Mónica Luar Nicoliello Ribeiro
(Uruguay) Profesora de Historia (1986-2024), egresada del Instituto de Profesores Artigas de Montevideo; investigadora y ensayista de temas históricos hispánicos. Magíster en Historia Iberoamericana (CSIC, Madrid, 2002) y doctora en Psicología (Honolulu, Hawái, 2012). Publicaciones: 300 artículos sobre temas históricos en páginas digitales y prensa impresa; un libro en coautoría bajo la dirección del Dr. José Pedro Barrán (El cónsul Thomas Samuel Hood y la independencia del Uruguay, Ediciones de la Universidad de la República, 1999) y un libro propio sobre tema original: La inteligencia emocional-histórica (Editorial Planeta, 2010).
Cuando se cumplen exactamente 200 años del Congreso de Panamá, un doblete sísmico que según estimaciones afectó a 6,8 millones de personas, parece haber unido a Iberoamérica en torno a Venezuela
Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, México, República Dominicana, Uruguay, países muy diferentes entre sí, colaboran para afrontar una crisis humanitaria que la ONU cifra en 50.000 desaparecidos y casi 7 millones de personas afectadas de una u otra manera, 2 millones en Caracas según informa La Jornada de México. Al día 27 de junio la cadena estadounidense CNN informa que hay 2.595 muertos y 11.000 heridos, y más de 300 edificios destruidos, pero estas cifras suben todos los días. Las donaciones pueden canalizarse a través de organizaciones humanitarias reconocidas como Cáritas y la Cruz Roja u organizaciones de la ONU como UNICEF, o los centros de acopio habilitados en las embajadas. Las personas afectadas necesitan refugios de emergencia (como carpas), agua, alimentos, medicamentos, ropa, y productos de higiene. La ventana de oro para salvar vidas es de 72 horas. Se necesitan más rescatistas.
El peor terremoto en la historia contemporánea de Venezuela
El lunes 22 de junio Venezuela se preparaba para celebrar los 200 años del Congreso Anfictiónico de Panamá, convocado por Simón Bolívar, que tuvo lugar entre ese día y el 15 de julio. Ya en vida de Bolívar se produjo un terremoto, el 26 de marzo de 1812 de una magnitud estimada de 7.7 en la escala de Richter, y entre 10.000 y 20.000 muertos. Este terremoto tuvo consecuencias políticas. Bolívar reaccionó exclamando: “¡Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca!”, pero el hecho es que el terremoto provocó una crisis que condujo a la caída de la Primera República.
El miércoles 24 de junio de 2026 hacia el final de la tarde se produjo, no un terremoto sino un doblete sísmico: un terremoto de 7,2 en la escala de Richter con epicentro a 21 km de Montalbán y 39 segundos después, un terremoto de 7,5, a 23 km de Yumare. Para entender lo que esto significa hay que saber que la escala de Richter es logarítmica: un aumento de 1 punto representa la liberación de 32 veces más energía. Por lo tanto, el segundo terremoto fue el doble de destructivo que el primero. Además, el epicentro del primero se sitúa a 20 km de profundidad, mientras que el segundo lo hizo a solo 10 km de la superficie, resultando más dañino. A esto se suma que ha habido réplicas los días siguientes. Por otro lado, el suelo en esa zona es de aluvión, eso quiere decir que puede llegar a licuarse por su porosidad en épocas de lluvias, como sucedió en el año 1999 cuando muchas edificaciones resultaron arrasadas. Esto sumado al hecho de que en la costa de Venezuela chocan varias placas tectónicas: la Sudamericana, del Caribe -que recibe la tensión de Norteamérica-, la Ecuatoriana, y la del Pacífico. Estas tensiones se acumulan y por otro lado está muy cerca Centroamérica, que forma parte del anillo de fuego del Pacífico. Hasta ahora, los peores terremotos que ha tenido Venezuela han sido, además del mencionado, el de 1900, de 7,7; de 1997, de 7,0; y de 7,3 de 2018. Los demás -que son frecuentes- han estado en el rango de 6,4-6,7.
Las vulnerabilidades que han producido los enfrentamientos entre Estados
La crisis humanitaria provocada por el terremoto ha tomado a Venezuela en un momento de debilidad política y financiera, con EE.UU. decidiendo si le otorga o no licencias para comerciar su petróleo y en que lo debe gastar, con una intervención militar directa el 3 de enero, y una política de bloqueos petroleros y financieros iniciada por Obama en 2015, entre otras medidas no respaldadas por la comunidad internacional, aunque fueron secundadas por Bruselas y los gobiernos hispanoamericanos alineados con Washington pero ampliamente rechazadas en Asia y África. Más allá de las dificultades, incapacidades o corrupciones del gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, estas “sanciones” -secundadas por muchos países hispanos- que nunca afectaron al régimen y sí a la población, hoy determinan la falta de insumos médicos y eléctricos para atender situaciones de emergencia; la dificultad para mover maquinaria pesada por falta de diluyentes, lo cual impide fabricar petróleo refinado; la debilidad de las edificaciones por falta de mantenimiento o de materiales de calidad, por más que en muchos casos no se respetaran los criterios de calidad exigidos desde 1967 para la construcción de edificios.
Debemos entender que nuestro mundo no es el mismo de principios del siglo XIX. No corresponde ni que un terremoto sea usado para hacer caer a un gobierno republicano como en 1812, ni bloquear a un pueblo hermano con ayuda de corsarios extranjeros, para hacer caer al virreinato del Perú, sometiendo por hambre a la población de Lima, como se hizo en 1820. Ya no se trata de si los regímenes republicanos reconocen a los virreinales y los virreinales a los republicanos, costo humano mediante.
La sociedad civil y las misiones internacionales se movilizan
Ante la falta de recursos y rescatistas es muy importante la cooperación internacional. En estos momentos la sociedad civil se está autogestionando y trabajando junto con los organismos de emergencia, llegan voluntarios, insumos, brigadas internacionales, camiones, motocicletas y excavadoras a las zonas más afectadas. Corresponde dejar de lado las diferencias, apoyar, seguir de cerca la situación.
Con información de CNN, El País, La Jornada y RT


