El mayo español y el mayo hispanoamericano (1808-1809)

La crisis de la Monarquía Hispánica frente a Napoleón desencadenó un movimiento de juntas y movilización popular a ambos lados del Atlántico, en defensa de Fernando VII y de las instituciones tradicionales de las Españas


Mónica Luar Nicoliello Ribeiro Mónica Luar Nicoliello Ribeiro

(Uruguay) Profesora de Historia (1986-2024), egresada del Instituto de Profesores Artigas de Montevideo; investigadora y ensayista de temas históricos hispánicos. Magíster en Historia Iberoamericana (CSIC, Madrid, 2002) y doctora en Psicología (Honolulu, Hawái, 2012). Publicaciones: 300 artículos sobre temas históricos en páginas digitales y prensa impresa; un libro en coautoría bajo la dirección del Dr. José Pedro Barrán (El cónsul Thomas Samuel Hood y la independencia del Uruguay, Ediciones de la Universidad de la República, 1999) y un libro propio sobre tema original: La inteligencia emocional-histórica (Editorial Planeta, 2010).

Un error común es suponer que a principios del siglo XIX los “criollos americanos” luchaban por la independencia “contra la Corona española” o “contra los españoles”. Así aparece en muchos libros, películas y series. La realidad es más compleja. Hasta 1814 la Corona estuvo secuestrada por el invasor francés (por lo cual hubiera sido ilógico sublevarse contra la Corona) y las “independencias” por las que se luchaba eran para liberarse del Imperio francés, en concreto del régimen napoleónico introducido en la Península,  así como de las autoridades corruptas que le servían o podían servir de títeres en América. Sospecha que también se extendió a Portugal.

La Guerra de la Independencia española contra Napoleón (1808-1814)

Es la guerra que un pueblo, el hispano, declara contra un usurpador extranjero en todo el Reyno de España e Indias, lo cual incluye América y parte de Asia y África. Lo hace a través de las instituciones intermedias, dispersas por unos reinos que conformaban una Monarquía donde “no se ponía el sol”, las cuales, históricamente habían permitido canalizar las inquietudes de la población, agrupada en vecindarios que según su grado de importancia podían participar en ayuntamientos, alcaldías, audiencias, obispados, cabildos o “medios cabildos”. Por razones de espacio, dejamos fuera de esta nota los movimientos de 1810, que abordaremos más adelante, y consideramos que tienen otras características.

El mayo español (1808)

Las Guerras de Independencia hispanoamericanas deben encuadrarse dentro de una Guerra de Independencia hispano-indiana contra José I y sus partidarios y agentes. La rebelión popular, en todas partes, fue contra una usurpación, tanto en los lugares en que se materializó, como en los lugares donde se desconfiaba de la lealtad de las autoridades. Esto es muy claro durante el periodo 1807-1810. En estos años encontramos:

  • El motín de Aranjuez, en marzo de 1807. Cae Godoy y Carlos IV abdica en Fernando VII.
  • 10 de abril de 1808. Fernando VII forma una Junta de Gobierno y va a entrevistarse con Napoleón Bonaparte, en Bayona, pero es secuestrado.
  • 2 de mayo. Los franceses intentan llevarse del Palacio Real al infante Francisco de Paula, el único heredero que quedaba en España. Ante esto, el pueblo de Madrid se subleva.
  • 2-3 de mayo. Fusilamiento de los madrileños arrestados durante los incidentes.
  • 3 de mayo. Se conocen en Móstoles los sucesos de Madrid. Los alcaldes, en nombre del pueblo, declaran la guerra a Bonaparte.
  • 5-6 de mayo. Las abdicaciones de Bayona. Bonaparte retiene a Carlos IV y Fernando VII, obligándolos a abdicar en José I Bonaparte, su hermano. Su objetivo es reemplazar a los Borbones por los Napoleones. Para esto convence, el 5 de mayo, a Carlos IV de que su abdicación en Fernando VII no ha sido válida. Al día siguiente, Napoleón presiona a Fernando VII, bajo amenaza de ser tratado como un rebelde, de que devuelva la Corona a Carlos IV.
  • 7 de mayo. En las provincias empieza a conocerse la situación.
  • 10 de mayo de 1808. Bonaparte nombra rey de España a José I. 
  • 15 de junio al 7 de julio de 1808. Bonaparte convoca a un grupo de 150 españoles peninsulares y algunos americanos, -de los cuales llegan 91-, para que reconozcan al nuevo rey y para que aprueben el Estatuto de Bayona, que habría de regir en adelante a los españoles. Entre estos diputados había representantes de la nobleza, del clero, funcionarios del Estado, representantes de ciudades, y 6 diputados de origen americano. El 6 de julio se aprueba el Estatuto de Bayona, introduciendo el cambio dinástico, aboliendo instituciones tradicionales, e incorporando derechos individuales.

