Rusia exige pruebas a Sánchez mientras las filtraciones de Jabaroot apuntan hacia Marruecos por la invasión de Ceuta

Moscú rechaza cualquier responsabilidad y exige a Moncloa pruebas concretas. Mientras Sánchez señala a Rusia e Israel, Jabaroot asegura disponer de documentos que apuntan a una operación marroquí y menciona a Estados Unidos e Israel como presuntos apoyos externos.


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Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

Rusia ha respondido con dureza a Pedro Sánchez después de que el presidente español señalara a redes vinculadas a Moscú e Israel por la desinformación que habría favorecido la entrada de más de 70.000 personas en Ceuta desde Marruecos.

La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, ha exigido a España hechos, cifras, fechas y nombres que permitan comprobar las acusaciones. “Sin hechos, sin materiales respaldados con cifras, fechas y nombres, simplemente no hay nada de qué hablar”, afirmó este martes.

Moscú reprocha además a Moncloa que no utilizara los canales diplomáticos existentes para trasladar sus sospechas antes de hacerlas públicas.

Sánchez, por su parte, no presentó durante su entrevista pruebas concretas de la participación rusa. El Financial Times señala igualmente que el presidente español acusó a redes rusas e israelíes de amplificar la desinformación sin aportar evidencias concretas, mientras que el Servicio Europeo de Acción Exterior sí habría detectado actividad rusa posterior al comienzo de los acontecimientos, pero no pruebas de que Moscú provocara la invasión.

Jabaroot apunta en otra dirección

Frente a las acusaciones de Moncloa, las filtraciones del colectivo hacker Jabaroot colocan el foco sobre el aparato de seguridad marroquí.

El grupo ha publicado datos de 70.381 presuntos integrantes de los servicios de inteligencia y seguridad de Marruecos y asegura disponer además de comunicaciones internas relacionadas con quienes habrían “orquestado” la entrada masiva en Ceuta.

Jabaroot afirma tener órdenes relacionadas con agentes desplazados a Fnideq —Castillejos—, frente a la ciudad española, y ha anunciado nuevas revelaciones sobre los responsables de la operación.

La documentación filtrada ya ha permitido identificar coincidencias con cinco miembros acreditados de la Embajada de Marruecos en Madrid, aunque su aparición en esos archivos no demuestra por sí sola su participación en los acontecimientos de Ceuta.

El colectivo señala además conexiones con Estados Unidos e Israel y encuadra la supuesta operación dentro de los intereses estratégicos de Marruecos en el Estrecho. La participación directa de Washington y Tel Aviv en la invasión de Ceuta, sin embargo, continúa siendo una acusación de Jabaroot pendiente de demostración independiente.

La paradoja geopolítica resulta evidente. Mientras Sánchez señala simultáneamente a Rusia e Israel, dos Estados enfrentados en cuestiones fundamentales de Oriente Próximo, las filtraciones sitúan el foco en el eje Rabat-Washington-Tel Aviv, cuya cooperación militar y estratégica sí está ampliamente documentada.

La Iberofonía ya analizó esta relación tras la invasión de julio en Ceuta 2026: demostración de fuerza y presión calculada de Marruecos contra España”, donde dos antiguos agentes marroquíes exiliados rechazaban que las mafias fueran el origen de la operación y señalaban el contexto estratégico construido por Rabat con Washington y Tel Aviv.

También hemos documentado cómo Estados Unidos y Marruecos están levantando un centro militar conjunto en Tan Tan, mientras Israel profundiza su cooperación militar con Rabat, y cómo un comité estadounidense llegó a utilizar este año una formulación que cuestionaba la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

Sánchez exculpa ahora a Marruecos y señala a Rusia sin presentar públicamente las pruebas que sostienen esa acusación. Jabaroot, mientras tanto, asegura disponer de documentación interna que ofrece una explicación completamente diferente.

La cuestión ya no es únicamente quién difundió mensajes en Internet, sino quién permitió que más de 70.000 personas atravesaran Marruecos y alcanzaran una ciudad española de apenas 19 km².

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