Jaime Díez
(España) Pasó su infancia en Barcelona y se trasladó a Madrid con su familia, donde terminó sus estudios. Hispano. Miembro de las Vanguardias Iberófonas, maestro de obras, en continua formación en economía, materialismo político y análisis geopolítico.
Y digo yo: ¿Qué tendrá que ver el kodokushi y el Cenozoico? Dices bien pero, querido lector, empieza por imaginar un pequeño apartamento en las afueras de Tokio. La televisión sigue encendida, emitiendo un programa que nadie mira ya. Sobre la mesa, un plato con restos de comida fosilizada. En el futón, un cuerpo que lleva mucho tiempo allí descomponiéndose. Nadie llamó a la puerta. Nadie extrañó la ausencia de Takako en el trabajo o en su familia. Solo el olor, filtrándose por las rendijas, alertó finalmente a un vecino que paseaba a su perro por el extraño comportamiento de éste. La escena, dolorosamente repetida, es el kodokushi: la muerte solitaria. No es solo un cadáver encontrado exageradamente tarde; es el testimonio de una sociedad que ha logrado alargar la vida, pero como se alarga la de los animales encerrados en un zoo.
El término japonés kodokushi evoca una soledad profunda, casi existencial. Surgió en las décadas de 1970-1980 y hoy representa mucho más que un hecho médico: es el espejo de un mundo donde las familias han quedado en ruinas como reliquias del pasado; las comunidades se han diluido y millones de personas envejecen sin una mano que las sostenga. Este fenómeno se entrelaza íntimamente con dos crisis paralelas: la caída abrupta del índice de natalidad y la insuficiente construcción de viviendas públicas adaptadas a una demografía cambiante. Menos nacimientos significan menos hijos que cuiden a sus padres; menos viviendas asequibles y familiares perpetúan el aislamiento en hogares unipersonales tipo zulo o gua.
Japón: Donde la soledad se convierte en estadística
En el año fiscal 2025, la Agencia Nacional de Policía de Japón registró 76.941 muertes solitarias. Más del 76% de las víctimas tenían 65 años o más. Miles de cuerpos permanecieron sin descubrir durante semanas o incluso meses. En la primera mitad de 2024 ya se superaban los 37.000 casos. Estas cifras no son frías: detrás hay vidas como la de un anciano cuya renta se seguía cobrando automáticamente hasta que se agotaron los ahorros y solo quedó un esqueleto. O la de jóvenes como los 742 tokiotas de entre 10 y 39 años que murieron solos entre 2018 y 2020.
La tasa de fertilidad japonesa, alrededor de 1.23 hijos por mujer, es uno de los principales motores de esta tragedia. Con casi el 30% de la población mayor de 65 años, el país enfrenta un envejecimiento sin precedentes. Los hogares unipersonales alcanzan el 38%. La falta de construcción de viviendas adecuadas agrava el problema: el modelo “scrap-and-build” prioriza la renovación rápida, pero no siempre crea espacios accesibles para ancianos solos o familias pequeñas que podrían haber crecido. Los altos costos en las ciudades obligan a muchos a vivir en diminutos apartamentos, lejos de redes de apoyo. Como cuenta una exprofesora de 29 años que cayó en el autoabandono: “Pensé que no debía ser una carga”, limitando incluso el contacto con sus padres.
Corea del Sur: Godoksa, la soledad de la generación del esfuerzo
En Corea del Sur, el equivalente godoksa registró 3.661 casos en 2023, en aumento constante. Aquí el perfil es más joven: muchos hombres de mediana edad (50-60 años), solteros, que trabajaron incansablemente en una sociedad de alta presión y que, al perder el empleo o la salud, se desvanecen sin que nadie los busque. Limpiadores de escenas traumáticas relatan historias desgarradoras: una joven que se suicidó rodeada de ropita de bebé que nadie reclamó, o un obrero de 64 años que murió de una enfermedad hepática tras perder su trabajo.
La fertilidad más baja del mundo (alrededor de 0.7-0.75) y un envejecimiento vertiginoso explican mucho. Los hogares unipersonales superan el 40%. La crisis habitacional, con precios prohibitivos en Seúl, disuade la formación de familias y empuja a vivir solos en condiciones precarias. La urbanización extrema rompió los lazos tradicionales, dejando a una generación “hikikomori” extendida en la soledad adulta.
China: La herencia fantasmal de la política del hijo único
China no publica cifras oficiales de “muertes solitarias” pero el problema se cierne sobre el país. La política del hijo único (1979-2015) redujo la fertilidad a cerca de 1.0 y dejó al menos un millón de familias que perdieron a su único hijo. Estos padres, ahora en la vejez, enfrentan la “4-2-1”: un hijo que debía sostener a dos padres y cuatro abuelos. Cuando ese hijo falta o migra a las ciudades, quedan las gallinas y el vacío. Se habla de decenas de millones de hogares unipersonales entre ancianos rurales o urbanos marginados.
La burbuja inmobiliaria dejó bloques vacíos en algunas regiones, pero escasez y falta de adaptación en otras. Ancianos que creyeron el slogan “solo un hijo y el Estado cuidará de ti” descubren ahora la amarga realidad. Como contó una madre de 53 años: “Si nos hubieran permitido tener más hijos, no estaría tan sola”. El envejecimiento acelerado (más de 200 millones mayores de 60) augura un aumento exponencial de tipo kodokushi en las próximas décadas.
