Ceuta 2026: demostración de fuerza y presión calculada de Marruecos contra España

“Las mafias no tuvieron nada que ver”: dos exespías exiliados del régimen destapan la venganza calculada tras Ceuta


Adrián Sánchez Sallán Adrián Sánchez Sallán

(España) Editor en La Iberofonía, especialista en defensa y geopolítica. Combina su profesión como técnico en procesos industriales con sus estudios en el programa de Experto Universitario en Materialismo Político en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es portavoz del Ateneo Iberófono Juan Latino.

Cuando en julio de 2026 entre 70.000 y 80.000 personas cruzaron hacia Ceuta en apenas unos días, la explicación oficial que circuló de inmediato fue la de siempre: las mafias de trata de personas. Sin embargo, según reveló ECSaharaui recogiendo el testimonio de dos antiguos agentes de los servicios secretos marroquíes exiliados en países occidentales —citados originalmente por el diario El Confidencial—, las mafias no tuvieron papel alguno en la génesis de la operación. La tesis que sostienen ambos exagentes apunta directamente al aparato de seguridad del reino: la crisis fue una acción deliberada del régimen marroquí.

¿Por qué hablamos de una demostración de fuerza calculada?

Cinco elementos, más allá de la coincidencia temporal con la exposición de la DGST, apuntan a una operación con varios objetivos simultáneos, no a un simple arrebato:

1. El desencadenante identificable. La crisis no surge de la nada: comienza 48 horas después de que un consorcio de 14 medios coordinado por Forbidden Stories expusiera públicamente el funcionamiento interno de la DGST y su uso de Pegasus contra jefes de Estado, periodistas y activistas —una humillación de primer orden para un aparato cuya eficacia depende del secreto.

2. Un segundo frente de fricción: la ley de nacionalidad saharaui. En medio de esa misma ventana, el 23 de julio, la Comisión de Justicia del Congreso español aprobó el dictamen de la ley que reconoce la nacionalidad española a los saharauis nacidos bajo administración española, con hasta 130.000 beneficiarios potenciales. Para Rabat, que considera cualquier reconocimiento a los saharauis una amenaza directa a su relato sobre el Sáhara Occidental, el avance de esta ley —tres días antes de que la presión migratoria se disparara hacia el comunicado conjunto de Ceuta del 27 de julio— añade un segundo motivo de castigo a Pegasus.

3. La fecha simbólica. La entrada masiva del 30 de julio no fue un día cualquiera: es el aniversario exacto de la entronización de Mohamed VI, el 27º aniversario de su coronación el 30 de julio de 1999. Mientras decenas de miles de personas entraban en Ceuta, la Embajada de Marruecos en Madrid celebraba su recepción anual por la Fiesta del Trono, con la asistencia confirmada del ministro de Agricultura, Luis Planas, además de figuras como Felipe González, el juez Santiago Pedraz y el general Félix Sanz Roldán, mientras la ministra Elma Saiz y el titular de Interior, Grande-Marlaska, cancelaron su asistencia a última hora ante el estallido de la crisis.

4. El jefe del Estado, de vacaciones mientras el país arde. Mientras la frontera sur colapsaba y parte del Gobierno intentaba contener el daño de imagen, Felipe VI ni siquiera interrumpió sus vacaciones en Mallorca. El monarca se limitó a recibir en audiencia en el Palacio de Marivent al presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas, en un encuentro que llegó después de que ya circulara un vídeo suyo tomando una cerveza en la isla en plena crisis migratoria. Zarzuela ha “confirmado” que el Rey visitará la ciudad, pero SIN FECHA, un compromiso que se suma a los DOCE AÑOS que Felipe VI lleva en el trono sin haber pisado Ceuta ni Melilla desde su proclamación en 2014 —a diferencia de su padre, Juan Carlos I, que sí las visitó oficialmente en 2007—, según recoge El Plural.

Y aquí está el dato que debería preocupar más que cualquier otro: esa ausencia NO ES UNA DECISIÓN PERSONAL DEL MONARCA. Según fuentes consultadas por El Cierre Digital, amparadas en el artículo 64 de la Constitución —que exige el refrendo del Gobierno para cualquier acto oficial del Rey—, ES LA MONCLOA QUIEN NO HA AUTORIZADO EL VIAJE, precisamente para no irritar a Marruecos y no poner en riesgo la cooperación de Rabat en el control de la frontera. El precedente de 2007 lo confirma: cuando Juan Carlos I y la reina Sofía visitaron Ceuta y Melilla, MARRUECOS REACCIONÓ CON DUREZA ante lo que consideró una provocación a sus reivindicaciones territoriales.

