La Iberofonía
Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.
La intervención del coronel Pedro Baños en El Sol de la Mañana, en el marco del Primer Congreso Internacional de Geopolítica en República Dominicana, dejó una tesis central: la geopolítica ya no es una disciplina reservada a militares, diplomáticos o especialistas, sino una condición material que afecta al precio de los alimentos, la energía, el transporte, el turismo, la industria, la seguridad y la posición internacional de cada país.
Baños construyó su exposición sobre una advertencia directa: ningún Estado puede hacer política, comunicación o empresa sin comprender las claves del poder mundial. Lo que antes aparecía al final de los informativos, explicó, hoy abre portadas y noticieros porque una crisis en Ormuz, una guerra en Ucrania, una disputa por Venezuela, un bloqueo comercial o una reunión entre Donald Trump y Xi Jinping pueden alterar la economía doméstica de países aparentemente alejados del epicentro.
El coronel español elogió el trabajo de Manuel Cruz como impulsor del congreso y presentó la cita como un punto de inflexión para República Dominicana. A su juicio, el éxito de convocatoria —con lista de espera y fuerte respaldo político, comunicativo y económico— demuestra que existe una demanda real de pensamiento estratégico en el país. No se trataría solo de organizar un acto académico, sino de instalar una conversación de largo plazo sobre la ubicación dominicana en el tablero mundial.
La idea más importante de su intervención fue la necesidad de que República Dominicana se reconozca como actor geopolítico del Caribe. Baños insistió en que el país tiene una trascendencia mayor de la que muchas veces percibe su propia sociedad. Su posición en las Antillas, su proximidad geográfica a Estados Unidos y sus vínculos comerciales, económicos y financieros con China lo colocan en un punto sensible de la rivalidad entre las dos grandes potencias.
Según el análisis del coronel, los países pequeños no están condenados a la irrelevancia si saben leer su entorno. Al contrario, pueden obtener margen de maniobra cuando cuentan con dirigentes capaces de entender las presiones externas y defender intereses nacionales concretos. En ese sentido, defendió que República Dominicana debe ponerse en valor y comprender que su localización caribeña la convierte en una pieza de interés para rutas marítimas, comercio regional, energía, seguridad y competencia entre potencias.
Uno de los bloques más relevantes de la entrevista fue el dedicado a los puntos de estrangulamiento marítimo. Baños recordó que, según la cifra citada durante su intervención, el 80% de las mercancías del planeta transita por mar. Por eso, quien controla los mares y sus pasos obligados controla una parte decisiva del comercio mundial. Mencionó el canal de Panamá, el estrecho de Malaca, el estrecho de Ormuz, el canal de Suez, el estrecho de Gibraltar y las nuevas rutas del Ártico como espacios donde se decide mucho más que el tránsito de barcos.
El ejemplo de Panamá apareció como advertencia cercana para el Caribe. Baños sostuvo que la penetración económica china en torno al canal había inquietado a Washington y que la presión estadounidense sobre el Gobierno panameño debía leerse dentro de la pugna por las infraestructuras críticas. Para el coronel, los canales, estrechos y rutas marítimas no son simples corredores logísticos: son llaves de mando sobre la economía mundial.
El estrecho de Malaca fue presentado como uno de los puntos vitales para Asia oriental, por donde pasan energía, mercancías y suministros esenciales para economías como Japón, Corea del Sur o Taiwán. Esa vulnerabilidad, según Baños, explica buena parte de la estrategia china para buscar corredores alternativos, puertos de aguas profundas y rutas terrestres que reduzcan su dependencia marítima.
En ese marco situó también a Irán. La crisis de Oriente Medio no fue interpretada por Baños como un conflicto limitado a Israel, Estados Unidos e Irán, sino como una pieza más de la disputa global con China. El coronel afirmó que Irán se ha convertido en un socio relevante para Pekín por su posición energética, su pertenencia a los BRICS, su papel en los corredores euroasiáticos y la posibilidad de comerciar fuera del dólar. De ahí que cualquier ataque contra Irán, según su lectura, tenga una dimensión indirecta contra intereses chinos.
Baños dedicó una parte central de su intervención a la guerra como fenómeno psicológico. “Las guerras no se ganan solo en el campo de batalla, se ganan en la mente de las personas”, vino a sostener. Con esa idea explicó la importancia del relato, la propaganda, los medios alternativos y la dificultad creciente de las grandes potencias para controlar completamente la percepción pública. En su lectura, la hegemonía no se ejerce solo con portaaviones, bases militares o sanciones, sino también con capacidad narrativa.
