Jesús D.Castillo
(México) Es escritor, obrero y empresario, además de militante de Vanguardia Mexicana. Es licenciado en Ingeniería Aeroespacial y autor de textos dedicados a la militancia de las Vanguardias Iberófonas Socialistas. Columnista en La República, donde aborda temas de política y filosofía desde una perspectiva socialista. Participa en talleres de lectura y debates filosófico-políticos, colaborando con figuras como Santiago Armesilla. Utiliza plataformas digitales para difundir ideas socialistas y fomentar el debate político.
Para la mayoría de los mexicanos, sean estos fanáticos o no de fútbol, odien a la selección, le tengan rencor, odio, amor o pasión. Sea el mexicano boxeador, ingeniero, albañil o maestro. Sea lo que sea. Todos por más que lo nieguen, muy dentro de su corazón, de su instinto animal deportivo, y su pasión de fuego que les arde en el interior, les gustaría y explotarían de euforia si es que la selección mexicana ganará el mundial. No ha habido durante tantos años, aunque sea una mínima chispa de esperanza en todo México que no termina de morir por más pesimistas que nos podamos sentir.
Y ahí ha va mi justificación fundamental del porqué yo como patriota, como amante del fútbol y como espectador le gustaría que su país estuviera en la cima futbolística, considera que México no debería ganar el mundial.
Hoy 2026, se celebra la vigésima tercera versión del torneo, La Copa Mundial de la FIFA, mejor conocido como el Mundial. En esta ocasión se celebrará la Copa en Norteamérica, es decir, Canadá, EE. UU. y México. Vaya interesante situación –aquella frase que detrás de todo acto futbolístico lleva detrás un acto político–, ya hablaremos de esta curiosa situación. En estos 96 años de la primera versión a la fecha, se ha interrumpido en dos ocasiones, una en 1942 y otra en 1946, por cuestiones que ya todos sabemos, la segunda Guerra Mundial.
Para la siguiente versión del mundial, que vendría siendo el aniversario cien de la Copa, pretende ser épico y conmemorativo, recordemos que la primera versión se realizó en Uruguay en 1930, siendo precisamente campeón Uruguay. Y que dicha versión del centenario se pretende celebrar en el cono sur de Suramérica, específicamente Uruguay, Paraguay y Argentina como anfitriones inaugurales, y como anfitriones principales a España, Portugal y Marruecos –otra serie de acciones políticas muy concretas que pronto discutiremos–.
Al analizar la coyuntura actual sobretodo respecto al mundial, y los alcances de la Iberofonía, reflexione y me pregunte cómo sería un mundial donde nuestros países no se enfrenten entre sí, sino que vayan a mundial como una unidad política —la selección iberófona—, incluyendo; brasileños, angoleños, mexicanos, colombianos, argentinos, españoles, portugueses, ecuatorianos y demás. Una selección de 26 jugadores iberófonos a lo largo y ancho de un territorio heterogéneo y homogeneizado políticamente de una población de más 860 millones de iberófonos. ¡Imagina el talento que habría!
Evidentemente —y como me gusta llamarlo—, esto es política ficción, personalmente trabajo incansablemente para que esto se pueda lograr algún día, obviamente parte de mi labor en este periódico es hacer que eso sea posible. Pero entonces, ¿nunca te has preguntado que civilización en todo el planeta es la dominante en el fútbol? ¿Sabías que el fútbol es un deporte inventado por ingleses? ¿Cuántas copas del mundo ha ganado Inglaterra, o la civilización anglosajona?
Respondiendo a las preguntas: la civilización anglosajona –conformada por los cinco ojos; Reino Unido, EE. UU., Australia, Nueva Zelanda y Canadá– ha ganado sólo una Copa Del Mundo de la FIFA, es decir, el deporte imperial por excelencia de la Inglaterra solo ha ganado una Copa de las 22 versiones que se han jugado de este. Con un porcentaje de 4.54% de campeonatos. Sí lo ponemos en el espectro de las plataformas continentales y lo ampliamos al de los mayores enemigos de la Iberofonía, que vendrían siendo, el mundo anglosajón como bien sabemos, pero también tanto Alemania, como Francia, ¿cuánta habrán ganado?
Contando tendríamos, de todos los enemigos de la Iberofonía, una suma de campeonatos de siete, con Alemania (4), Francia (2), e Inglaterra (1). De un total de 22 copas, los mayores enemigos de la Iberofonía han ganado solo siete campeonatos, un 31.82% de todas las versiones, poco menos de una tercera parte de los torneos. [aquí no incluí a Italia, ya que Italia ha sido un Estado muy poco amenazante respecto a la Iberofonía, y sus efectos han sido residuales o mínimos. Y como sabrás la provincia de Sicilia fue la más próspera durante una época en la dinastía de los Austrias. Así que hay mucha influencia hispano católica en el sur de Italia.]
Ahora hagamos en recuento respecto a la Iberofonía; para empezar tenemos el mayor múltiple campeón de la historia, Brasil (5), Argentina (3), Uruguay (2) y España (1), así que la iberofonía con una porcentaje exacto de 50%, cuenta con once victorias en la copa del mundo, algo que me enorgullece. Somos la civilización ganadora indiscutible –un orgullo que todos nosotros deberíamos sentir, independientemente de tu pasión desenfrenada o la adversidad futbolística que puedas sentir por argentina o brasil, o demás–. El otro porcentaje restante es de Italia ¡Vaya! Es digno de admirarse un país tan pequeño siendo cuatro veces campeón por si solo. Con el porcentaje restante del 18.18% de las Copas.
