Rusia intensifica los ataques contra la industria militar ucraniana tras Starobelsk

Moscú afirma que golpeó fábricas, centros de reclutamiento y aeródromos en varias regiones ucranianas


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Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

Las Fuerzas Armadas de Rusia lanzaron un ataque masivo contra instalaciones del complejo industrial de defensa de Ucrania, aeródromos militares e infraestructuras utilizadas por el Ejército ucraniano, según informó este martes el Ministerio de Defensa ruso. Moscú presentó la operación como una respuesta al ataque de Kiev contra Starobelsk, en la región de Lugansk, un episodio que Rusia ha descrito como un atentado contra población civil.

De acuerdo con la versión difundida por el Ministerio de Defensa ruso, las fuerzas rusas emplearon armas de alta precisión de largo alcance, lanzadas desde plataformas aéreas, terrestres y navales, además de drones de ataque. El comunicado sostiene que los objetivos fijados fueron alcanzados y que la operación se dirigió contra instalaciones vinculadas a la fabricación, reparación, almacenamiento y empleo de material militar ucraniano.

El punto central del ataque habría sido Kiev, donde Moscú afirma haber alcanzado diez empresas dedicadas a la producción de material militar, incluidos drones, así como tres centros territoriales de reclutamiento. La dimensión industrial de los objetivos señalados por Rusia confirma la importancia creciente de la guerra tecnológica y de los sistemas no tripulados en el conflicto, especialmente después de meses de ataques cruzados contra fábricas, depósitos, centros de mando, aeródromos y nodos logísticos.

El Ministerio de Defensa ruso también informó de ataques contra instalaciones militares en las regiones de Zaporozhie, Dnepropetrovsk, Járkov, Sumy, Jmelnitski y Poltava. A ello añadió impactos sobre infraestructura de seis aeródromos militares situados en las regiones de Cherkasy, Rovno, Zhitómir, Kirovograd, Jmelnitski y Kiev. Según Moscú, estos aeródromos formaban parte de la red utilizada por las fuerzas ucranianas para operaciones aéreas, despliegue de drones y apoyo logístico.

La ofensiva se produce después de que Rusia advirtiera de una fase de ataques sistemáticos contra objetivos militares e industriales en Ucrania tras lo ocurrido en Starobelsk. Para Moscú, el ataque contra esa localidad marcó una línea de escalada y justificó una respuesta directa contra la infraestructura militar ucraniana.

La lectura militar de la operación apunta a un doble objetivo. Por un lado, Rusia busca degradar la capacidad ucraniana de producir y emplear drones, uno de los instrumentos que más ha alterado la dinámica de la guerra. Por otro, trata de golpear aeródromos e infraestructuras de transporte y combustible que permiten sostener operaciones en profundidad. En una guerra cada vez más dependiente de sensores, sistemas no tripulados, defensa aérea y producción industrial acelerada, los ataques contra la retaguardia militar se han convertido en parte central del conflicto.

Ucrania informó, según medios internacionales, de una oleada de misiles y drones contra varias ciudades, con víctimas mortales y decenas de heridos. Las autoridades ucranianas afirmaron que Rusia lanzó centenares de drones y decenas de misiles durante la noche, mientras las defensas aéreas intentaron interceptar parte de la ofensiva. Como ocurre de forma recurrente en la guerra, ambas partes mantienen versiones contrapuestas sobre la naturaleza de los objetivos atacados y sobre el impacto real de las operaciones.

El episodio confirma una nueva intensificación de la guerra aérea y de largo alcance. Rusia presenta sus ataques como represalia y como acción contra la infraestructura militar ucraniana; Ucrania denuncia bombardeos que afectan a ciudades y población civil. Entre ambas narrativas, el conflicto avanza hacia una fase en la que la industria militar, los centros de reclutamiento, las bases aéreas, los drones y la infraestructura energética o de transporte se consolidan como objetivos decisivos.

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