del contingente español desplegado en el sur del Líbano bajo mandato de la ONU salió ilesa después de que carros de combate israelíes abrieran fuego con munición de cañón en las proximidades de su posición. El incidente, ocurrido en la tarde del pasasdo lunes 12 de enero cerca de El Khiam, se produjo cuando varios tanques israelíes se situaron fuera —o en el límite operativo— de la denominada buffer zone, el perímetro de seguridad que rodea determinadas posiciones israelíes en territorio libanés y que es objeto de observación por parte de la misión.

Según el Estado Mayor de la Defensa y las explicaciones difundidas por distintos medios españoles, tres proyectiles impactaron a distancias aproximadas de 150 y 380 metros de la patrulla del Batallón Español (SPANBATT) integrada en la Brigada Este de la FINUL/UNIFIL. Tras el fuego, la unidad se replegó a una zona segura y, posteriormente, los carros israelíes retrocedieron hacia su base de retaguardia. La patrulla regresó sin más incidencias a la Base “Miguel de Cervantes”, en Marjayún, para informar de lo sucedido.

La propia UNIFIL precisó en un comunicado que, mientras los “cascos azules” se retiraban por seguridad, fueron seguidos de forma continua por un láser procedente de los tanques, y añadió que la misión había informado previamente a las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) sobre sus actividades planificadas en la zona, conforme a la práctica habitual en áreas sensibles próximas a la Línea Azul. En paralelo, Israel sostuvo —en declaraciones recogidas por medios— que el fuego respondía a una acción contra “infraestructura terrorista” y que, tras una revisión inicial, no identificó fuerzas de la UNIFIL en el área, versión que contrasta con el parte de la misión de Naciones Unidas.

El Gobierno español elevó el tono diplomático. El Ministerio de Asuntos Exteriores condenó los continuos e inaceptables ataques israelíes contra posiciones de la FINUL y afirmó que el último episodio volvió a amenazar la integridad física del contingente español, reclamando a Israel el cumplimiento de sus obligaciones en derecho internacional y el respeto a los acuerdos vigentes. En el plano jurídico-operativo, la FINUL y el Estado Mayor recordaron que acciones hostiles contra fuerzas de paz suponen una vulneración grave del marco de seguridad sostenido por la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad, piedra angular del dispositivo que pretende contener la escalada entre Israel y Hizbulá en el sur del Líbano.

Lectura geoestratégica

Más allá del parte táctico, el incidente se inserta en una tendencia: Israel cuestiona crecientemente el valor operativo de la UNIFIL cuando esta documenta o limita movimientos en el terreno que le son beneficiosos. Esa fricción se combina con el hecho de que Estados Unidos es el principal respaldo político-militar de Israel en el ámbito internacional, lo que anula la capacidad de presión efectiva de terceros, incluida España, dentro de foros multilaterales.

A la vez, en el flanco sur europeo, se observa con atención la convergencia de cooperación militar entre Israel y Marruecos, reforzada en enero con la firma de un plan de trabajo militar bilateral para 2026 y acuerdos que profundizan la relación en seguridad e inteligencia tras la normalización iniciada en 2020 con mediación estadounidense. La injerencia estratégica es que, en un entorno de competencia por la influencia en el Mediterráneo occidental y el Atlántico cercano, el fortalecimiento del eje Washington–Tel Aviv–Rabat elimina los márgenes de maniobra españoles en expedientes sensibles (cooperación militar regional, control marítimo, presión migratoria y debates sobre el Sáhara Occidental), aun cuando estos dossiers no estén directamente conectados al episodio del Líbano, si lo están de forma indirecta. Algunos analistas sostienen que esta sería una de las plausibles explicaciones de la sumisión del gobierno español y de su cambio de postura en materias tan sensibles como el tema del Sáhara”.

En el terreno inmediato, el disparo cerca de una patrulla española eleva el riesgo operacional: no hubo víctimas, pero el margen fue reducido y el uso de fuego de cañón —sumado al seguimiento láser descrito por UNIFIL— refuerza la percepción de intimidación o advertencia en una zona donde el mandato depende de la cooperación mínima de las partes para evitar malentendidos y escaladas.

