Trump convierte las Malvinas en palanca para forzar más gasto militar británico

Estados Unidos estaría utilizando una controversia territorial hispanoamericana para disciplinar a uno de sus principales aliados europeos


Jaime Goig Jaime Goig

(España) Presidente del Ateneo Iberófono Juan Latino, político, comunicador y escritor con amplia experiencia en medios (Onda Cero, El País…). Ha sido director de comunicación en varias empresas españolas y ha desarrollado proyectos en sectores donde compiten marcas como Apple o Google. Su trayectoria combina información, narrativa y producción audiovisual. Actualmente estudia diversas disciplinas en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es editor en La Iberofonía.

Donald Trump ha colocado la cuestión de las islas Malvinas dentro de su política de presión sobre los aliados militares de Estados Unidos. El presidente estadounidense confirmó que su Administración está revisando su posición, aunque no anunció un reconocimiento de la soberanía argentina ni anticipó cuál podría ser el resultado del examen.

«Siempre reviso todas las posiciones. Esta es solo una entre muchas», respondió Trump el 31 de agosto al ser preguntado en el Despacho Oval. La declaración, recogida por Reuters, confirma que la cuestión está siendo considerada en Washington, pero no equivale todavía a una modificación diplomática.

Estados Unidos reconoce la administración británica de hecho sobre el archipiélago, pero formalmente no se pronuncia sobre la soberanía definitiva. El Departamento de Estado reiteró esa neutralidad en abril de 2026, después de que trascendiera un documento interno del Pentágono que planteaba revisar la posición estadounidense como medida de presión contra Londres.

Las Malvinas entran en el regateo de Washington con la OTAN

La posible revisión no surgió como resultado de una iniciativa diplomática argentina, sino dentro de un conjunto de represalias estudiadas contra países de la OTAN que, según Washington, no apoyaron suficientemente las operaciones militares estadounidenses contra Irán.

El Pentágono habría considerado cuestionar el respaldo político a la administración británica para obligar al Reino Unido a aumentar su gasto militar y asumir una mayor parte de las cargas de la Alianza Atlántica. Trump no confirmó expresamente esa relación, pero al ser preguntado por los compromisos británicos respondió que el Reino Unido «tiene algunos problemas, pero se resolverán».

Por tanto, la reivindicación argentina aparece inicialmente como una herramienta de negociación entre Washington y Londres, no como el resultado de una reconsideración histórica o jurídica de la ocupación británica. Estados Unidos estaría utilizando una controversia territorial hispanoamericana para disciplinar a uno de sus principales aliados europeos.

El Gobierno británico ha rechazado cualquier posibilidad de cambio. Londres sostiene que las islas continuarán siendo un territorio británico de ultramar de acuerdo con la voluntad de sus habitantes. En el referéndum organizado en 2013, el 99,8 % de los participantes votó a favor de conservar esa vinculación, con una participación del 92 %. Las Malvinas cuentan sólo con unos 3.500 habitantes civiles.

Argentina no reconoce aquella consulta porque considera que la población actual procede de la ocupación iniciada por el Reino Unido en 1833 y que, por tanto, no constituye un pueblo sometido a dominación colonial con derecho a decidir unilateralmente sobre el territorio ocupado. El conflicto enfrenta así dos principios: la autodeterminación invocada por Londres y la integridad territorial defendida por Buenos Aires.

La ONU reconoce la disputa, no una soberanía resuelta

El contraste con fuentes argentinas y no occidentales obliga a precisar otro punto. Las resoluciones de Naciones Unidas no han reconocido formalmente la soberanía argentina sobre las islas, pero sí la existencia de una disputa entre Argentina y el Reino Unido que debe resolverse mediante negociaciones bilaterales.

La Resolución 2065 de la Asamblea General, aprobada en 1965, incorporó la cuestión de las Malvinas al proceso de descolonización y pidió a ambos gobiernos que negociaran teniendo en cuenta los intereses de los habitantes. No empleó la fórmula británica basada exclusivamente en sus deseos.

En junio de 2026, el Comité Especial de Descolonización de la ONU volvió a aprobar por consenso una resolución solicitando la reanudación de las conversaciones sobre soberanía. Xinhua ha documentado la posición argentina y el valor jurídico y diplomático atribuido a la Resolución 2065. Sputnik destacó además que el respaldo dentro del Comité se mantiene pese a las diferencias políticas provocadas por el Gobierno de Javier Milei.

La causa argentina también ha recibido apoyos en la Organización de Estados Americanos, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, el Mercosur y el Grupo de los 77 más China. Sin embargo, estos pronunciamientos deben leerse con exactitud: en muchos casos respaldan la existencia de la disputa y la necesidad de negociar, sin representar necesariamente un reconocimiento individual de la soberanía argentina por cada Estado.

Milei obtiene una oportunidad, pero no una victoria

Javier Milei celebró las palabras de Trump como un acontecimiento relevante para la «causa más sagrada» de Argentina. La proximidad política entre ambos presidentes puede facilitar el acceso de Buenos Aires a la Casa Blanca, pero todavía no ha producido una decisión concreta.

La posición estadounidense resulta especialmente contradictoria por sus antecedentes. Washington había mantenido su neutralidad sobre la soberanía desde el siglo XIX. Durante la guerra de 1982 intentó inicialmente mediar, pero terminó proporcionando apoyo militar, logístico y de inteligencia al Reino Unido, según reconoce la propia documentación histórica del Departamento de Estado.

Un giro favorable a Argentina tendría valor diplomático porque debilitaría la cobertura internacional de Londres. No obstante, Estados Unidos no puede transferir la soberanía ni obligar por sí solo al Reino Unido a abandonar el archipiélago. El efecto real dependería de que Washington respaldase una negociación conforme a las resoluciones de la ONU.

Un enclave militar, pesquero, petrolero y antártico

La disputa tampoco se explica únicamente por la memoria de la guerra. Las islas proporcionan al Reino Unido una posición militar avanzada en el Atlántico Sur, acceso a importantes recursos pesqueros, proyección hacia la Antártida y control sobre áreas con potencial petrolero.

La propia Estrategia de Seguridad Nacional británica describe los territorios de ultramar como bases estratégicamente situadas y confirma el mantenimiento de la presencia militar en las Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Argentina también ha denunciado el proyecto petrolero Sea Lion, cuya explotación considera una actividad unilateral en aguas sometidas a disputa.

La declaración de Trump abre una oportunidad diplomática inédita, pero conviene no convertir una frase ambigua en una recuperación territorial imaginaria. Washington mantiene por ahora su neutralidad, Londres conserva el control efectivo y las Malvinas siguen militarizadas. La novedad es que Estados Unidos ha demostrado estar dispuesto a utilizar esa soberanía pendiente como moneda de cambio frente al Reino Unido. Para Argentina confirma que su principal reivindicación nacional continúa dependiendo de decisiones tomadas fuera de Hispanoamérica.

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