el caso Deepak Chopra: del mindfulness a los Epstein Files

Los documentos desclasificados revelan que Deepak Chopra mantuvo contacto regular con Jeffrey Epstein años después de que el financiero pedófilo fuera condenado

Los documentos desclasificados por el Departamento de Justicia de EE. UU. revelan que Deepak Chopra mantuvo contacto regular con Jeffrey Epstein entre 2016 y 2019, años después de que el financiero fuera condenado por delitos sexuales contra menores.

Belén Casas Belén Casas

(España) Vicepresidenta del Ateneo Iberófono Juan Latino. Licenciada en Diseño Digital y máster en Creatividad Publicitaria. Diplomada en Estrategia, Geopolítica y Seguridad Internacional en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Ha cursado estudios de Comunicación Audiovisual, así como formación en escritura creativa. Su trayectoria combina creación visual y comunicación estratégica. Mantiene una sólida conciencia iberófona, reforzada por sus vínculos familiares con México. Actualmente se encarga de la gestión de redes sociales del periódico La Iberofonía.

Durante décadas, Deepak Chopra ha sido uno de los rostros más reconocibles del bienestar global. Autor de más de 90 libros, conferencista y empresario del mindfulness, su discurso promete trascender lo material para alcanzar una conciencia superior.
Sin embargo, la liberación de más de tres millones de páginas de documentos del Departamento de Justicia de EE. UU. sobre Jeffrey Epstein ha arrojado una luz incómoda sobre esa imagen.

Correos, encuentros y un tono que incomoda

Los archivos revelan que Chopra mantuvo contacto regular con Epstein entre 2016 y 2019, muchos años después de que el financiero se declarara culpable (2008) por solicitar prostitución a una menor. Los intercambios incluyen peticiones de consejo financiero, conexiones sociales y encuentros nocturnos descritos por el propio Chopra como “divertidos”.

Uno de los mensajes más citados, fechado en marzo de 2017, condensa la contradicción:

“Dios es un constructo. Las chicas guapas son reales.”

En febrero de ese mismo año, Chopra invitó a Epstein a viajar a Israel, sugiriendo incluso usar un nombre falso y pidiéndole explícitamente que “trajera a sus chicas”. El tono —más que la legalidad— es lo que hoy genera alarma.

Dinners, élites y normalización

Los documentos muestran que Epstein utilizó su relación con Chopra para organizar cenas que mezclaban celebridades y poder político, incluyendo al cineasta Woody Allen y a un entonces alto funcionario de la ONU. No hay imputaciones penales contra Chopra en los archivos, pero la cercanía sostenida y el lenguaje empleado plantean preguntas éticas de fondo.

La respuesta de Chopra

Ante la difusión, Chopra publicó un comunicado lamentando el “mal juicio en el tono” de algunos correos, negó cualquier conducta criminal y expresó solidaridad con las víctimas. Afirmó que su contacto fue limitado y no relacionado con abusos. El mensaje, fijado en sus redes, suma cientos de miles de visualizaciones.

El problema no es solo un nombre

Aquí es donde el análisis trasciende a Chopra. Como advierte la psiquiatra Dra. Carmen Amezcua en su columna sobre “sectas suaves y falsos gurús”, vivimos una crisis espiritual: ansiedad, vacío y desconfianza institucional empujan a millones hacia figuras carismáticas del wellness. En ese contexto, la autoridad espiritual se convierte en poder —y el poder, sin límites claros, en riesgo.

Las sectas suaves del siglo XXI no necesitan ranchos aislados: operan en redes, con estética aspiracional y promesas de transformación. Los focos rojos se repiten: aislamiento, control del lenguaje (“dudar es ego”), dependencia, y —en los peores casos— sexualización justificada como sanación.

Discernimiento y responsabilidad

No se trata de imputar delitos sin pruebas, sino de examinar las zonas grises donde la influencia masiva se cruza con relaciones de poder problemáticas. La pregunta central no es si necesitamos guías, sino cómo reconocer a quienes ejercen con ética y cómo fortalecer el discernimiento para no entregar la vulnerabilidad a quien no sabe —o no quiere— cuidarla.

No existe acusación penal contra Chopra, pero los correos muestran una relación cercana y sostenida con un pederasta condenado, normalizada dentro de círculos de poder, celebridades y diplomacia internacional.

Este caso reabre un debate mayor:
¿qué ocurre cuando la autoridad espiritual, el dinero y la impunidad se cruzan en un mundo herido que busca sentido?

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