Veredicto final; el deporte imperial anglosajón ha sido indiscutiblemente adoptado por sus enemigos históricos hispano-lusos católicos, o sea, nosotros, y lo mejor de todo es que lo hemos mejorado con el Joga Bonito, el estilo merengue o el Tiki-Taka, y hemos sido los mayores ganadores de la historia.
Como pequeño paréntesis, ¿quién ha sido el mayor campeón de la UEFA Champions League en la historia? Así es amigo. Has dado en el clavo, el sabor merengue, el Real Madrid. Interesante, ¿no?
¿Y que con la cuestión política? Es evidente que detrás de todo acto futbolístico, hay un acto político. Que el mundial en esta ocasión se celebre en la mal llamada Norteamérica –porque Norteamérica es meramente un espacio geográfico en el mundo, y para nada representa a un espacio político–, tiene la intención muy concreta de conseguir una unidad narrativa conjunta de una supuesta identidad política, pero que solamente es en realidad identitaria basada y enfocada económicamente en el T-MEC. Es lo que siempre han querido los estadounidenses, planes y programas panamericanos, actos panamericanistas, en los que México voltee a ver a Washington y no ninguna otra parte jamás. Y mucho menos al sur.
¿Y respecto al tema del próximo mundial? ¿Por qué Portugal, España y Marruecos? ¿Y Argentina, Uruguay y Paraguay? La respuesta es muy sencilla, por intereses muy concretos, y esto tiene que ver precisamente con la reflexión del porque no quiero que México no gane el mundial, y con lo que les explique del panamericanismo. La FIFA responde a actos políticos específicos, y como decimos –el que paga, manda–, y quien paga es precisamente empresas, inversionistas y sobre todo el Estado estadounidense, ya sea directa o indirectamente. ¿Qué planes políticos tiene EE. UU.? Para Norteamérica ya lo dijimos, pero, ¿para otras latitudes? Pues más o menos lo mismo, controlar patios traseros, frontales o laterales “uniendo” regiones con una supuesta identidad homogénea regionalizada y con un mentando Nearshoring. Y muy concretamente una cosa muy específica, jamás de los jamás, nunca, nunca, nunca permitir un acercamiento Iberófono de gran calado. Que España voltee a ver a Marruecos aunque sean enemigos políticos históricos, que Argentina se conforme con un acercamiento a Uruguay –que en realidad el Uruguay es la Argentina del este–, y no aspire un acercamiento al Brasil, a todo el cono Sur ni al África Iberófona, y por supuesto, que México se conforme con ver a Washington como la mayor bendición del mundo aceptando con patatas la Doctrina Monroe, el Destino Manifiesto, el Panamericanismo y el T-MEC.
Después de toda la reflexión, reconociéndonos como los mayores ganadores de la historia, viendo las intenciones políticas, ahora si va lo agridulce del escrito, y porqué no me gustaría que México ganara un mundial.
Y te llamará la atención, ¿cómo que es que un articulista mexicano no quiere que México gane el mundial si parece ser un patriota? Bueno; primero, si soy un patriota, amo demasiado a mi país; segunda, aunque creo que los mexicanos tienen la capacidad de ganar un mundial defiendo que no sea así; y tercero, y finalmente, no quiero que México gane un mundial porque me parece muy poco para nosotros.
Me explico.
Ya dije que somos los mayores ganadores de la historia del fútbol, como civilización así es, tanto en mundiales, en Champions League y teniendo las mejores ligas nacionales del mundo en Brasil, México, España y Argentina, son de la crema y nata mundial.
Yo no deseo ser –y aunque me enorgullece que si sea– el mayor ganador en tanto como civilización del mundo. Para ser sincero yo busco y trabajaré no para ganar un torneo organizado, orquestado y manipulado por nuestros enemigos. No deseo que la FIFA ponga sus reglas y no podamos gritar lo que nos venga en gana lo que queramos –ya sabes el -¡ehh puto!–, que tengamos que acatar lo que ellos impongan. Sino todo lo contrario…
Que nosotros en tanto mexicanos y de forma ampliada como civilización iberófona tengamos el Poder de organizar un torneo de ese calibre, mejor, y a nuestra manera. Que nosotros seamos lo que tengamos el poder imperial de organizar un Mundial de una calidad de fútbol nunca antes vista. Que con un desarrollo político, económico, social y cultural hagamos torneos de fútbol jamás vistos en la historia. Que niños y jovenes tengan una oportunidad real de convertirse en verdaderos futbolistas de talla mundial.
Porque si hoy un iberófono sobresale es porque de una manera casi milagrosa sobresalió entre todos nuestros problemas de todo tipo en nuestros países. Ahora imagina con una unidad política de calado imperial iberófona, con niños y jóvenes talentosos lo que podríamos lograr. Un lugar donde algo tan básico como que nuestros niños tengan una alimentación digna.
Por eso querido amigo-amiga, NO quiero que México gane el mundial…
Quiero que lo organice.