El coronel fue especialmente duro con la posición de Estados Unidos bajo la Administración Trump. Planteó que Washington se encuentra atrapado en una crisis de credibilidad, con dificultades internas, desgaste económico y una rivalidad estructural con China que ya no puede resolver mediante los métodos tradicionales. Afirmó que Pekín no representa únicamente un desafío militar o ideológico, como lo fue la Unión Soviética, sino un rival comercial, financiero, tecnológico, geopolítico e incluso civilizatorio.
En esa rivalidad situó también la obsesión estadounidense con Venezuela, Cuba, Irán y otros espacios estratégicos. Según Baños, Washington no puede enfrentarse directamente con China y, por tanto, aplica estrategias de aproximación indirecta contra los intereses chinos en diferentes regiones. En esa lectura, cada crisis regional debe observarse como parte de una disputa mayor por energía, rutas, divisas, tecnología, materias primas y alianzas.
La intervención incluyó una crítica amplia a la subordinación europea a Estados Unidos. Baños sostuvo que Europa ha dependido militar, energética, industrial y financieramente de Washington desde la Segunda Guerra Mundial. Citó las bases estadounidenses en el continente, la presencia militar en países como Alemania, la importancia de la base naval de Rota en España y la presión para que los aliados europeos aumenten su gasto militar comprando armamento estadounidense. Su conclusión fue clara: Europa paga los platos rotos de las crisis que no controla.
También señaló la dependencia energética europea tras la ruptura con Rusia. Según su análisis, al cerrarse ese canal, Europa queda empujada hacia la compra de energía estadounidense a precios superiores y hacia acuerdos económicos que refuerzan la posición industrial de Washington. Baños presentó los aranceles, las inversiones forzadas y el traslado de fábricas como instrumentos de presión económica, no como medidas aisladas.
Frente a ese escenario, el coronel defendió una línea pragmática para países como República Dominicana: no vivir de espaldas a China, pero tampoco romper necesariamente con Estados Unidos. Su fórmula fue “saber jugar todas las cartas”. Puso como ejemplos a India y Turquía, países que combinan alianzas, autonomía, ambigüedad estratégica y defensa de sus intereses nacionales. Para Baños, la clave está en disponer de dirigentes con visión geopolítica, no de administradores atrapados en obediencias automáticas.
La parte final de la intervención giró en torno a China como potencia ascendente. Baños subrayó que Pekín ha pasado en apenas dos décadas de ocupar un lugar secundario en muchas áreas a convertirse en el principal exportador para gran parte del mundo, líder en patentes internacionales y potencia tecnológica de primer orden. Citó a Huawei, las tecnologías disruptivas, el 5G, el avance hacia el 6G, la formación masiva de estudiantes en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, y la disciplina social china como elementos de una transformación histórica.
El coronel vinculó ese ascenso con una mentalidad civilizatoria. China, recordó, no se percibe simplemente como un Estado moderno, sino como una civilización con miles de años de continuidad histórica. Su memoria del llamado siglo de la humillación, entre mediados del siglo XIX y la fundación de la República Popular China en 1949, alimenta una voluntad de recuperación nacional. En esa visión, Pekín no estaría improvisando una política exterior coyuntural, sino ejecutando una estrategia de largo plazo para volver al centro del sistema internacional.
Baños cerró con referencias a su libro El Tao de la guerra, donde intenta explicar la estrategia china a partir de una mentalidad distinta a la occidental. Según explicó, Pekín no busca dominar el mundo necesariamente con “cañoneras”, bombardeos o ocupaciones militares al estilo de antiguos imperios, sino mediante una estrategia flexible, indirecta, tecnológica, comercial, financiera y cultural. Una estrategia que comparó con la gelatina: puede ser blanda o dura, líquida o sólida, según la temperatura del conflicto.
La intervención dejó una conclusión de fondo para la Iberofonía: el Caribe, Hispanoamérica, España y Portugal no pueden seguir interpretando el mundo con categorías de dependencia pasiva. La pugna entre China y Estados Unidos, la crisis energética, la competencia por las rutas marítimas, la presión sobre Europa, el papel de Irán, el valor del canal de Panamá y la centralidad del Caribe obligan a pensar con autonomía. La geopolítica, en la lectura de Baños, no es una moda académica: es el idioma real del poder.
Fuente base: intervención del coronel Pedro Baños en El Sol de la Mañana, durante el contexto del Primer Congreso Internacional de Geopolítica en República Dominicana, según la transcripción facilitada.