Estados Unidos: La soledad invisible en la tierra de las oportunidades y de las mentiras de Hollywood
En EEUU los cuerpos no reclamados —estimados en decenas de miles al año— cuentan una historia similar. La fertilidad ronda el 1.6, por debajo del nivel de reemplazo. Los hogares unipersonales cerca del 28%. La crisis de vivienda es crónica: faltan de 4 a 7 millones de unidades, precios altos y construcción rezagada. Los jóvenes estadounidenses (antaño padres adolescentes) retrasan la familia a los 30 o 40 incluso más tarde; los ancianos pasan sus últimos años en suburbios o en ciudades caras, ignorando completamente la necesidad de emanciparse de los jóvenes. La soledad crónica afecta a la mitad de los adultos y eleva el riesgo de muerte prematura tanto como fumar 15 cigarrillos diarios. Las noticias de personas mayores encontradas semanas después en sus apartamentos reflejan un individualismo que, sin redes sólidas, se vuelve letal.
Europa: Bienestar que mitiga, pero no elimina
En Suecia, con una fertilidad alrededor de 1.6-1.7 y casi 40% de hogares unipersonales, el fuerte estado de bienestar (cuidados a domicilio) reduce los descubrimientos tardíos. Aun así, el aislamiento aumenta la mortalidad cardiovascular. La construcción prefabricada ayuda a bajar el precio de las viviendas de calidad para los más jóvenes, pero el envejecimiento presiona para cambiar la sociedad en un sentido más familiar.
En Suiza, con esperanza de vida alta y fertilidad ~1.4, se combina prosperidad con costos habitacionales elevados que limitan enormemente la existencia de familias numerosas. La alta productividad combinada con un sistema sanitario robusto amortiguan el efecto sobre todo en el campo. Pero la soledad urbana existe.
En España, tenemos una fertilidad ~1.2 y un 27% de hogares unipersonales. La despoblación rural deja ancianos solos en pueblos vacíos; casos en Galicia de cuerpos encontrados tras semanas son comunes. La crisis de 2008 frenó la construcción, y los altos precios en ciudades disuaden la natalidad. La familia hispana de tradición católica aún ofrece algo de colchón, pero tiene un límite que ya ha alcanzado.
Baja natalidad, falta de construcción de nuevas viviendas de calidad ante un parque inmobiliario en estado de semirruina…y soledad
Existe una correlación clara. Países con fertilidad por debajo de 1.5 (Japón, Corea, China, España) ven cómo la pirámide poblacional se invierte lo que dicho en cristiano se reduce el porcentaje de gente joven. Está claro que un alto porcentaje de las nuevas generaciones prefieren cuidar a cinco perros antes que a un niño o a su anciana madre. Diversas proyecciones para Japón hablan de 11 millones de ancianos viviendo solos hacia 2050. La falta de viviendas, a precios asequibles y de calidad, cierra el círculo: Los jóvenes no pueden formar familias estables, y los ancianos fallecen sin cuidados. Mientras las tiendas de mascotas son cada vez más grandes y los chuchos lucen lustrosos. En Corea del Sur y Japón, el modelo habitacional prioriza la eficiencia sobre las relaciones familiares y todo se reduce a amistades interesadas. En EEUU y España, la escasez post-burbuja inmobiliaria del 2008 perpetúa el ciclo. Suecia, con mejor planificación, oculta parcialmente el daño sin llegar a mitigarlo.
Esta tríada —baja natalidad, falta de viviendas de calidad, mascotismo e individualismo— genera costos humanos inmensos: salud mental deteriorada, baja calidad de vida, pobreza y mortalidad prematura.
Riqueza medida en el grado de compañía familiar
El kodokushi no es inevitable. Japón ha impulsado visitas comunitarias, sensores y campañas “sin muertes solitarias” en barrios como Tokiwadaira. Corea del Norte invierte en detección temprana. En los países del continente europeo se suele apostar por un estado de bienestar, característico de la socialdemocracia, que aparta el papel intrafamiliar ante el invierno demográfico que avanza como una sombra. China y EEUU necesitan políticas habitacionales masivas y pro-natalidad valientes: Eliminar los subsidios a las oenegés para destinarlos a subsidios reales, educación generosa, y diseños urbanos multigeneracionales.
Pero las soluciones técnicas no bastan por sí solas sin un robustecimiento de la familia como núcleo de la soberanía nacional. Necesitamos recuperar el valor de la interdependencia abuelos-padres-hijos conviviendo en la misma vivienda. Construir no solo más casas, sino hogares grandes donde quepa la vida compartida como necesitamos. Invertir en comunidades que recuerden que nadie debería morir sin la mano de un hijo y un nieto.
En el fondo, el kodokushi nos pregunta: ¿Por qué hemos permitido que nos construyesen una sociedad individualista y feminista, donde lo importante es cualquier memez menos abordar la relación capital/trabajo, donde la familia es destruida en pos de una longevidad medida en años jugando al solitario rodeado de mascotas y cervezas? ¿Revertir la baja natalidad? Para qué. ¿Abordar la crisis de vivienda y favorecer la proliferación de familias numerosas? No, eso es de machirulos. ¿Tener una política económica y demográfica? No, eso es estalinista. ¿Elaborar planes para el beneficio de la nación? No, que eliminan nuestra libertad.
Compatriotas, que no nos sigan tomando el pelo con cantos de sirenas mientras los políticos no hacen absolutamente nada ante la mayor extinción que vieron las eras. Esta vez no nos vamos a conformar.


