Lo que el mundial nos muestra de los límites de la democracia en México

Entre remodelaciones de última hora y proyectos inconclusos, el Mundial de 2026 pone de manifiesto las limitaciones de un modelo político incapaz de planificar más allá de un sexenio


Semblanza José Luis Vázquez Gómez Semblanza José Luis Vázquez Gómez

(México) Psicólogo y militante activo de Vanguardia Mexicana desde 2023, siendo electo secretario general desde 2025. Ha participado en varios coloquios, seminarios y encuentros de política y filosofía en México, entre los que destacan: “Seminario de política en Latinoamérica” y los “Primeros encuentros de Materialismo filosófico de México”.

El 13 de junio de 2018, el 68.º Congreso de la FIFA se decantó por la candidatur conjunta a sede de Canadá-México-Estados Unidos para la XXIII edición de La copa mundial de fútbol programada a realizarse en el año 2026, con lo que México se convertiría en el primer país anfitrión de 3 copas mundiales y también le confirió una responsabilidad: desarrollar una infraestructura deportiva, vial, terrestre, aeroportuaria, turística, etc. capaz de acoger los partidos designados.

7 años 10 meses después se siguen haciendo obras a correprisa en las diversas sedes mundialistas, las cuales parecen estar mas enfocadas a dar una renovación estética a puntos turísticos clave con el fin de presentar una “cara amable” a los visitantes extranjeros, mas que realmente usar la oportunidad para realizar cambios de fondo que realmente contribuyan a mejorar significativamente las condiciones materiales de los habitantes de ella, en especial de la clase trabajadora que es la que de verdad “vive” en ciudades, salvo algunas honrosas excepciones, estando a poco mas de un mes de la inauguración es necesario mencionar la caótica situación que atraviesan las 3 sedes de México para la justa mundialista: Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México.

Más allá de las críticas que se han realizado a las autoridades por atar obras que se requerían urgentemente para mejorar las condiciones materiales de vida de los habitantes del área metropolitana a los requerimientos que pone un organismo internacional para realizar un evento que promete dejar una derrama económica importante, lo cierto es que en varias ocasiones un Estado puede aprovechar ciertos estímulos externos disminuir la carga inicial de un proyecto (o proyectos) de desarrollo nacional, así que esto no es precisamente una novedad, justamente en las anteriores contiendas mundialistas los anfitriones también iniciaron proyectos de desarrollo de infraestructura a raíz de ello (a raíz de tener un estadio sede se pudo completar la carretera de circunvalación en Ekaterinburgo que llevaba pausada desde 1994 para el mundial de Rusia 2018; famosamente para la red de metro de Doha se construyeron las 3 lineas actuales en tiempo récord, 6 años, para el mundial de Catar 2022).

Para el presente escrito me centraré en una, que de las 3 sedes es la que tendrá más encuentros, y carga el peso político de ser la capital del país, la Ciudad de México, pues tiene el área metropolitana más grande y con el mayor número de habitantes de todo el país, por ende tiene una serie de condiciones materiales retadoras para cualquier administración, aunque también esas mismas condiciones le dan ventajas innegables en comparación con otras poblaciones; todo esto explica que sea la ciudad con más obras realizadas.

A un mes antes de que inicie el torneo, la ciudad mexicana con mayor numero de partidos aun no termina las obras de remodelación de la linea 2 del metro, una de las más importantes y usadas del sistema en general y un elemento crucial para llegar al también renovado, a medias, Estadio Banorte (antes Azteca, que ahora tiene el nombre de un banco por razones comerciales de patrocinio), lo que muestra una planeación inconsistente, sino es que una falta de total de ella, peor aún es que las obras en la linea arrancaron apenas el 2 de Febrero de este año, y se prevé que estén terminadas para el mes de Junio, justa antes del inicio del mundial, sin embargo los trabajos se realizan sin cerrar la linea o tramos de ella, evidentemente en un periodo de 4 meses no es posible realizar trabajos de mantenimiento y modernización profundos en esta red de transporte público, por lo que los usuarios del metro, la clase trabajadora, ven afectados sus horarios de viaje, y su seguridad viéndose forzados a transitar por estaciones que están calidad de “obra negra” en algunos casos, por una simple táctica de relaciones públicas al querer presentar un sistema de transporte “moderno” a los turistas extranjeros, pero sin atender realmente los problemas estructurales.

