Puerto Rico investiga presiones en permisos y contratos federales

El FEI amplía una pesquisa que roza a La Fortaleza y al desarrollo económico


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Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

Puerto Rico atraviesa una nueva crisis política e institucional por una investigación sobre presuntas presiones en la Oficina de Gerencia de Permisos, conocida por sus siglas OGPe, una agencia clave para la economía de la isla porque autoriza permisos, licencias, consultas, certificaciones, construcción y trámites vinculados al uso de terrenos, apertura de negocios y proyectos de desarrollo.

El caso ha escalado hasta el Panel sobre el Fiscal Especial Independiente, conocido como PFEI o Panel del FEI, después de que su presidenta, la exjueza Ygrí Rivera Sánchez, afirmara que el expediente tiene méritos suficientes para ser investigado con objetividad, seriedad y sin temor. Esa frase no significa que haya culpables ni cargos presentados, sino que el asunto ha superado el umbral necesario para abrir una investigación formal sobre posibles actuaciones indebidas de funcionarios públicos.

Para entender la dimensión del caso conviene explicar qué es el FEI. En Puerto Rico, el Fiscal Especial Independiente es una figura creada para investigar posibles delitos o faltas graves cometidas por altos funcionarios del Gobierno, exfuncionarios, alcaldes, legisladores, jefes de agencia y otros cargos públicos. Su función es evitar que investigaciones políticamente sensibles queden bajo control directo del propio Gobierno investigado. El Panel del FEI, formado por jueces o exjueces, decide si procede nombrar fiscales especiales independientes y delimita qué deben investigar.

En este expediente, el Panel designó a las fiscales especiales independientes Fabiola Acarón Porrata-Doria e Ileana Agudo Calderón. Tendrán un plazo inicial de 90 días para examinar los hechos y determinar si procede presentar cargos. La investigación se centra inicialmente en Norberto Almodóvar Vélez, exsecretario auxiliar de la OGPe, y Charlene Neuman Rivera, exjefa de personal de esa oficina. Ambos aparecen señalados por presuntas actuaciones indebidas durante un proceso competitivo para contratar servicios profesionales.

La controversia nace dentro del Departamento de Desarrollo Económico y Comercio, conocido como DDEC, una de las estructuras más importantes del Gobierno puertorriqueño. El DDEC concentra áreas relacionadas con inversión, incentivos, permisos, desarrollo empresarial y política económica. La OGPe está adscrita a ese departamento, por lo que cualquier sospecha sobre sus procesos afecta directamente a la credibilidad de la política de desarrollo económico de Puerto Rico.

El origen inmediato del caso está en un proceso de contratación de servicios de publicidad con fondos federales. Según las denuncias divulgadas por medios puertorriqueños, el entonces secretario del DDEC, Sebastián Negrón Reichard, recibió alertas internas sobre supuestas presiones para favorecer a una empresa concreta dentro de ese procedimiento. Negrón afirma que ordenó una pesquisa interna, paralizó el proceso y refirió los hallazgos al Departamento de Justicia, a la Oficina de Ética Gubernamental y a la Oficina del Contralor.

Esas tres instituciones también requieren explicación. El Departamento de Justicia de Puerto Rico realiza investigaciones preliminares y, si entiende que puede haber causa suficiente, recomienda al Panel del FEI nombrar fiscales especiales. La Oficina de Ética Gubernamental examina posibles violaciones éticas de funcionarios públicos. La Oficina del Contralor fiscaliza el uso de fondos públicos y la corrección administrativa en agencias y municipios. En conjunto, son parte del sistema de control institucional de Puerto Rico frente a corrupción, uso indebido de fondos o intervención política en procesos públicos.

La situación se agravó cuando Sebastián Negrón Reichard presentó un escrito en el que pidió que se ampliara la investigación para incluir actuaciones atribuidas a Francisco Domenech, secretario de la Gobernación. En la estructura política puertorriqueña, ese cargo equivale a una especie de jefe operativo de La Fortaleza, nombre con el que se conoce la residencia oficial y sede del Ejecutivo de Puerto Rico. Por eso, cuando el caso alcanza a Domenech, deja de ser una disputa interna de una agencia y pasa a tocar el entorno directo de la gobernadora Jenniffer González Colón.

