¿Puede repetirse una Marcha Verde sobre Ceuta? El nuevo valor estratégico del Estrecho de Gibraltar

La tensión en Ormuz y Suez coloca a España frente a la presión geopolítica de Marruecos y sus aliados internacionales


Adrián Sánchez Sallán Adrián Sánchez Sallán

(España) Editor en La Iberofonía, especialista en defensa y geopolítica. Combina su profesión como técnico en procesos industriales con sus estudios en el programa de Experto Universitario en Materialismo Político en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es portavoz del Ateneo Iberófono Juan Latino.

La geopolítica no entiende de sentimientos, sino de mapas y flujos de presión. En el actual tablero de 2026, el mundo observa con asfixia los “puntos de estrangulamiento” globales. Si la inestabilidad en Oriente Próximo termina por sellar el Estrecho de Ormuz —por donde fluye el 21% del petróleo mundial— y los ataques en el Mar Rojo inutilizan el Canal de Suez —arteria que gestiona el 12% del comercio global—, el Mediterráneo dejará de ser una autopista para convertirse en un callejón sin salida.

En este escenario de colapso logístico, el Estrecho de Gibraltar recupera un valor estratégico casi absoluto: es la única “puerta de servicio” operativa para el sur de Europa. Sin embargo, para España, esta centralidad no es una bendición, sino una condena diplomática.

El Eje Washington-Rabat: La utilidad frente a la burocracia

Mientras Madrid intenta equilibrar sus compromisos europeos, Marruecos ha movido ficha con una agresividad quirúrgica. Rabat se ha posicionado ante Washington e Israel como el “aliado dócil” y necesario. Su condición política —una monarquía centralizada con capacidad de decisión ejecutiva inmediata— resulta mucho más atractiva para el Pentágono que una democracia parlamentaria española, a menudo lenta y condicionada por el escrutinio de la opinión pública.

La posibilidad de que EE. UU. traslade sus activos estratégicos de la Base de Rota a suelo marroquí ya no es ruido de sables. Para una superpotencia, un aliado que no pone trabas legales al uso de sus bases para misiones sensibles es un activo superior. En este contexto, el reconocimiento de la soberanía marroquí, como ya hiciera con el Sahara, sobre Ceuta y Melilla por parte de potencias clave como EE.UU. e Israel, hay que aclarar que estas declaraciones no son institucionales pero si de personas muy cercanas a las esferas de poder de ambos paises, que son socios prioritarios y estratégicos empieza a barajarse en los despachos de influencia como el precio necesario para garantizar los intereses de estos países en el flanco sur.

La pinza logística y la “Nueva Marcha Verde”

La estadística es demoledora y explica por qué la presión sobre Ceuta y Melilla es más que una cuestión de orgullo nacional. Mientras el puerto de Algeciras lucha por mantener sus cifras, el complejo Tánger Med ya mueve más de 8,6 millones de contenedores (TEU), duplicando en eficiencia y capacidad operativa a su contraparte española. Marruecos ya tiene la infraestructura; ahora busca el control político total del área.

Si el Estrecho de Gibraltar se convierte en el último cordón umbilical del continente, Marruecos tendrá la palanca definitiva. La amenaza de una “Nueva Marcha Verde” sobre Ceuta no requiere necesariamente de tanques. Basta con una presión demográfica orquestada y una asfixia económica fronteriza, ejecutadas justo cuando España se encuentre aislada diplomáticamente por aliados que ven en las ciudades autónomas “anacronismos” prescindibles a cambio de estabilidad petrolera.

España corre el riesgo de despertar en un escenario donde la estabilidad del Estrecho sea considerada demasiado crítica para depender de equilibrios políticos complejos.

Si el Estrecho de Ormuz se cierra, la presión sobre nuestras fronteras en África será inmediata. La cuestión ya no es si Marruecos aprovechará la coyuntura, sino si España dispone de un plan cuando la utilidad estratégica pese más que los tratados históricos.

La soberanía no solo se hereda; se defiende en los mapas donde se decide quién controla el último paso franco hacia Occidente.

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