El contraste resulta aún más incómodo si se recuerda que Felipe VI y Mohamed VI se conocen desde niños, herederos de la amistad personal que unió a sus padres, Juan Carlos I y Hassan II, y que durante décadas sirvió como válvula de escape para rebajar la tensión entre ambos países. Esa cercanía, sin embargo, se ha ido apagando desde 2021 —coincidiendo con el espionaje con Pegasus al propio presidente del Gobierno— y NO CONSTA QUE AMBOS MONARCAS HAYAN HABLADO durante la crisis de Ceuta de 2026.

5. El respaldo internacional que Marruecos buscaba capitalizar. La jugada no se entiende sin el contexto de la alianza que Rabat ha construido con Washington y Tel Aviv desde los Acuerdos de Abraham de 2020, mediante los cuales Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental e Israel hizo lo propio en 2023. Ese respaldo no es solo retórico: en marzo de 2026, Moncloa.com reveló que analistas vinculados al ala radical del Partido Republicano llegaron a sugerir “repetir la Marcha Verde” para anexionar Ceuta y Melilla a Marruecos, vinculando explícitamente esta presión al desenlace del contencioso del Sáhara Occidental. Dos meses después, Ceutaldía documentó la existencia de un documento presentado ante el Congreso de Estados Unidos que pedía mediar para que Ceuta y Melilla pasen a ser marroquíes, en línea con la tesis que manejan estos círculos de inteligencia: Marruecos usa la reclamación sobre ambas ciudades como “cajero automático” y herramienta de presión, no como un objetivo a corto plazo.

EE. UU. busca, en el fondo, que el control del Estrecho de Gibraltar no dependa de un único país, y ve en Marruecos un segundo “pasillo marítimo” que reduzca el peso exclusivo de España en ese punto de paso. Sin embargo, cuando llegó el momento decisivo de la crisis de Ceuta, ni Washington ni Tel Aviv respaldaron explícitamente la jugada de Rabat: ninguna administración estadounidense tiene interés en una crisis migratoria descontrolada en uno de los corredores marítimos más importantes del planeta. Eso no significa que el respaldo de fondo no exista, sino que opera a otro ritmo: Washington y Jerusalén distinguen entre cooperar con la monarquía alauí a largo plazo y respaldar un episodio puntual que amenace con desestabilizar el Mediterráneo occidental. El objetivo, por tanto, sigue apuntando hacia una resolución del contencioso favorable a los intereses de Rabat, Washington y Tel Aviv —solo que mediante una presión sostenida y calculada, no mediante estallidos como el vivido en julio de 2026, que Marruecos parece haber calculado mal esta vez.

Lo que la distingue de una operación exitosa es que, según ambas fuentes de ECSaharaui, se les fue de las manos: calcularon una presión limitada y acabaron con una crisis de dimensiones que ni siquiera el propio Mohamed VI había previsto, hasta el punto de mostrar su enfado con sus subordinados por el daño de imagen sufrido en plena Fiesta del Trono.

La cronología

Todo arrancó, según esta reconstrucción, tras la publicación entre el 16 y el 18 de julio de la investigación de Forbidden Stories que destapó el funcionamiento interno de la Dirección General de Supervisión del Territorio (DGST) y su uso del programa de espionaje Pegasus. Cuarenta y ocho horas después, el 20 de julio, comenzaron a llegar a Ceuta unos 150 nadadores diarios. La cifra fue creciendo hasta que, el 30 de julio, entre 70.000 y 80.000 personas entraron de golpe en la ciudad, coincidiendo con una progresiva retirada de la policía marroquí tanto en el Tarajal como en las playas de Castillejos y Belyounech.

Según la versión recogida por ECSaharaui, las instrucciones de inacción partieron de Abdellatif Hammouchi, máximo responsable de la policía y de la DGST, quien a su vez habría recibido indicaciones de Fouad Ali el Himma, principal consejero real.

Un patrón, no una excepción

Lo que convierte este episodio en algo más que un incidente aislado es que encaja con un mecanismo ya documentado. En una entrevista exclusiva publicada apenas unos días antes, ECSaharaui recogió el testimonio de un agente en activo de la propia DGST, quien afirma sin rodeos: “Es el Estado quien crea estas mafias de trata de personas.” Según su relato, Rabat facilita el movimiento de personas desde África subsahariana y las utiliza como medio de presión en las relaciones con España y Europa, gestionado por el mismo círculo de poder —Palacio Real, Ejército, Inteligencia civil y militar, Ministerio del Interior— que las fuentes de El Confidencial señalan como responsable de la crisis de Ceuta.

Como resume el propio agente entrevistado por ECSaharaui, Marruecos “es un régimen que tiene una mentalidad de pandillas cuando se trata de relaciones internacionales”.

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