Irán:una pocilga de intereses corporativos británicos y estadounidenses

Un siglo y medio de soberanía disputada bajo fuego


Jaime Goig Jaime Goig

(España) Presidente del Ateneo Iberófono Juan Latino, político, comunicador y escritor con amplia experiencia en medios (Onda Cero, El País…). Ha sido director de comunicación en varias empresas españolas y ha desarrollado proyectos en sectores donde compiten marcas como Apple o Google. Su trayectoria combina información, narrativa y producción audiovisual. Actualmente estudia diversas disciplinas en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es editor en La Iberofonía.

Bajo el estruendo de los bombardeos actuales y en medio de la escalada militar entre Estados Unidos, Irán e Israel, el conflicto no se interpreta en clave exclusivamente contemporánea. En Irán, cada explosión activa una memoria que no comienza en 1979, ni siquiera en 1953, sino en el siglo XIX, cuando el Estado persa comienza su ocaso frente a potencias extranjeras.

A finales del siglo XIX y principios del XX, Persia estaba gobernada por la dinastía Qayar. El país sufría presión rusa en el norte y británica en el sur. Las concesiones económicas a extranjeros eran frecuentes y profundamente impopulares. La pérdida de control sobre los recursos y el comercio generaron un movimiento popular que culminó en 1906 con la Revolución Constitucional Persa. Se estableció un Parlamento —el Majlis— y una Constitución que limitaba el poder del monarca.

Pero el Sha, Mohammad Ali Shah Qajar, opuesto al constitucionalismo, no estaba dispuesto a ceder el poder e intentó revertir el proceso  bombardeando el Parlamento en 1908. Poco después fue depuesto y su sucesor, Ahmad Shah Qajar, heredó un país fragmentado, con escasa capacidad de control territorial y un Estado formalmente soberano, pero económicamente vulnerable y políticamente inestable.

Es precisamente en 1908 cuando, en el sur del país se descubre petróleo que, por supuesto, es explotado bajo concesión británica. Nace así la Anglo-Persian Oil Company, antecesora de BP. En 1914 el Gobierno británico da un paso más y adquiere una participación mayoritaria de la compañía para “asegurar” combustible a su flota. Para muchos persas esta injerencia extranjera  se convierte en un símbolo de dependencia estructural.

En 1921 emerge una nueva figura: Reza Shah, militar que consolida su poder tras un golpe de Estado. Reza  sustituye a la dinastía Qayar por su propia dinastía: la Pahlaví

Muy lejos de lo que posteriormente haría su hijo, Reza impulsa un programa de modernización y centralización del Estado, reduce la influencia clerical e intenta limitar la injerencia extranjera. Seguramente por esto, es forzado a abdicar en 1941, en plena guerra mundial, cuando fuerzas británicas y soviéticas ocupan Irán para asegurar sus rutas logísticas y el suministro petrolero.

Es entonces cuando Mohammad Reza Pahlavi, hijo del depuesto Sha y una marioneta en manos británicas, asume el trono. En esta etapa Irán es una monarquía constitucional subordinada a la anglopiratería donde el nuevo Sha coexiste con el Parlamento y el primer ministro. El equilibrio es frágil.

En 1951 el Parlamento impulsa el nombramiento de Mohammad Mosaddegh como primer ministro. Mosaddegh nacionalizó la industria petrolera desafiando directamente el control británico. El conflicto escala hasta que en el 19 de agosto de 1953, la capital iraní deja de ser el escenario de una crisis política para convertirse en el centro de una operación encubierta internacional. Aquella jornada culminó con la caída del primer ministro elegido democráticamente, Mohammad Mosaddegh, y el enrocamiento en el poder de Mohammad Reza Pahlavi. En Washington, la operación llevaba el nombre de TPAJAX Project u Operación Ajax; en Londres, Operation Boot.

El golpe de Estado  no comenzó en las calles de Teherán, sino en los despachos del petróleo. Mosaddegh había intentado auditar a la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC) corporación británica heredera de la Anglo-Persian Oil Company y limitar su control sobre las reservas iraníes. Ante la negativa de la compañía a cooperar, el Majlis impulsó en 1951 la nacionalización de la industria petrolera y la expulsión de representantes extranjeros.

Londres respondió con un boicot mundial al crudo iraní. La economía comenzó a resentirse. Inicialmente se contempló incluso una acción militar para tomar la gigantesca refinería de Abadán, la mayor del mundo en ese momento, pero el gobierno británico optó por endurecer el bloqueo y activar redes internas para desestabilizar a Mosaddegh. ¿Les suena?

En plena Guerra Fría, la crisis petrolera se entrelazó con el temor occidental a la “temible” expansión soviética. El primer ministro británico Winston Churchill y la administración del presidente Dwight D. Eisenhower concluyeron que Mosaddegh no era un socio fiable y que su permanencia en el poder podía abrir la puerta a una mayor influencia comunista. La administración anterior de Harry Truman había sido más reticente a un golpe, preocupada por el precedente que implicaría la intervención directa de la CIA.

La planificación fue meticulosa. Los documentos desclasificados demuestran que la CIA y el MI6 financiaron campañas de propaganda, sobornaron a políticos, oficiales militares y figuras influyentes, y utilizaron intermediarios locales para organizar disturbios. El objetivo era crear la imagen de un levantamiento popular contra el primer ministro.

El primer intento golpista fracasó  y el Sha abandonó brevemente el país. Pero el 19 de agosto de 1953, tras otra intervención extranjera,  Mosaddegh fue detenido. Se formó un nuevo gobierno bajo el mando del general Fazlollah Zahedi. Mosaddegh fue juzgado por un tribunal militar y condenado por traición. Pasó tres años en prisión y luego permaneció bajo arresto domiciliario hasta su muerte en 1967. Varios de sus colaboradores fueron encarcelados y algunos ejecutados.

En 1953 Mohammad Reza Pahlavi pasó de “monarca constitucional subordinado”, a sicario a las órdenes de Washington y Londres. Con el respaldo anglo, Pahlavi gobernó hasta 1979 en un país que, con una pátina de occidentalismo, ejercía una  brutal represión política en medio de una gran desigualdad social y alineamiento exterior. Estos factores  alimentaron las tensiones que en 1979 desatarían la Revolución Islámica. El Sha abandonó el país y el ayatolá Ruhollah Jomeini , deportado desde que en 1964 fue arrestado por la SAVAK,  regresó del exilio para instaurar la República Islámica. El nuevo sistema combinó las instituciones electivas con una autoridad clerical superior. La crisis de los rehenes en la embajada estadounidense consolidó la definitiva ruptura con Washington.

Desde entonces, la memoria de 1908 y 1953 forma parte central del discurso político iraní que interpreta el golpe como prueba de injerencia extranjera en un proceso soberano. Esa memoria histórica influye en la desconfianza estructural hacia eso que se llama Occidente y que es, en realidad, una pocilga de intereses corporativos británicos y estadounidenses.


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