Los incendios forestales arrasan España, otra vez

Un análisis sin concesiones sobre el abandono rural, la burocracia y la soberanía perdida


Nazaret Martín Calvo Nazaret Martín Calvo

(España) Es una ganadera del norte de Extremadura conocida por su labor de divulgación en redes sociales sobre los principales problemas que afectan a su sector. Comparte su día a día en el campo para visibilizar la realidad de la vida rural y desmitificar prejuicios sobre el mundo rural. Además de su labor ganadera, es graduada en Derecho y técnico superior en Administración y Finanzas, combinando sus estudios con su vocación por la vida rural.

Incendio de Los Gallardos (Almería, España): trece fallecidos, mil cuatrocientas personas evacuadas de sus hogares, más de cinco mil hectáreas arrasadas. Incendio de la Sierra de Tamajón (Guadalajara, España): treinta y cuatro pueblos evacuados, más de treinta mil hectáreas arrasadas. Incendio de La Vall d’Uixó (Castellón, España): más de ocho mil hectáreas arrasadas, más de quince mil personas evacuadas de sus viviendas. Más de una docena de incendios activos de forma simultánea en diferentes puntos geográficos del territorio español. Declarada la situación de “emergencia nacional” en los incendios de Madrid y Ávila.

Un verano más, el campo español es pasto de los incendios forestales, con más de ciento setenta mil hectáreas quemadas, un cantidad asombrosamente superior al año anterior, cuando fueron quemadas en trono a treinta mil hectáreas. Y una vez más, observamos la instrumentalización ideológica que, desde unas y otras esferas políticas, se hace de tales sucesos. Unos le echan la culpa al Gobierno, otros a los ecologistas y otros al cambio climático.

Lo cierto es que España es un país que está en un estado de abandono total y absoluto, sostenido a duras penas por sus ciudadanos, lo cuales se encuentran desamparados ante las desgracias que nos suceden: desde la Dana de Valencia, pasando por el accidente ferroviario de Adamuz, hasta los incendios forestales actuales.

Existe una contradicción interesante a la hora de dirimir posibles responsabilidades o, como mínimo, de intentar establecer el origen o las causas principales de los incendios. Porque todo es multicausal, y pocas veces unicausal. Y existe tal contradicción porque, por un lado, la gestión forestal en España es una obligación legal, impuesta fundamentalmente por la Ley de Montes y por la Ley de Patrimonio de las Administraciones Públicas y demás normativas de desarrollo correspondientes (sin contar el Plan Forestal Español 2022-2032 o los planes forestales autonómicos que derivan de la Ley de Montes y que son pura retórica); y, por otro, nos encontramos con una legislación comunitaria derivada de la Agenda 2030 que favorece la disminución de la gestión forestal en el propio medio forestal y también en el agrícola, como es la conocida Ley de Restauración de la Naturaleza o, sin ir más lejos, el Pacto Verde Europeo que pesa sobre la actual Política Agraria Común.

No es cierto que no se pueda limpiar el monte. Lo que sí es cierto es que existe tal despoblación en el medio rural, tal abandono del sector primario (fundamentalmente de la agricultura y de la ganadería extensivas), tal falta de recursos económicos y de medios humanos y materiales en las zonas rurales, tal burocracia, tantos tributos, tales sanciones y tantos permisos para realizar actuaciones en el medio forestal, que resulta absolutamente imposible llevar a cabo ningún tipo de gestión o de aprovechamiento material de los montes demaniales y patrimoniales (y en parcelas privadas) por parte de los particulares o los vecinos de municipios de zonas rurales.

Lo que sí es cierto es que no se gestiona, no que no pueda gestionarse la masa forestal. La pregunta en realidad es por qué no se gestionan los montes en España. La pregunta en realidad es por qué no se llevan a cabo actuaciones para erradicar las especies invasoras de arbolado no autóctono, muchas de ellas altamente inflamables, más allá del papel. La pregunta es por qué no se favorece el relevo generacional en las zonas rurales, más allá de tristes campañas de marketing. La pregunta realmente es por qué seguimos formando parte de una Unión Europea que legisla a distancia, cuyo cometido fundamental es el desmantelamiento del tejido productivo español y de su sector primario, el abandono de los montes, el vaciado de las zonas rurales y, en definitiva, la conversión del país en un resort turístico.

Mientras vivimos la destrucción de nuestro país a golpe de reglamento comunitario, la mayoría de los ciudadanos caen en la polarización impulsada por esferas de poder a las que interesa echarle la culpa a la “crisis climática”. Mientras España se reduce literalmente a cenizas y las tramas de corrupción nos rodean como buitres acechando un cadáver, los ciudadanos optan por la división, por el enfrentamiento, por ser los eternos hinchas de un partido político u otro a la vez que nuestro futuro está al servicio de intereses foráneos.

Existe un futuro para España y una salida de esta situación de abandono generalizado del país, pero pasan por el despertar del pueblo español de tendencias ideológicas europeístas: unas, progresistas liberales, y otras, liberales progresistas, pero todas ellas promovidas por Bruselas y controladas por Whashington. La libertad y progreso de España pasa por abandonar a nuestro verdugo, la Unión Europea, y por luchar por nuestra soberanía e independencia real y por el lugar donde siempre debimos estar: la Hispanidad.

Artículos