FÚTBOL, HISPANIDAD Y GEOPOLÍTICA. LA COPA DEL MUNDO DE 2026 Y EL IMPULSO DEL PROYECTO HISPANISTA (II)

Marrullerías y violencia tras el pitido final empañan el gran escaparate de la unidad hispánica


Francisco Oya Francisco Oya

(España) Profesor de Historia con 35 años de experiencia. Licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona y diplomado en Teología y Filología por la misma institución y por la Facultad de Teología de Cataluña. Preside la Asociación de Profesores por el Bilingüismo (APB), pionera en la defensa del derecho a la enseñanza en lengua materna. Ha sido coordinador de Enseñanza del sindicato CSIF en Barcelona y autor de diversos informes sobre manuales escolares de Historia en Cataluña. Colabora habitualmente con medios como ABC, El Mundo, The Objective, La Tribuna del País Vasco o El Catalán.

Marrullerías en la Gran Final

También en la final de 2026 ha existido ese tipo de marrullería por parte de algunos jugadores argentinos. Así, en el minuto 51 Paredes golpea a Rodri por detrás delante de las narices del árbitro. Cuando éste pita, empiezan a acudir hasta 6 jugadores argentinos. Dos de ellos empujan por detrás a Laporte. Paredes empuja a Dani Olmo, otra vez ante las narices del árbitro y lo hace caer. El rifirrafe se resuelve con una tarjeta amarilla para Paredes.

En la jugada del gol anulado a Nico Wiliams, Merino se mueve en el área recibiendo el marcaje de Otamendi. Merino, de espaldas, contacta con Otamendi y le pisa levemente, de modo involuntario, la punta de la bota izquierda en una acción bastante habitual. En ese momento, Otamendi se desploma teatralmente al suelo -como si le hubieran roto la tibia y el peroné por cuatro sitios distintos- y se duele de la tibia derecha, aunque la supuesta falta la sufrió en la punta del pie izquierdo, según muestra la imagen viral que circuló tras el partido. Nico recoge la pelota y marca, pero el gol es anulado por el árbitro, que señala la supuesta falta a Otamendi. Es evidente que se trató de una simulación por parte del jugador argentino, pero el árbitro picó y declinó, además, la posibilidad de consultar al VAR.

Otamendi doliéndose de la tibia derecha en el gol anulado a España

Enzo Fernández fue expulsado por una segunda tarjeta amarilla en el minuto 93 tras una entrada brutal a Cubarsí, que hubiera merecido roja directa. En ese momento, Nicolás Tagliafico se tira al suelo para simular una falta, a pesar de que el jugador español más próximo se encuentra a siete metros de distancia. Messi se dirige hacia el árbitro con la pretensión de confundirlo para que anule la tarjeta. Pero esta vez el árbitro no pica y Fernández tiene que abandonar el campo. No es la única ocasión en que Messi intenta engañar al árbitro. En ese mismo minuto 93, Cucurella habla con Messi y en un momento dado se lleva dos dedos a la boca. Messi se dirige entonces al árbitro para pedir la expulsión de Cucurella en base a la llamada “Ley Prestianni”. Enzo Fernández, que aún no ha abandonado el campo, también le sigue la corriente. A pesar de que era evidente que Cucurella no le había insultado, como determinó el VAR y confirmó la lectura de labios. Messi, pues, intenta dos trucos antideportivos consecutivos, mientras ocho jugadores argentinos se arremolinan alrededor del árbitro para presionarle.

En definitiva, Messi, un grande indiscutible de la Historia del fútbol, como capitán de la selección argentina no intentó reconducir la marrullería y posterior violencia de sus compañeros. Por el contrario, hizo todo lo posible por confundir al árbitro, actuando con escasa deportividad. Pero lo que resultó realmente lamentable fue el comportamiento violento de varios jugadores argentinos cuando el árbitro señala el final del partido. En ese momento, los jugadores españoles corren a celebrar la victoria. Pero Molina golpea a Rodri, sin venir a cuento, cuando éste pasa corriendo cerca de él. Rodri se gira y se acerca para pedirle explicaciones. Molina lo va desplazando con el cuerpo con actitud hostil, hasta que Rodri se lo quita de encima de un empujón. Eric García se interpone para defender a su capitán y Borja Iglesias aparece a continuación. Leandro Paredes, que ya había recibido una tarjeta amarilla por su comportamiento agresivo, acude corriendo a la escena y empuja violentamente a Eric García por la espalda, delante de las narices de un juez de línea que intentaba poner paz. Eric se levanta y acude también Gabi, que es sujetado por el argentino Almada. Paredes coge por el cuello a Eric García -al cual intenta calmar Scaloni a continuación- y después la toma con Gabi, al que derriba al suelo con la ayuda de otro jugador argentino.