También se renovó en ese tiempo la linea 1 del metro, el proceso fue largo y lleno de retrasos, comprensible en cierta forma tomando en cuenta que se trataba de una linea a la que no se le habían hecho trabajos en casi 40 años, aún así, cuando se reabrió completamente toda la linea el resultado fué más una remodelación estética en las estaciones y un cambio en el parque de convoyes, vistos de forma aislada no están mal, pero cuando se le suma el que la renovación tardó 3 años en realizarse y que no se ha visto una mejora substancial en el servicio que perciben los usuarios, pues se siguen experimentando retrasos en la llegada y transito lento de convoyes en la línea, esto solo agrava el hecho de que la línea es una arteria vital para el funcionamiento de la ciudad de México y su área metropolitana, atraviesa la ciudad de oriente (donde vive la mayoría de la población, sobre todo en municipios conurbados de Estado de México) a occidente (donde se encuentran la mayoría de oficinas y centros de trabajo no industriales), por lo que nuevamente la clase trabajadora tuvo que tragar con servicios parciales, traslados mas largos, horarios de servicio reducidos, etc. por años en nombre de una renovación que tiene mas de estética que funcional.

En casos menores, por un lado tenemos el tren “Felipe Ángeles”, que es un ramal de la única línea de tren suburbano de la capital, y que conecta con el Aeropuerto internacional del mismo nombre, se inauguró apenas el 26 de Abril de este año y aun tiene que afinar detalles, pues los tiempos de sus trayectos y la espera en sus estaciones son bastante largos, en parte porque aún están haciendo pruebas, es funcional por ahora pero realmente no se sabe si la red podrá soportar el incremento en el flujo de usuarios; por otro lado esta el caso del tren ligero, al sur de la ciudad, que en cierta manera funciona como una extensión de la ya mencionada linea 2, e igualmente crucial para llegar al Estadio Azteca, obviamente la renovación se centró en mejorar el flujo de personas que pueden llegar al estadio y mejorar la imagen de las estaciones de tren, de todas esta es la remodelación mas modesta pero se hizo a lo largo de 8 meses, por lo que nada sorprende que sea la mas efectiva hasta ahora y aunque no es noche y día si es una mejora perceptible en el servicio a los usuarios.

Lo que tenemos en frente es una realidad dura, el transporte colectivo en el área metropolitana de la Ciudad de México, lleve décadas saturado y las adiciones que típicamente se le hacen (metrobus, cablebus, trolebús, etc.) funcionan como parches que resuelven necesidades urgentes a corto plazo pero que generalmente se ven superados rápidamente y los mismos pasan a tener necesidades urgentes que deber ser “parchadas” en un ciclo un tanto predecible pero no menos caótico de adaptación pero no de planeación política, es decir la capacidad de establecer una trayectoria hace la que se desplaza la realidad y establecer planes y programas que respondan a necesidades actuales y allanen el camino para adaptarse a las futuras visibles.

Si bien hay planes nacionales (y algunos locales) de desarrollo que proyectan obrasincluso en décadas, estos tienen un problema de base, típico de la democracia liberal de mercado pletórico: el cortoplacismo, los proyectos a los que típicamente se les daprioridad son los que puedan dar réditos mientras dure la administración que lo inicio, pues empezar un proyecto que termine una administración diferente a la propia es darle esos réditos a otro, que además puede ser de otro partido, también el “sucesor” puede cancelar esos mismos programas, por mas avanzados que estén, por algunas diferencias, “ideológicas” o personales, en democracia, la realmente existente (liberal, capitalista y burguesa), planear mas allá de un sexenio no es rentable y por tanto casi nadie lo hace, los pocos casos donde sucede generalmente requieren una serie de condiciones especiales que rara vez se repiten de forma consecutiva.

Y esto no es un critica partidista, en el sentido coloquial, que busque achacarle todas las culpas a la actual administración por falta de capacidad o voluntad, es una crítica al funcionamiento en si del Estado mexicano, del sistema económico y de la estructura política del mismo: cualquiera que haya estado implicado en administración pública en México sabe que hay muchos factores contraproducentes a la implementación de planes y programas con escala temporal de décadas que sobrepasan el actuar de cualquier sujeto particular, he ahí el meollo, la realidad material de la política y modo de producción actuales impiden que este tipo planes a largo plazo sean la norma en vez de la excepción, y la situación actual con la infraestructura solo esta poniéndolo en la mira, vale la pena preguntarse entonces hacia que dirección debe virar el país para salir de esta situación de parálisis: ¿el pasado liberal/socialdemócrata panamericano? O ¿El potencial futuro socialista e iberófono?

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