Juan Lacomba
(España) Editor de la Iberofonía, es licenciado en Derecho y en Relaciones Laborales. Sindicalista y delegado electo desde 2012, actualmente vicepresidente del Comité de Empresa del Ayuntamiento de Sagunto, Valencia. Es además formador y técnico superior en Salvamento y Socorrismo.
Aporta un profundo conocimiento del ámbito laboral, la negociación colectiva y las relaciones laborales en la administración pública.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos avanza en una nueva fase de su estrategia militar en Asia con el desarrollo de reactores nucleares de pequeña potencia destinados a bases militares en el Indo-Pacífico, con especial atención a Guam. El proyecto, confirmado por el secretario del Ejército, Dan Driscoll, forma parte de un plan estructural para asegurar autonomía energética en enclaves estratégicos donde la infraestructura eléctrica resulta insuficiente.
La iniciativa responde a una necesidad operativa concreta: garantizar el suministro energético continuo en instalaciones avanzadas en una región donde Estados Unidos mantiene una presencia creciente frente a sus competidores estratégicos. Según el planteamiento del Pentágono, estos reactores permitirán sostener sistemas críticos, desde defensa antimisiles hasta redes de comunicación y logística militar.
El programa, denominado Janus, prevé que los reactores sean desarrollados y operados por empresas privadas, mientras que las Fuerzas Armadas facilitarán el acceso a la cadena de suministro de combustible nuclear. Esta estructura refleja un modelo híbrido en el que el sector civil se integra en la arquitectura de defensa, reforzando la capacidad de despliegue sin depender exclusivamente de infraestructuras estatales.
La hoja de ruta fija como horizonte el año 2028 para la instalación de los primeros sistemas, en cumplimiento de una orden ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unidos en 2025. Este calendario indica que Washington busca acelerar la consolidación de su presencia energética y militar en la región, en un contexto de creciente competencia geopolítica.
Desde el punto de vista estratégico, la medida tiene implicaciones más amplias. La implantación de reactores nucleares en bases avanzadas no solo garantiza suministro eléctrico, sino que reduce la vulnerabilidad ante interrupciones logísticas y fortalece la capacidad de operar de forma sostenida en escenarios de conflicto. En términos operativos, supone un paso hacia la autosuficiencia energética de las instalaciones militares.
La elección del Indo-Pacífico como área prioritaria no es casual. La región concentra rutas comerciales clave y escenarios de fricción entre grandes potencias, lo que convierte el control de infraestructuras críticas en un elemento central de la estrategia estadounidense. En este contexto, el despliegue de reactores nucleares refuerza la posición de Washington en un espacio donde la competencia tecnológica y militar se intensifica.
El proyecto también introduce un elemento adicional en el debate internacional sobre el uso de tecnología nuclear en entornos militares no tradicionales. Aunque se trata de reactores de pequeña escala, su presencia en bases avanzadas amplía el alcance del uso estratégico de la energía nuclear más allá de los sistemas de armamento.
En conjunto, la iniciativa refleja una evolución de la doctrina estadounidense hacia un modelo en el que la energía se convierte en un vector central de la capacidad militar, integrando tecnología, logística y estrategia en un mismo eje operativo.


