La Iberofonía
Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.
El Sáhara Occidental vuelve a situarse en el centro de la presión geopolítica sobre España. La participación de Estados Unidos por primera vez en Dajla, dentro de los ejercicios militares León Africano junto a Marruecos, no puede leerse como un movimiento aislado. Se produce en el mismo contexto en que un comité de la Cámara de Representantes de Estados Unidos ha introducido una formulación abiertamente favorable a la agenda territorial marroquí sobre Ceuta y Melilla, al presentarlas como ciudades “administradas” por España en territorio marroquí.
Según RT, la presencia estadounidense en Dajla forma parte de los ejercicios León Africano y se desarrolla con fuerzas marroquíes en un territorio que continúa siendo objeto de disputa internacional. Washington ya reconoció en 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, durante la primera Administración Trump, y ahora convierte esa posición diplomática en presencia operativa sobre el terreno.
El movimiento tiene una lectura directa para España. Marruecos no está actuando solo en el Sáhara; está construyendo una arquitectura de legitimación internacional con apoyo estadounidense. Dajla no es únicamente una ciudad del Sáhara ocupado por Marruecos. Es una pieza del eje atlántico africano que Rabat quiere convertir en plataforma logística, militar, energética y comercial hacia el Sahel, África occidental y el Atlántico. Que Estados Unidos participe allí en ejercicios vinculados al aparato militar marroquí refuerza esa estrategia.
El segundo elemento es la ofensiva política sobre Ceuta y Melilla, que son España. El Confidencial informó de que el Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, a instancias del republicano Mario Díaz-Balart, señaló que ambas ciudades “administradas” por España están en Marruecos e instó al secretario de Estado, Marco Rubio, a promover un acuerdo entre Madrid y Rabat sobre su futuro. Esa terminología no es neutra: reemplaza la soberanía española por una supuesta administración provisional y abre la puerta a la mediación de una potencia extranjera sobre territorio nacional español.
La maniobra estadounidense tiene tres niveles. En el Sáhara Occidental, consolida el respaldo a Rabat frente al Frente Polisario y Argelia. En el Estrecho, refuerza a Marruecos como socio militar preferente de Washington. Y en Ceuta y Melilla, introduce una presión territorial contra España en un momento de creciente tensión entre Madrid y la Administración Trump.
La revisión de la misión de la ONU en el Sáhara, la MINURSO, añade otro factor. El País informó de que Naciones Unidas revisa su misión en el territorio ante una nueva negociación entre Marruecos y el Polisario, con Washington impulsando una fórmula política basada en la autonomía bajo soberanía marroquí y con presiones para reducir costes y personal de la misión.
Ese marco favorece a Marruecos. Rabat lleva años intentando que el conflicto deje de plantearse como una cuestión de autodeterminación y pase a formularse como un problema de autonomía interna bajo control marroquí. La entrada estadounidense en Dajla y la presión congresual sobre Ceuta y Melilla forman parte de una misma atmósfera estratégica: normalizar el mapa marroquí ampliado y reducir el margen de resistencia diplomática de España, Argelia y el Polisario.
Para España, la señal es grave. Madrid ya cedió terreno en el Sáhara al asumir como base la propuesta marroquí de autonomía. Pero esa concesión no ha desactivado las ambiciones de Rabat. Al contrario, Marruecos ha seguido acumulando apoyos y ahora encuentra en Washington un altavoz para proyectar sus reivindicaciones sobre el norte de África español.
La tesis de fondo es clara: cuando España retrocede en el Sáhara, Marruecos avanza sobre el Estrecho. La presión sobre Ceuta y Melilla no nace de la nada. Se alimenta de cada reconocimiento, cada silencio y cada ambigüedad que permite a Rabat presentarse como aliado indispensable de Estados Unidos y como gestor natural del espacio atlántico-magrebí.
La noticia de Dajla confirma que el problema no es solo saharaui. Es español, atlántico y mediterráneo. Washington está reforzando a Marruecos en un arco que va del Sáhara Occidental al Estrecho, y España debe leerlo como una advertencia directa sobre su soberanía, sus fronteras y su posición geopolítica.
Fuentes: RT, El Confidencial, El País, Morocco World News