Paredes, entre Scaloni y un juez de linea, estrangulando a Eric García

Dani Olmo y Nico se están abrazando ajenos a la tangana, hasta que de repente se dan cuenta de la situación. Dani Olmo se acerca y entonces se le pone delante el técnico de la selección argentina y exjugador Ratón Ayala, el cual golpea a Dani Olmo por dos veces en la cara.

Comentando estas repugnantes escenas, el exjugador y comentarista sueco Ibrahimovic mostró su extrañeza ante la inacción de los españoles, su pasividad y el no salir a defender a sus compañeros: “No sé qué hacen los jugadores españoles; simplemente miran cómo otro jugador golpea a un compañero”. Y añadió: “Paredes puede alegrarse de que no hubiera ningún jugador como yo en el campo. Si hubiera estado allí, le habría dado un cabezazo y me habrían expulsado. Es una falta de profesionalidad por su parte”. Conociendo el carácter de Ibrahimovic, que jugó en el Barcelona durante un año, pocas dudas caben de que se hubiera cumplido su pronóstico. Algo parecido afirmó el campeón mundial de 2010, Sergio Ramos.

De manera que se puede afirmar que, si la cosa no degeneró en una tangana generalizada, se debió a la prudencia -o sangre de horchata, según se mire- de los jugadores españoles. En cualquier caso, se trata del espectáculo más vergonzoso que se recuerda en la final de un mundial. Pero no se trata de generalizar, hay tres responsables con nombres y apellidos: Nahuel Molina, Leandro Paredes y Roberto Ratón Ayala. La FIFA ha abierto un expediente y cabe esperar una dura sanción a los citados. Para terminar con estas cuestiones, no puede dejar de recordarse el ordinario gesto de los jugadores argentinos –con la honrosa excepción del Flaco Lópezdando la espalda al equipo español en el momento en que levantaban la copa del mundo.

Desarrollando la agenda hispanista

Por el contrario, la imagen que han ofrecido los jugadores españoles y su seleccionador durante el torneo ha sido impecable. Además, tanto el seleccionador Luis de la Fuente como Rodri -mejor jugador del Mundial- y Ferran Torres -autor del gol de la victoria- han declarado abiertamente su fe católica. Lo cual resulta un tanto sorprendente si consideramos la hostilidad desarrollada por el actual Gobierno de España hacia la Iglesia Católica y su desprecio a las raíces católicas de la Nación española, algo que posiblemente resultará incomprensible en el extranjero. Pero el catolicismo, como ha explicado perfectamente Marcelo Gullo, es la fe fundante de España y, por extensión, de toda la Civilización Hispánica, con independencia de las creencias personales. Su fortalecimiento es un factor importante para poder aspirar a un proceso de reunificación hispánica.

No sólo han sido estos incidentes los que han impedido que la Copa del Mundo diera el máximo impulso a la agenda hispanista. Era una ocasión espléndida para que los jefes de Estado de los tres países con más peso en el mundo hispánico -México, Argentina y España- aparecieran juntos, ofreciendo una imagen con gran impacto mediático de fraternidad hispánica, unidad cultural, proyección internacional y diplomacia eficaz. Pero el presidente Milei ni siquiera apareció, con el peregrino argumento de no dar mala suerte a la selección argentina si rompía las rutinas establecidas desde el principio del Mundial. De nada sirvió, al final, tan poco racional precaución. Claudia Sheinbaum, por su parte, reveló que no tenía previsto acudir, hasta que una llamada de Donald Trump le hizo cambiar de opinión. Tuvo un lugar destacado en la ceremonia final y entregó el trofeo balón de oro a Rodri como mejor jugador del Mundial, lo cual provocó algunos memes en las redes sociales, que señalaban lo divertido del hecho de que la presidenta de México entregara el oro a los españoles como en los viejos tiempos del Virreinato de la Nueva España.

