Jaime
La Oficina Nacional de Procesos Electorales del Perú continúa avanzando en el conteo oficial de las elecciones presidenciales de 2026 y, con el 99,765 % de las actas procesadas, el escenario político peruano parece encaminarse hacia una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, aunque la distancia con Rafael López Aliaga sigue siendo extremadamente reducida.
Según los datos oficiales difundidos este martes 12 de mayo por la ONPE, Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori, encabeza el escrutinio con un 17,174 % de los votos válidos. En segunda posición aparece Roberto Sánchez, dirigente vinculado a Juntos por el Perú, con un 12,004 %, mientras que el alcalde de Lima y líder de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, queda tercero con 11,913 %.
La diferencia entre Sánchez y López Aliaga es mínima y mantiene una fuerte tensión política en el cierre del recuento, especialmente porque ambos representan bloques ideológicos profundamente distintos dentro del tablero peruano. Mientras López Aliaga concentra el voto conservador urbano, empresarial y católico tradicionalista, Sánchez ha logrado consolidar parte del voto rural, sindical y de izquierda que en anteriores ciclos electorales orbitó alrededor del llamado “castillismo”.
El resultado confirma además la persistente fragmentación del sistema político peruano, donde ningún candidato ha conseguido aproximarse siquiera al 20 % de apoyo nacional. El país vuelve así a encaminarse hacia una segunda vuelta marcada por el rechazo mutuo entre bloques políticos, la debilidad institucional y el desgaste acumulado tras años de crisis presidenciales, enfrentamientos entre Congreso y Ejecutivo y sucesivas investigaciones por corrupción.
Keiko Fujimori, que ya perdió anteriormente varias segundas vueltas presidenciales, intenta ahora reconstruir una mayoría electoral apoyándose en sectores empresariales, parte del aparato mediático y una narrativa de “estabilidad” frente al miedo al colapso institucional. Su figura, sin embargo, sigue generando una enorme polarización dentro del Perú debido tanto al legado del fujimorismo como a las causas judiciales y controversias políticas que han rodeado históricamente a su entorno.
Por su parte, Roberto Sánchez emerge como una figura menos conocida internacionalmente, pero con capacidad para absorber voto popular descontento en regiones interiores y sectores empobrecidos. Su crecimiento electoral ha sido especialmente relevante en zonas rurales y provincias alejadas de Lima, donde persiste un fuerte malestar social relacionado con desigualdad, abandono estatal y crisis económica.
La posible exclusión de Rafael López Aliaga de la segunda vuelta podría abrir además una batalla política y mediática dentro de la derecha peruana, ya que parte de sus seguidores ya han comenzado a denunciar supuestas irregularidades y cuestionar determinadas decisiones del proceso electoral, aunque las autoridades electorales mantienen que el escrutinio sigue desarrollándose conforme al calendario oficial.
En paralelo, los Jurados Electorales Especiales han comenzado ya la proclamación parcial de resultados, mientras la ONPE mantiene habilitada su plataforma oficial para el seguimiento en tiempo real del conteo.
La segunda vuelta presidencial peruana está prevista para el próximo 7 de junio, en un contexto regional especialmente sensible para Hispanoamérica, marcado por tensiones económicas, crisis de gobernabilidad y creciente disputa geopolítica entre Estados Unidos, China y otros actores internacionales sobre los recursos estratégicos y la orientación política de la región andina.