Mientras Bonaparte intenta construir su propio régimen, las ciudades españolas se organizan en juntas.

  • El 9 de mayo de 1808, en Oviedo, Asturias, capital del Principado, se forma la Junta General, que declara la guerra a Francia y pide ayuda a Inglaterra el 25 de mayo.
  • 11 de mayo. Junta de León, como antiguo reino de España.
  • 13 de mayo, junta de Galicia, que el 30 de mayo se constituye como Junta Suprema del Reino de Galicia.
  • 17 de mayo, Junta Provincial de Santander.
  • 22 de mayo, Junta de Murcia.
  • 23 de mayo, Junta de Valencia. El pueblo asalta la Ciudadela y ejecuta al capitán general por afrancesado. El mismo día, se subleva la ciudad de Cartagena, y forma la Junta de Cartagena. El 26 de mayo se subleva la escuadra.
  • 24 de mayo. Se forma en Sevilla la Junta Suprema de España e Indias. Es un esfuerzo por darle representación a las Indias, pero todavía no tenía diputados americanos.
  • 25 de mayo. Junta de Valencia.
  • 25 de septiembre de 1808. Se forma en Aranjuez la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino, presidida por el conde de Floridablanca, para coordinar mejor. Cada una de las 13 Juntas provinciales mandó dos diputados. En total, 35 personas. Incorpora a los diputados americanos Miguel de Lardizábal y Uribe por Nueva España (cercano a Fernando VII, en 1814 fue su ministro) y Francisco Antonio Zea, por Nueva Granada (liberal, luego fue canciller de Bolívar). Aunque solo eran dos, importa la calidad de estos representantes americanos. 

Este listado nos permite hacernos una idea de la carga simbólica que tiene entre nosotros el mes de mayo. Pero también encontramos otros, como septiembre.

Movimientos y juntas en el Reino de Indias (1808-1809)

  • Nueva España. Entre los meses de mayo y agosto de 1808, llegan, a través del puerto de Veracruz, noticias de lo que está pasando en España. En julio de 1808 se conocen las abdicaciones de Bayona. El día 19, el ayuntamiento pide al virrey José Iturrigaray convocar una Junta General del Reino. En este contexto, el 5 de agosto de ese año, arriba el agente francés al servicio de Bonaparte, Octaviano d’Alvimar, con pliegos, exhortando a jurar a José I y los Estatutos de Bayona (Más tarde sería detenido en San Juan de Ulúa y repatriado en 1809) El virrey, que al principio duda, convoca reuniones con el Real Acuerdo, Ayuntamiento, Arzobispado y Tribunales. El 31 de agosto, el Ayuntamiento de México solicita formalmente la formación de una Junta Suprema de Nueva España. Iturrigaray acepta. Pero el Consulado de comerciantes hace circular rumores de que quiere coronarse rey con el nombre de José I y separar Nueva España con ayuda francesa. Los rumores se basaban en la propia fama de corrupto del virrey por haberse enriquecido con el cargo, especulando; en sus vacilaciones; en su relación con Godoy y supuestos agentes franceses que estarían operando desde Texas; y también por las ideas heterodoxas que entonces circulaban del abogado Primo Verdad y Ramos y del sacerdote Melchor de Talamantes, favorables a la convocatoria de un Congreso. En la madrugada del 15 de septiembre es asaltado el Palacio virreinal, Iturrigaray es destituido y enviado a Cádiz, Primo Verdad es encarcelado y aparece muerto en octubre. La Audiencia nombra virrey a Pedro de Garibay, que reconoce sólo a la Junta de Sevilla y luego a la Junta Central, y a su vez es destituido por esta Junta en julio de 1809.
  • Río de la Plata. Junta de Montevideo. 22 de septiembre. El 10 de agosto de 1808 desembarca, primero en Maldonado, y luego en Montevideo, Charles de Sassenay, un agente de Bonaparte con pliegos para el virrey Santiago Liniers, que era de origen francés. A través de estos pliegos, el emperador pide que se den a conocer las abdicaciones de Bayona, y que Buenos Aires jure a José I. Ya en Buenos Aires, el 13 de agosto, el virrey abre los pliegos en presencia del Cabildo y la Real Audiencia, pero el reconocimiento es rechazado. De todas maneras Liniers pide cautela a la población, hasta que se tengan más noticias. Los pliegos son quemados y Sassenay recluido en un calabozo, pero las sospechas hacia el virrey empiezan a circular. Para disipar dudas, el Cabildo de Buenos Aires jura a Fernando VII el 21 de agosto, pero en Montevideo -usualmente enfrentada con Buenos Aires por rivalidades mercantiles- corre el rumor de que el virrey es un traidor. El 20 de septiembre, en Montevideo, la población pide Cabildo Abierto, que se concreta al día siguiente. En ese Cabildo Abierto se decide formar una Junta de Gobierno, integrada por representantes de todos los sectores de la sociedad. La misma sesionó hasta el 30 de junio de 1809.
  • Alto Perú. 25-26 de mayo de 1809. En la ciudad de La Plata, se forma la Junta de Gobierno de Chuquisaca por las mismas razones que la de Montevideo, sospechas contra el virrey Liniers, y también contra el presidente de la Real Audiencia, Ramón García de León y Pizarro, acusados de conspirar para entregar la Corona a José I y a Carlota Joaquina, hermana de Fernando VII, infanta de España y reina consorte de Portugal y Brasil, que buscaba desplazar a su hermano -respectivamente-; y en especial, contra Manuel de Goyeneche como posible agente de Bonaparte y Carlota Joaquina, infiltrado en la administración peninsular y enviado por esta al Alto Perú. En cambio, la población de La Plata reconoce a la Junta Suprema Central de Sevilla. Desde La Plata, el movimiento se extiende a La Paz (16 de julio de 1809) y Potosí (1809-1810).
  • Real Audiencia de Quito. Junta Suprema Gubernativa de Quito. Del 9-10 de agosto de 1809 al 24 de octubre de 1809. Cada barrio tenía sus electores, que nombraban representantes. Esta Junta no buscaba la independencia de la Corona española, pero sí una mayor autonomía frente a Lima y Santa Fe de Bogotá. Convencidos de que España estaba perdida y de que las autoridades los traicionarían, entregando el reino a los franceses, los quiteños resolvieron organizar un gobierno propio con ideas originales. Pero no tuvieron apoyo de otras provincias, y la Junta no pudo mantenerse.

