Belén Casas
(España) Vicepresidenta del Ateneo Iberófono Juan Latino. Licenciada en Diseño Digital y máster en Creatividad Publicitaria. Diplomada en Estrategia, Geopolítica y Seguridad Internacional en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Ha cursado estudios de Comunicación Audiovisual, así como formación en escritura creativa. Su trayectoria combina creación visual y comunicación estratégica. Mantiene una sólida conciencia iberófona, reforzada por sus vínculos familiares con México. Actualmente se encarga de la gestión de redes sociales del periódico La Iberofonía.
La reciente publicación de millones de documentos desclasificados del caso Jeffrey Epstein por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos ha vuelto a poner el foco no solo en la red de abusos sexuales del financiero, sino también en sus vínculos políticos internacionales. Entre ellos, destaca de forma especialmente significativa su relación con el ex primer ministro de Israel, Ehud Barak, una amistad documentada por la propia prensa israelí.
El diario Haaretz reveló que los correos electrónicos hechos públicos la semana pasada confirman una relación estrecha y sostenida entre Epstein y Barak, en línea con investigaciones previas publicadas por Drop Site News. Según estos informes, ambos colaboraron durante años para facilitar negocios privados y explorar acuerdos políticos y de seguridad en nombre del Estado de Israel con distintos actores internacionales.
Tras la detención de Epstein, Barak reconoció haberlo visto “al menos diez veces”, aunque negó cualquier conocimiento de actividades criminales y afirmó no haberlo visto nunca acompañado de mujeres o menores. Sin embargo, entre las acusaciones más graves que rodean esta relación figura la de Virginia Giuffre, una de las víctimas más conocidas de Epstein, quien presentó documentos judiciales en los que alegó haber sido violada por Barak cuando era menor de edad, así como con el abogado Alan Dershowitz, designado defensor de Israel en la Corte Internacional de La Haya y acusado de pederastia.
La relevancia de estos vínculos no se limita al escándalo personal. La aparición reiterada de Israel en el entorno del caso Epstein conecta con un fenómeno más amplio y menos abordado: las investigaciones que señalan que Israel continúa funcionando, en la actualidad, como un destino de escape para abusadores sexuales, incluidos pedófilos acusados o condenados en otros países.
No se trata de una acusación ideológica ni de episodios aislados, sino de un patrón documentado por investigaciones periodísticas internacionales, ONG especializadas, informes oficiales israelíes y registros judiciales. Desde hace más de dos décadas, decenas de agresores sexuales —principalmente procedentes de Estados Unidos, Australia y Europa— huyen a Israel antes de ser detenidos, se instalan allí durante años y, en muchos casos, vuelven a abusar.
El mecanismo central es la Ley del Retorno, que permite obtener ciudadanía sin un sistema riguroso de verificación de antecedentes penales internacionales. Esto genera un agujero negro judicial que los agresores conocen y utilizan.
Un patrón documentado por CBS News y ONG internacionales
Una investigación de CBS News asegura que numerosos pedófilos estadounidenses han escapado a Israel para evadir la justicia. Casos como el de Jimmy Julius Karow, acusado de violar a una niña de 9 años en Oregón, muestran cómo los agresores logran permanecer décadas en libertad, incluso con alertas activas de INTERPOL.
Karow huyó a Israel en el año 2000, se movió durante casi veinte años entre distintas comunidades y continuó abusando de menores. Aunque fue condenado en Israel por un caso distinto, quedó en libertad y volvió a ser denunciado por nuevas víctimas. Su detención no se produce gracias al Estado, sino tras una larga vigilancia de laONG Jewish Community Watch (JCW).
Otro caso es el de Tomás Zerón, exfuncionario mexicano implicado en la desaparición de 43 estudiantes, huido a Jaffa/Tel Aviv y con escasas perspectivas de extradición.
JCW documenta que más de 60 pedófilos han huido a Israel desde 2014, aunque advierte que la cifra real es muy superior debido a la falta de recursos para identificarlos.
Comunidades que encubren, trasladan y silencian
Según JCW, el encubrimiento comienza en los países de origen. Comunidades religiosas —especialmente ultraortodoxas— protegen al agresor, desacreditan a las víctimas y, cuando el escándalo amenaza con judicializarse, facilitan su huida.
Rabinos y líderes comunitarios reconocen públicamente haber ayudado sin saberlo —o sin querer saber— a personas que luego resultaron ser abusadores reincidentes. El patrón se repite: incredulidad, silencio, traslado del agresor a otra comunidad y repetición del abuso.
Las víctimas, al ver este sistema de protección, no denuncian.
Israel: cifras oficiales que confirman la magnitud
Los propios datos israelíes revelan una situación alarmante:
- Según la Association of Rape Crisis Centers in Israel (ARCCI):
- 36 % de las denuncias por delitos sexuales son por incesto
- En delitos contra menores, el 70 % involucra incesto
- 59 % de las denuncias afectan a menores de 18 años
- 28 % a niños menores de 12
- 81 % de las denuncias se archivan sin acusación
- En informes del Knesset:
- Casi 5.000 de 8.508 casos reportados involucran menores
- En la policía israelí:
- 87 % de las denuncias contra agentes se cierran sin cargos
- 91 % de las denuncias contra policías se archivan
Expertos en trauma infantil y terapeutas comunitarios afirman que el abuso sexual organizado es mucho más frecuente de lo que se reconoce, especialmente en entornos religiosos cerrados.
Asentamientos y refugio prolongado
Investigaciones de The Times of Israel y The Jewish Independent señalan que asentamientos ilegales y comunidades ultraortodoxas albergan durante años a personas acusadas de delitos sexuales.
Casos muy mediáticos como la judía australiana Malka Leifer, acusada de abusar de más de 70 niñas en Australia, muestran cómo Israel retrasó durante años su extradición, pese a las pruebas y solicitudes internacionales. Altos cargos políticos fueron acusados de interferir para protegerla.
Rabinos, líderes y figuras públicas implicadas
Lejos de tratarse de individuos marginales, múltiples casos involucran a:
- Rabinos condenados o acusados de violación, sodomía y abuso infantil
- Líderes de organizaciones “de rescate”
- Autores infantiles y figuras públicas veneradas
- Policías y funcionarios protegidos institucionalmente
Según las fuentes citadas, numerosos testimonios describen abusos ritualizados, uso de versículos religiosos para justificar violaciones y ceremonias organizadas de agresión sexual contra niñas.
Impunidad estructural, no fallos aislados
ONG israelíes como Matzof estiman que decenas de miles de pedófilos operan en territorio israelí, con alrededor de 100.000 víctimas anuales. Algunos Jueces han llegado a justificar absoluciones alegando que una condena “perjudicaría la carrera” del acusado.
Para Matfoz, los delitos sexuales no solo no se persiguen con firmeza: se normalizan, se archivan y se silencian.
Un problema que sigue ocurriendo hoy
Este no es un relato del pasado.
No es una acumulación de casos antiguos.
Es una realidad vigente.
Israel continúa siendo un destino funcional para agresores sexuales que huyen de otros países. La combinación de fallos legales, protección comunitaria, pasividad policial y cierre sistemático de causas crea un entorno donde el abuso no solo ocurre, sino que se perpetúa.
Mientras no se rompa este entramado, la huida seguirá siendo una estrategia eficaz para los criminales sexuales.