España y sus caídos en la misión del Líbano

Los incidentes recientes en los que fuerzas israelíes han abierto fuego cerca de patrullas españolas de la ONU en el sur del Líbano no constituyen una anomalía ni un hecho aislado. La historia del despliegue español en la Fuerza Interina de Naciones Unidas (UNIFIL) está atravesada por episodios letales que demuestran que, en esta misión, la línea entre la paz y la guerra ha sido siempre extremadamente delgada.

Desde que España asumió un papel relevante en UNIFIL tras la guerra de 2006, sus tropas han operado en una zona de confrontación activa, donde Israel, Hizbulá y otras milicias mantienen un equilibrio frágil sostenido por disuasión y no por pacificación. En ese contexto, los cascos azules españoles no han sido simples observadores, sino testigos y, en ocasiones, víctimas directas de la violencia armada.

El cabo Soria: un español muerto en fuego cruzado

El caso más conocido ocurrió el 28 de enero de 2015, cuando el cabo Francisco Javier Soria Toledo, de 36 años y natural de Málaga, murió mientras cumplía servicio como Pacificador en el sur del Líbano. El militar español resultó herido de gravedad durante un intercambio de disparos entre el Ejército israelí y milicias libanesas en una zona fronteriza, y falleció posteriormente a consecuencia de esas heridas.

Su muerte provocó una ola de conmoción en España y fue objeto de condenas y mensajes de solidaridad internacionales, pero nunca se tradujo en una atribución clara de responsabilidades ni en consecuencias políticas o jurídicas contra ninguna de las partes implicadas. El episodio dejó una huella profunda en las Fuerzas Armadas españolas: un soldado de una misión de paz había muerto atrapado en una guerra que oficialmente no existía.

El atentado de 2007: seis españoles asesinados

Aún más devastador fue el atentado del 24 de junio de 2007, cuando un coche bomba atacó un vehículo blindado (BMR) de un convoy español de cascos azules de la Brigada Paracaidista, también desplegado bajo mandato de la ONU en el sur del Líbano. El ataque acabó con la vida de seis militares españoles:

Jonathan Galea García.

Juan Carlos Villora Díaz.

Yeison Castaño Abadía.

Jeferson Vargas Moya.

Manuel. Portas Ruiz.

Jhon Edison Posada Valencia.

Quedando heridos de gravedad:

Juan Paz Soler.

Enrique Vázquez Matey.

Aquel atentado, perpetrado en un momento en que UNIFIL trataba de estabilizar la región tras la guerra entre Israel y Hizbulá de 2006, supuso uno de los golpes más duros sufridos por el Ejército español en el exterior desde los Balcanes. Los seis soldados fueron despedidos en funerales de Estado y su muerte consolidó la percepción de que la misión en Líbano no era ni segura ni meramente simbólica.

Un precio humano sostenido en el tiempo

Estos dos episodios no son excepciones. De acuerdo con datos de la propia ONU, al menos 13 cascos azules españoles han fallecido en el marco de UNIFIL hasta 2018, ya sea por ataques directos, atentados o incidentes relacionados con la inestabilidad crónica del sur libanés.

España ha sido, durante dos décadas, uno de los pilares militares de la misión, con unos 700 efectivos desplegados en el sector oriental del dispositivo. Esa presencia ha permitido a la ONU crear la ilusión de sostener una arquitectura de contención en una de las fronteras más volátiles de Oriente Próximo, pero ha tenido un coste humano constante.

Cada vez que tanques israelíes disparan cerca de una patrulla española o que una posición de UNIFIL es alcanzada, no se trata de un simple incidente técnico. Es la reactivación de una memoria dolorosa: la de un país que ya ha pagado con vidas su compromiso con una paz inexistente, en un territorio donde los cascos azules no están protegidos por la neutralidad, sino expuestos al fuego de actores armados que rara vez rinden cuentas.

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