Conclusión

Cuando, a lo largo de los días que van del 2 de mayo al 7 de julio de 1808, resulta evidente que España ha sido ocupada por Napoleón, que cuenta con colaboradores en todos los estamentos peninsulares -nobleza, clero, funcionarios del Estado, burguesía, intelectuales, militares, marinos, los propios Borbones, con sus actitudes ambiguas además de las ambiciones de Carlota Joaquina- y también entre los criollos americanos que firman los Estatutos de Bayona, la población se siente traicionada tanto en España como en América. A partir de ese momento las propias autoridades quedan bajo sospecha, empezando por el gobierno ilegítimo creado por Napoleón en la Península (Mariano de Urquijo en la Secretaría de Estado, Manuel Negrete en la cartera de Negocios Extranjeros y de Guerra, Francisco Cabarrús en el ministerio de Hacienda, Sebastián Piñuela en el ministerio de Justicia, José de Mazarredo en el ministerio de Marina), y siguiendo por el plan de usurpación de autoridades planeado por Napoleón en las Indias, para lo cual designó a Miguel José de Azanza como ministro de Indias, que antes de 1800 había sido virrey de Nueva España, y en 1808, presidente de la Asamblea de Bayona.

Este enfoque nos ayuda a entender mejor un periodo muy manipulado por la historiografía. No es una lucha de “ilustrados” contra “oscurantistas”. Tampoco son, en el orden político, “el Primer Grito de Libertad e Independencia” de México, Argentina, Uruguay, Bolivia, y Ecuador, que los historiadores oficiales suelen presentar como “fundacional” de esos Estados e incluso “de la nación”. Desde el punto de vista social, aunque había un fondo de disconformidad contra la administración, por cuestiones fiscales y de corrupción, -no siempre resueltas con las “visitas” de inspectores de la Monarquía-, las protestas no iban contra el rey, sino contra “el mal gobierno”, es decir, los funcionarios corruptos. Lo que logró la intervención napoleónica fue sumar a este ruido de fondo el miedo y la indignación de la gente a ser traicionados por las propias autoridades, -“afrancesados” y “carlotistas”- empezando por las más influyentes, como ministros peninsulares y virreyes americanos. 

Los “ilustrados” o “progresistas” de todas las épocas han interpretado esta reacción popular como la errónea resistencia a la modernización europeizante que condenó a España y América al atraso. Ellos crearon una corriente que subsiste hasta la actualidad, manteniendo la misma interpretación de los hechos: la reacción popular habría estado iniciada y fomentada por una nobleza reaccionaria. Para quienes resistieron a este proyecto “ilustrado”, “independencia” significó algo diferente que hoy en día: no la separación nacional, sino la defensa de instituciones históricas tan tradicionales como populares, singulares y legítimas, que en definitiva conforman la parte que nos caracteriza en la historia de la cultura política universal. Lo cierto es que estas corrientes, que dieron a luz partidos políticos, antes de que se formara y consolidara el Estado nacional contemporáneo, nos siguen separando en el plano ideológico: se termina por pertenecer antes a un partido que a una nación.

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