Ecuador convierte la seguridad fronteriza en arancel contra Colombia

Quito usa el comercio como presión mientras la CAN exige retirar medidas contra Bogotá


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Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

Ecuador ha llevado su disputa con Colombia al terreno comercial con una justificación de seguridad fronteriza. El Gobierno de Daniel Noboa elevó aranceles contra productos colombianos alegando desequilibrio comercial y falta de cooperación suficiente de Bogotá contra el narcotráfico en la frontera común. TeleSUR informó en abril de que Ecuador incrementó del 50 % al 100 % los aranceles a importaciones colombianas a partir del 1 de mayo.

La Comunidad Andina ha frenado la ofensiva ecuatoriana. La Secretaría General de la CAN calificó como restricción al comercio subregional la habilitación exclusiva del paso de Rumichaca para mercancías colombianas y concedió a Ecuador diez días hábiles para retirar la medida. El organismo exhortó además a Quito y Bogotá a reforzar la cooperación fronteriza sin afectar el comercio andino.

El interés común entre ambos países es evidente: control fronterizo, lucha contra economías criminales, comercio formal, electricidad, medicamentos y estabilidad de pasos terrestres. Ecuador necesita cooperación colombiana para reducir presión criminal en su frontera norte; Colombia necesita que Ecuador no convierta la seguridad en barrera comercial. La frontera es compartida, pero las cargas políticas no son iguales.

El interés enfrentado está en el método. Quito intenta trasladar el coste de la inseguridad a una presión arancelaria directa sobre productos colombianos. Bogotá, en cambio, rechaza que se le atribuya responsabilidad unilateral por el narcotráfico y defiende el marco de libre comercio andino. La CAN ha dado la razón jurídica al principio de integración: la seguridad no puede usarse sin límite como excepción comercial.

La noticia ecuatoriana debe centrarse en la estrategia de Noboa: convertir la frontera en argumento económico. Es una maniobra de fuerza hacia Colombia, pero también un mensaje interno de autoridad en un país golpeado por crimen organizado, crisis carcelaria y militarización de la seguridad.

Fuentes: TeleSUR, Prensa Latina, Comunidad Andina, Reuters.

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