España podría ser una potencia… si no se lo impidiera a sí misma

Entre el presentismo político y la falta de estrategia nacional, el país desaprovecha una posición clave en la industria, la ciencia y la geopolítica global


Adrián Sánchez Sallán Adrián Sánchez Sallán

(España) Editor en La Iberofonía, especialista en defensa y geopolítica. Combina su profesión como técnico en procesos industriales con sus estudios en el programa de Experto Universitario en Materialismo Político en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es portavoz del Ateneo Iberófono Juan Latino.

Atribuida a Otto von Bismarck —más allá de la certeza histórica de la cita— existe una frase que ilustra bien la paradoja española: “España es la nación más fuerte del mundo; lleva siglos intentando destruirse a sí misma y todavía no lo ha logrado”. Más que una sentencia histórica, es una metáfora precisa de nuestra realidad actual en 2026.

Mientras las élites políticas se sumergen en un presentismo suicida, pidiendo perdón por hechos de hace cinco siglos —como el reciente gesto servil de Felipe VI hacia los pueblos indígenas—, se consolida un relato que erosiona el espíritu nacional y presenta a España como una nación atrasada, culpable por definición y dependiente de la validación externa. Este marco, reforzado por determinadas corrientes europeístas y discursos de decolonización, no solo revisa el pasado, sino que desarticula la continuidad histórica sobre la que se construye cualquier proyecto nacional.

Al interiorizar esa narrativa, España se percibe a sí misma como un país que debe justificarse constantemente, incapaz de reconocer sus propias capacidades y logros, y condenado a admirar de forma acrítica todo lo que proviene del exterior. Sin embargo, frente a ese discurso, la España real, la tecnológica e industrial, sigue demostrando que el músculo de la nación no se ha atrofiado, sino que ha sido anestesiado.

Soberanía industrial: Capacidad real en un entorno competitivo

Uno de los ejemplos más reveladores es el desarrollo del motor de pistones opuestos de INNengine. Esta tecnología española, que elimina el cigüeñal y reduce de forma significativa el peso y la fricción, ha despertado el interés de los grandes actores globales, especialmente en EE. UU. No se trata de una promesa, sino de una realidad: la empresa ha firmado acuerdos con Airbus Defence and Space para explorar su aplicación en plataformas aéreas no tripuladas.

Este tipo de innovación demuestra que España puede generar tecnología propia con impacto internacional. Sin embargo, este potencial no se traduce en una estrategia nacional clara. En el ámbito aeronáutico, España forma parte de una de las cadenas de valor más complejas del mundo, pero sigue estando subordinada a grandes consorcios internacionales por falta de voluntad política de liderazgo.

Canarias y el espacio: Oportunidad estratégica

El sector espacial ofrece otra muestra del potencial español. Canarias, por su ubicación geográfica, representa una oportunidad estratégica única para el desarrollo de actividades vinculadas al espacio y la vigilancia tecnológica.

Infraestructuras como la estación de seguimiento de Maspalomas o los proyectos vinculados a satélites de pequeño tamaño sitúan a España en una posición relevante. No obstante, esta ventaja convive con un entorno geopolítico complejo —con un Marruecos en expansión sobre aguas canarias— en el que la protección de los intereses estratégicos requiere una planificación mucho más definida de la que muestra Madrid.

El Estrecho: La geopolítica olvidada

A esta realidad se suma un factor geoestratégico de primer orden: la posición de España en el Estrecho de Gibraltar, uno de los principales corredores marítimos del planeta. Por este enclave transita una parte sustancial del comercio mundial y de las rutas energéticas entre el Atlántico y el Mediterráneo.

Sin embargo, la relevancia de esta posición no se ha traducido en una proyección estratégica acorde. Una España plenamente consciente de su capacidad logística y territorial en este punto crítico constituiría un actor de primer orden en la gestión de flujos comerciales y de seguridad marítima global.

Innovación sanitaria: Liderazgo silencioso

Donde el potencial español se hace más evidente es en el ámbito sanitario. El trabajo del Hospital Clínic de Barcelona en el desarrollo de terapias CAR-T ha marcado un hito en Europa.

España ha conseguido desarrollar tratamientos propios contra determinados tipos de cáncer dentro del sistema público, con costes diez veces inferiores a los de las grandes farmacéuticas. Esto demuestra que es posible generar tecnología de alto valor sin depender de actores privados internacionales que a menudo actúan como agentes extractivos.

Potencial y dirección: La cuestión pendiente

España dispone de talento e infraestructuras para desempeñar un papel relevante. El desafío no reside en la ausencia de capacidades, sino en su articulación. En un contexto global marcado por la competencia tecnológica y la soberanía energética, el aprovechamiento de estos recursos es la única vía de supervivencia.

Como se ha señalado en múltiples ocasiones en la literatura geopolítica una España fuerte es un problema por su posición geoestratégica. Tal vez por ello, más que un país débil, España ha sido históricamente una potencia contenida por agentes desestabilizadores internos y externos, como la influencia de determinados actores económicos y mediáticos, cuya capacidad de intervención en el debate público merece un análisis específico que abordaremos en próximos trabajo, o los lobbies como ACOM que con total impunidad insinúan desenlaces trágicos para aquellos periodistas o creadores de contenido que aun se atreven a defender la soberanía de su país mientras, ellos, se pliegan a intereses extranjeros, serviles y lacayos ávidos de ser reconocidos por terceros.

El gigante no está debilitado; simplemente sigue encadenado a sus propias indecisiones y a una clase política que prefiere vivir cómodamente y con el respaldo tanto financiero como ideológico de la UE a la ambición nacional. Las llaves de los grilletes están en el orgullo de nuestra tecnología y la defensa de nuestra soberanía.

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