Domenech es uno de los funcionarios más influyentes de la actual administración. Además de su papel como secretario de la Gobernación, también ha ocupado funciones relevantes en la estructura fiscal del Gobierno. Negrón lo acusa de haber intervenido o presionado en asuntos relacionados con la investigación interna del DDEC, la continuidad de campañas publicitarias, nombramientos administrativos y decretos contributivos. Domenech niega los señalamientos y ha presentado, a su vez, querellas contra Negrón por presuntos actos de corrupción. El caso, por tanto, ya no se limita a una acusación unilateral, sino a un choque abierto entre altos funcionarios y exfuncionarios del Gobierno.

El punto jurídico relevante es que un ciudadano particular no puede, por sí solo, activar directamente una querella formal ante el Panel del FEI en todos los casos. Sin embargo, el escrito de Negrón fue incorporado como información complementaria dentro de un referido ya existente contra Almodóvar y Neuman. Esa distinción permite al Panel examinar los nuevos datos sin tratar necesariamente el escrito como una querella independiente. La presidenta Ygrí Rivera Sánchez ha explicado que el Panel evaluará todos los ángulos conforme a derecho.

El Departamento de Justicia ya había concluido preliminarmente que existía causa suficiente para investigar posibles conductas relacionadas con intervención indebida en operaciones gubernamentales, influencia indebida y posibles violaciones éticas. Esto tampoco equivale a una condena ni a una acusación formal, pero sí justifica que el asunto pase a manos de fiscales especiales independientes, fuera de la cadena ordinaria de mando del Ejecutivo.

La crisis también tiene una dimensión política. Negrón Reichard dejó el DDEC a finales de mayo, acompañado por la salida de más de diez funcionarios de alto nivel de esa agencia. Según su versión, la interferencia gubernamental y la falta de protección a empleados que denunciaron irregularidades hacían imposible seguir ejerciendo el cargo con autonomía e integridad. La gobernadora Jenniffer González Colón ha rechazado las acusaciones y ha defendido que existen controles estrictos sobre fondos públicos y federales.

El caso ha llamado incluso la atención del Congreso de Estados Unidos, donde legisladores han preguntado por las garantías de supervisión sobre fondos federales enviados a Puerto Rico. Ese elemento es relevante porque Puerto Rico, como Estado Libre Asociado bajo soberanía estadounidense, recibe y administra importantes fondos federales para reconstrucción, desarrollo, infraestructura, servicios y programas económicos. Cualquier sospecha sobre contratación con esos recursos puede escalar más allá de la política local.

El trasfondo es especialmente sensible para la Iberofonía porque Puerto Rico ocupa una posición singular: es una sociedad hispana del Caribe, con identidad cultural propia, ciudadanía estadounidense y una arquitectura institucional atravesada por Washington. Sus crisis políticas no se explican solo por la pugna entre partidos locales, sino por la combinación de administración territorial, fondos federales, élites políticas, reconstrucción económica y tensiones sobre soberanía efectiva.

La OGPe no es una oficina menor. Controla procesos que pueden acelerar o bloquear proyectos empresariales, urbanísticos, comerciales y de infraestructura. Por eso, una investigación sobre presiones en permisos y contratos toca directamente la confianza de inversores, ciudadanos, desarrolladores, empleados públicos y organismos fiscalizadores. Si los procesos de permisos se perciben como capturados por intereses políticos o empresariales, el daño institucional puede ser mayor que el contrato investigado.

De momento, no hay cargos criminales presentados contra los funcionarios mencionados. Lo que existe es una investigación abierta, con fiscales designadas, un expediente ampliado y una crisis política que ya afecta al núcleo del Gobierno de Puerto Rico. El resultado dependerá de lo que determinen las fiscales especiales independientes: si archivan, si recomiendan cargos o si amplían aún más el radio de la pesquisa.

El caso OGPe resume una tensión de fondo en Puerto Rico: cómo garantizar que los permisos, los contratos públicos, los fondos federales y los incentivos económicos se gestionen con reglas transparentes en un territorio donde la confianza institucional ha sido golpeada por crisis fiscales, apagones, reconstrucción incompleta, disputas partidistas y dependencia de fondos externos. La investigación del FEI no resolverá por sí sola ese problema estructural, pero puede marcar si el sistema de control público conserva capacidad real para investigar al poder cuando el expediente llega hasta La Fortaleza.

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