Las Fallas 2026: Símbolo de renovación y clamor por la paz en Valencia

La ciudad se prepara para la entrega de premios de las fallas mientras la sátira antibelicista marca la festividad

Falla Plaza del Ayuntamiento. Valencia 2026

Juan Lacomba Juan Lacomba

(España) Editor de la Iberofonía, es licenciado en Derecho y en Relaciones Laborales. Sindicalista y delegado electo desde 2012, actualmente vicepresidente del Comité de Empresa del Ayuntamiento de Sagunto, Valencia. Es además formador y técnico superior en Salvamento y Socorrismo.
Aporta un profundo conocimiento del ámbito laboral, la negociación colectiva y las relaciones laborales en la administración pública.

Valencia vive intensamente las Fallas, una fiesta de fuego y sátira, que ya ha completado su transformación: los monumentos están plantados, y el bullicio de las comisiones falleras llena las calles. Este año, la celebración no solo honra la tradición, sino que también refleja la creciente preocupación por los conflictos bélicos globales, con monumentos que lanzan un mensaje claro por la paz.

Las Fallas, más allá de su faceta turística, tienen una profunda raíz antropológica y cultural. Su origen se remonta al antiguo gremio de carpinteros, que celebraba la llegada de la primavera quemando los parots (estructuras de madera que sostenían los candiles). Esta tradición, que buscaba purificar el ambiente, dio paso con el tiempo a las gigantescas figuras de cartón piedra que hoy se ven en las calles. El rito del fuego representa, en términos simbólicos, la quema de lo viejo y lo negativo del invierno para dar paso a la vida, una representación de la renovación primaveral. La sátira juega un papel central en este acto de purificación social, ya que las figuras de las fallas no solo critican la política local, sino también los problemas globales, especialmente la violencia y los conflictos bélicos.

Con el calendario marcando el 16 de marzo, las comisiones falleras ya están a la espera del veredicto del jurado, que anunciará los premios el 17 de marzo. En la Sección Especial de este año, la falla de la Plaza del Ayuntamiento, “Hope”, de los artistas Alejandro Santaeulalia y Vicente Llácer, se erige como un símbolo mundial de paz. Este monumento denuncia la tensión geopolítica actual, invitando al diálogo en un contexto marcado por la guerra.

A nivel de premios, la Falla Infantil de la comisión Espartero-Gran Vía Ramón y Cajal, “Arca. El viatge de Pepet”, ha sido reconocida como la mejor de la sección, obra del artista Zvonimir Ostoic. En cuanto al Ninot Indultat 2026, la figura salvada de las llamas pertenece a la falla Sueca-Literato Azorín, creada por Pedro Santaeulalia, bajo el lema “Onírica”. Es la primera vez que esta histórica comisión de Ruzafa recibe este prestigioso galardón.

Desde su inclusión en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2016, las Fallas han trascendido el ámbito local para convertirse en un referente cultural global. Este año, el carácter irreverente y crítico de la fiesta se ha visto acentuado por los desafíos internacionales que enfrenta el mundo, en especial la escalada de los conflictos bélicos.

La quema de los monumentos, más que una mera tradición festiva, representa la purificación social a través de la sátira. En ese sentido, las figuras de cartón piedra que se erigen durante la fiesta no solo critican las políticas locales, sino también las internacionales, tomando como blanco a los líderes responsables de la guerra. El contexto internacional ha influido directamente en el contenido de los monumentos, dando una dimensión antibelicista nunca antes vista en la historia de las Fallas.

El fenómeno de la quema de figuras y monumentos no es exclusivo de Valencia ni de España. Otros países de la Iberofonía también celebran rituales similares, donde el fuego se convierte en un símbolo de purificación, renovación y crítica social. En México, por ejemplo, se celebran las “Fiestas de San Juan de los Lagos”, donde se queman figuras que representan lo negativo del año. En Colombia, las “Fiestas del 7 de agosto” también incluyen rituales de quema, aunque con un enfoque más local y festivo. Además, en el norte de Portugal, en localidades como Viana do Castelo, se celebran rituales de fuego que recuerdan a las Festas de São João, en los que se queman objetos de la vida cotidiana como símbolo de la expulsión de los malos espíritus y de la llegada de la prosperidad. En todos estos casos, el fuego y la quema de objetos o figuras sirven no solo como rituales festivos, sino también como actos de resistencia cultural y social.

Este año, la crítica social que tradicionalmente caracteriza a las Fallas ha alcanzado una nueva dimensión con su mirada hacia la política internacional. A través de monumentos como el de Manuel Algarra, que denuncia la polarización política, y el uso de símbolos universales como las palomas de la paz, las Fallas 2026 se convierten en un clamor contra la guerra, especialmente en el contexto de los conflictos en Oriente Medio. La sátira de este año apunta a la necesidad de una solución pacífica a las tensiones geopolíticas que afectan a diversas regiones del mundo.

A medida que se acercan los próximos días de celebración, Valencia se prepara para un cierre lleno de simbolismo, con la quema de los monumentos y el mensaje pacifista que perdurará más allá de las llamas. Las Fallas continúan, pues, como un espacio de resistencia cultural y reflexión.

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