La Iberofonía
Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.
Estados Unidos e Irán han vuelto a intercambiar ataques directos en una escalada que deja el alto el fuego prácticamente en suspenso y eleva el riesgo de una crisis militar de mayor alcance en el Golfo Pérsico. Washington confirmó una nueva oleada de bombardeos contra objetivos militares iraníes, mientras Teherán anunció represalias contra posiciones estadounidenses en Baréin, Kuwait y Jordania, además del cierre del Estrecho de Ormuz para la navegación.
El Comando Central de Estados Unidos informó de nuevos ataques contra múltiples objetivos en territorio iraní, presentados por Washington como operaciones de “autodefensa” tras el derribo de un helicóptero Apache estadounidense cerca del Estrecho de Ormuz. Según la versión estadounidense, los bombardeos alcanzaron sistemas de defensa antiaérea, centros de comunicaciones, capacidades de vigilancia e infraestructuras militares vinculadas a la respuesta iraní en el Golfo.
El presidente Donald Trump afirmó que Irán había “tardado demasiado” en negociar un acuerdo y advirtió de que los ataques continuarían si Teherán no aceptaba las condiciones planteadas por Washington. En declaraciones recogidas por medios estadounidenses, Trump sostuvo además que se habían empleado 49 misiles Tomahawk en la ofensiva y que Estados Unidos estaba dispuesto a mantener la presión militar mientras no hubiera avances diplomáticos.
Los ataques se concentraron principalmente en el sur de Irán, en zonas próximas a la costa del Golfo Pérsico. Diversos reportes situaron explosiones en áreas como Bandar Abbas, Sirik, Minab y Kargan, además de detonaciones registradas en torno a Karaj, al oeste de Teherán. Irán afirmó que sus sistemas de defensa aérea respondieron a la ofensiva y que aviones F-14 Tomcat y helicópteros participaron en las operaciones defensivas.
La respuesta iraní llegó poco después. La Guardia Revolucionaria y el Ejército iraní anunciaron ataques con misiles y drones contra objetivos estadounidenses en la región. Entre los blancos señalados por Teherán figuraron la base de la Quinta Flota estadounidense en Baréin, instalaciones militares en Kuwait y la base aérea Muwaffaq Salti, en Jordania, donde se encuentran desplegadas aeronaves estadounidenses. La Guardia Revolucionaria aseguró que los ataques alcanzaron hangares, radares y posiciones vinculadas a aviones de combate estadounidenses.
Jordania informó de la interceptación de misiles dirigidos hacia una zona donde se encuentra una base que acoge presencia militar estadounidense. Kuwait, por su parte, activó sus defensas aéreas y ordenó el cierre temporal de su espacio aéreo después de detectar amenazas entrantes. También se reportaron sirenas de alerta en territorio kuwaití durante la nueva fase de la crisis.
Uno de los movimientos más sensibles fue el anuncio iraní del cierre total del Estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que transita una parte sustancial del comercio energético mundial. La Guardia Revolucionaria advirtió de que ningún buque, incluidos petroleros y embarcaciones comerciales, podría cruzar la zona sin autorización iraní. Estados Unidos, sin embargo, negó que el tránsito comercial hubiera quedado interrumpido y sostuvo que los buques continuaban entrando y saliendo del estrecho.
El choque militar ha abierto también una guerra de versiones sobre el estado real de las negociaciones. Trump aseguró haber hablado con funcionarios iraníes que, según su versión, le habrían pedido detener los ataques. Teherán negó esa afirmación. Un alto funcionario iraní citado por medios estatales calificó de falsa la existencia de esos contactos y la Guardia Revolucionaria sostuvo que Washington intenta presentar la escalada como presión diplomática cuando, según Irán, se trata de una violación directa del alto el fuego.
La situación deja el acuerdo de cese de hostilidades en su momento más frágil desde su entrada en vigor. Washington insiste en que sus operaciones no equivalen a una guerra abierta y que la vía negociadora sigue disponible. Teherán, en cambio, acusa a Estados Unidos de romper en la práctica el alto el fuego y advierte de que responderá a cualquier nuevo ataque contra su territorio o sus intereses regionales.
La combinación de bombardeos sobre Irán, ataques contra bases estadounidenses, cierre anunciado de Ormuz y amenazas cruzadas coloca al Golfo Pérsico ante un escenario de máxima tensión. Cualquier impacto confirmado sobre una base estadounidense, un buque militar o una ruta petrolera podría acelerar una escalada regional con consecuencias directas sobre la seguridad energética, el comercio marítimo y el equilibrio militar en Oriente Próximo.


