La Iberofonía
Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.
El rabino israelí Yosef Mizrachi ha provocado reacciones en España tras realizar declaraciones en las que mencionó una hipotética eliminación del pueblo español por parte de la población árabe.
“Tengo una noticia para todos esos antisemitas, esos nazis españoles: muy, muy pronto, los árabes os eliminarán a todos. No quedará ni un solo español capaz de seguir viviendo en España”. Este mensaje ha sido percibido como una amenaza colectiva hacia la población del país y ha generado respuesta en distintos sectores sociales y político.
Una hostilidad recurrente desde Tel Aviv.
Esta preocupante retórica no es un hecho aislado dentro del espacio iberófono. El propio primer ministro Benjamin Netanyahu, junto a su ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, han emitido en el pasado severas y recientes advertencias diplomáticas que cuestionan de forma directa la seguridad y la postura soberana del Estado español.
El peligroso paralelismo con la estrategia de Rabat.
La advertencia de Mizrachi de “utilizar” flujos poblacionales para provocar la desaparición o el caos de una sociedad no es una teoría abstracta; coincide milimétricamente con la estrategia de guerra asimétrica que Marruecos ha ejecutado contra España. Lo hemos visto en Ceuta, donde el reino alauita ha instrumentalizado y enviado oleadas masivas de inmigrantes de forma deliberada para desbordar las fronteras, colapsar las instituciones locales y chantajear políticamente a Madrid. Mientras un vecino lo ejecuta en la frontera, desde el plano ideológico del otro lado se jalea ese mismo destino de caos para el país.
Una contradicción política difícil de comprender.
A pesar de la gravedad de estas declaraciones —que aluden abiertamente al exterminio y sumisión de una población—, en el panorama político español persiste una profunda incoherencia. Partidos como el Partido Popular (PP) y Vox continúan defendiendo el fortalecimiento de los lazos bilaterales y manteniendo una estrecha sintonía con las corrientes más radicales de un Estado cuyas figuras públicas y religiosas amenazan de forma explícita su propia existencia nacional, de la misma forma que flaquean o callan ante las constantes agresiones a la integridad territorial que provienen del norte de África.
¿Hasta qué punto es sostenible priorizar alianzas internacionales e ideológicas por encima de la dignidad, las fronteras y la seguridad del propio pueblo?