Rodri recibe de manos de Shenbaum el premio al mejor jugador del mundial ante la mirada de Trum

Todo ello prueba, por si había alguna duda, que no existe una agenda política hispanista hoy día entre la clase política de los principales estados hispánicos, una cuestión que sería imprescindible impulsar, si se aspira a crear un gran bloque geopolítico hispánico o iberófono. Parte de esa agenda tiene que ser el apoyo mutuo en la recuperación de territorios usurpados por potencias extranjeras, en este caso Malvinas y Gibraltar. En las redes sociales aparecieron llamadas a que los aficionados españoles y argentinos promovieran esta reclamación en la final del Campeonato del Mundo. Lamentablemente, esta idea no llegó a cuajar, tal vez por la falta de apoyo de los gobiernos español y argentino.

Mirando al futuro

Es seguro que habrá más enfrentamientos entre ambas selecciones. Sin duda, la FIFA organizará un partido de revancha dentro de un tiempo. Y no sería descabellado pensar en una repetición de la reciente final en el Mundial de 2030, que organizará España. Así que habrá más oportunidades de promover eficazmente la agenda hispanista en el futuro por medio del fútbol. Para ello es imprescindible que las distintas clases políticas de los estados hispánicos asuman dicha agenda como algo propio. Y si no lo hacen, deberán ser sustituidas a medio plazo.

También será necesario que los jugadores argentinos abandonen el estilo marrullero que tanto ha perjudicado a la imagen nacional de Argentina en este mundial. Así quedarán suprimidas las excusas para campañas difamatorias promovidas por medios anglosajones. Los jugadores de fútbol famosos son embajadores de sus países mucho más eficaces que los ministros del Gobierno Nacional o los miembros del Cuerpo Diplomático. Todo el mundo conoce a Messi o al Dibu Martínez, pero muy poca gente -fuera de Argentina- sabe el nombre de algún ministro argentino o del alcalde de Buenos Aires. Hay que hacer comprender a los futbolistas que entra dentro de sus funciones ofrecer una buena imagen de su país y no aparecer ante medio mundo como unos impresentables. No es tan difícil. Pues no estamos hablando de pobres chicos de arrabal, sino de millonarios que viven en casoplones con piscina, conducen cochazos espectaculares y no conocen lo que supone pasar dificultades económicas. Todo lo contrario que los aficionados que los idolatran, algunos de los cuales han llegado a endeudarse para seguir a la selección albiceleste en el Mundial. Pues las entradas para la fase de grupos para ver jugar a Argentina contra Jordania o Argelia han superado los 800 dólares, una cifra superior al salario promedio mensual en Argentina. Y ello sin contar con la reventa, en la cual los precios pueden subir hasta alturas siderales. La FIFA ha sido la causante de que los precios de las entradas se hayan disparado, en comparación con mundiales anteriores, por haber adoptado un modelo de fijación dinámica de precios: la demanda de un partido fija el precio a pagar. Lo cual ha convertido el Mundial en un negocio redondo para el órgano rector del fútbol internacional a costa de los hinchas más modestos. El precio de las entradas más baratas para la Final fue de 7.000 €. Mientras que las entradas de 50.000 euros entraban dentro del paquete de ‘hospitality’, que incluía diversos extras, como el servicio de comidas, además de un lugar privilegiado para disfrutar del partido. La FIFA puso en marcha un canal oficial para reventa en el que se llegaron a pedir 90.000 € por una entrada.

En cuanto al estilo marrullero de jugar al fútbol, muy probablemente tiene los días contados debido al VAR, que irá desarrollando posibilidades crecientes de controlar lo que hacen y dicen los jugadores sobre el terreno de juego impensables hace algunos años. Hoy día la Mano de Dios no subiría al marcador, sino que habría supuesto una tarjeta amarilla para Maradona. Por otra parte, la mala imagen ofrecida por la selección argentina posiblemente hará que los árbitros controlen de modo más estricto las acciones de sus jugadores en partidos internacionales durante el futuro inmediato. Las autoridades políticas y deportivas de Argentina deberían tomar cartas en el asunto y hacer cuanto esté en su mano para que se imponga el fair play. El poder blando del Estado argentino y su imagen internacional se fortalecerán. Si los italianos consiguieron erradicar un fútbol desagradable y lleno de artimañas y los ingleses lograron que la violencia de los hooligans pasara a la Historia, Argentina puede conseguir perfectamente ofrecer una imagen de deportividad en sus equipos de fútbol. Todos saldremos ganando y supondrá un avance importante en la agenda hispanista.

Artículos