Adrián Sánchez Sallán
(España) Editor en La Iberofonía, especialista en defensa y geopolítica. Combina su profesión como técnico en procesos industriales con sus estudios en el programa de Experto Universitario en Materialismo Político en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es portavoz del Ateneo Iberófono Juan Latino.
Una red soberana de alcance internacional
En un mundo cada vez más fragmentado, ha surgido desde la histórica Villa de Santa Pola un movimiento que no solo busca recordar el pasado, sino diseñar el futuro. El Protocolo de Santa Pola, nacido en octubre de 2023, no es una institución jerárquica al uso, sino una respuesta orgánica de la sociedad civil para devolver a la Hispanidad su papel como bloque geocultural y político de primer orden.
La verdadera fuerza del Protocolo reside en su composición y su estructura. No estamos ante un foro exclusivo de entidades españolas; el Protocolo es una red viva que integra a más de cincuenta asociaciones, fundaciones e institutos de doce países diferentes.
Desde su origen, la vocación ha sido el abrazo transatlántico. En el Protocolo trabajan codo con codo entidades de España e Iberoamérica, creando una auténtica comunidad de intereses que abarca desde el Cono Sur hasta la Península Ibérica. Esta unión permite que el movimiento opere bajo el concepto de Symploké: un entrelazamiento de nodos donde cada asociación —ya esté en Madrid, Buenos Aires, Ciudad de México o Bogotá— mantiene su total soberanía e independencia, pero colabora en un flujo constante de transferencia de conocimiento.
Superando la transversalidad: El Hispanismo como punto de encuentro
Uno de los logros más disruptivos del Protocolo de Santa Pola es haber conseguido la superación de la transversalidad. En un tiempo de polarización extrema, este espacio ha logrado que el respeto mutuo sea el cemento que une a asociaciones de tres continentes y de espectros ideológicos aparentemente irreconciliables.
Desde el pensamiento católico tradicional hasta visiones sociales más vanguardistas, todos convergen en un principio superior: la defensa de la civilización hispánica. El Protocolo entiende que la Hispanidad trasciende las cuotas de “izquierda” o “derecha”. Al poner el foco en la lengua común, la historia veraz y la cooperación civil, el movimiento demuestra que el hispanismo es la herramienta definitiva para superar las brechas ideológicas en favor del bien común.
La Iberofonía: El bloque de los 800 millones
El horizonte del Protocolo no se detiene en las fronteras de lo hispano. Su mirada se extiende hacia la Iberofonía, ese inmenso espacio panibérico que incluye a las naciones de habla portuguesa. Al reconocer que el español y el portugués son las únicas dos grandes lenguas internacionales recíprocamente inteligibles, el Protocolo apuesta por la unión de un bloque que suma más de 800 millones de personas.
Este enfoque convierte al movimiento en una herramienta de geopolítica cultural de la sociedad civil. El objetivo es que las naciones hispanas y lusas dejen de ser consumidoras de narrativas ajenas para convertirse en productoras de prestigio propio.
De la idea a la obra: proyectos ya en marcha
Que nadie confunda esta arquitectura civil con un ejercicio de buenas intenciones sobre el papel. El Protocolo de Santa Pola ha ido decantando su discurso fundacional en iniciativas concretas y verificables.
Una de ellas es el proyecto Europa, dentro del cual se ha redactado el Tratado para el Buen Gobierno de las Naciones, un documento firmado en Santa Pola en enero de 2026 que recoge las ideas organizativas y de gestión del Protocolo para las naciones europeas, y que puede consultarse íntegramente en la web de la organización.
La otra, quizá la de recorrido más largo y tangible, nació de un comunicado. En diciembre de 2023, recién constituido el Protocolo, sus asociaciones firmantes emitieron el tercer comunicado del movimiento, dirigido al ministro de Educación, para denunciar el deficiente nivel de la asignatura de Historia en España. De aquel comunicado surgió un grupo de trabajo en el que entidades de varios países se comprometieron a hacer seguimiento de los libros de texto y comprobar cómo se enseñaba realmente la Historia en las aulas.
Meses después, Joaquín Egea, presidente de la Plataforma en Defensa de la Hispanidad de Sevilla, impulsó un encuentro nacional sobre educación que tuvo una acogida notable. Participaron, entre otras entidades, la Real Academia de la Historia, la Universidad CEU San Pablo, la Fundación Neox, representantes de editoriales y políticos comprometidos con la materia. El Protocolo de Santa Pola estuvo presente en aquella jornada.
A mediados de junio se celebraron en Sevilla las II Jornadas, en las que se sumaron nuevos actores a la iniciativa. En representación oficial del Protocolo de Santa Pola asistió Alberto Abascal, portavoz de la organización y presidente de Amigos de la Hispanidad. Junto a él participaron otras cuatro entidades del Protocolo invitadas al encuentro: Gloria Lago, de Hablamos Español; Francisco Oya, de Profesores por el Bilingüismo; Joaquín Egea, organizador del encuentro en representación de la Plataforma en Defensa de la Hispanidad; y Joaquín Robles, diputado de Vox en el Congreso e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno, también integrada en el Protocolo. A ellas se sumaron entidades ajenas al Protocolo como la Fundación Neox, Pie en Pared, Unidos por la Historia y la Universidad CEU San Pablo. En la sesión firmaron el manifiesto del II Encuentro Nacional, además de los ya mencionados, Alfonso Guerra, ex vicepresidente del Gobierno de España, y Augusto Zamora, ex embajador de Nicaragua en España. El documento reclama a la Real Academia de la Historia una propuesta curricular sobre los saberes básicos de Historia de España, nuevos mecanismos de evaluación y certificación para los libros de texto de Geografía e Historia, y la incorporación legislativa de las conclusiones de dicho informe en todo el territorio nacional. El manifiesto, firmado en Sevilla el 26 de febrero de 2026, permanece abierto a nuevas adhesiones para quien quiera sumarse a la denuncia del estado de la enseñanza de la Historia en España.

Junto a estos proyectos ya consolidados, el Protocolo mantiene también líneas de trabajo a futuro, como los proyectados Premios Internacionales de la Hispanidad, que buscan que nuestro mundo sea valorado bajo sus propios estándares de excelencia, rompiendo la dependencia cultural de los dictados anglosajones.
Cuando la voz civil llega hasta la FIFA
Uno de los episodios más recientes que ilustra la capacidad de incidencia del Protocolo fue el XV comunicado, dirigido el 14 de junio de 2026 al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, tras conocerse que el español quedaba excluido de las ruedas de prensa oficiales. La respuesta de las asociaciones firmantes tuvo una repercusión inmediata: en menos de 24 horas, la FIFA rectificó su decisión y permitió el uso del español en las comparecencias. El episodio se ha convertido en uno de los ejemplos más citados dentro del Protocolo para mostrar que la presión organizada desde la sociedad civil puede traducirse en resultados concretos y verificables.
Conclusión: Un destino compartido
El Protocolo de Santa Pola es, en última instancia, un acto de amor a una civilización compartida. Su labor de “reconocimiento” mutuo entre asociaciones de ambos lados del Atlántico busca generar un sentimiento de orgullo, inclusión y honestidad.
En un siglo donde las ideas mueven el mundo, el Protocolo ha sembrado la semilla de una reacción en cadena. La Hispanidad ya no es solo una herencia; gracias a esta red de asociaciones españolas e iberoamericanas, es hoy un bloque vivo y soberano que reclama, con voz propia, su lugar en la historia.


