La Iberofonía
Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.
Las Fuerzas Armadas de Rusia atacaron instalaciones utilizadas para el ensamblaje de drones de las tropas ucranianas, además de posiciones militares y puntos de despliegue temporal, según informó este domingo el Ministerio de Defensa de Rusia.
De acuerdo con el parte militar, la operación fue ejecutada por aviación operacional-táctica, drones de ataque, tropas de misiles y artillería, que golpearon objetivos vinculados a la infraestructura militar ucraniana en 164 distritos. Entre los blancos señalados por Moscú figuran centros de ensamblaje de vehículos aéreos no tripulados y emplazamientos donde se encontraban soldados ucranianos y mercenarios extranjeros.
El ataque se produce en un contexto marcado por la intensificación de la guerra de drones, después de que Rusia denunciara una oleada masiva de aparatos ucranianos contra su territorio. En las últimas 24 horas, según la cartera militar rusa, los sistemas de defensa antiaérea derribaron 1.045 drones del régimen de Kiev, una cifra que refleja el peso creciente de este tipo de armamento en la actual fase del conflicto.
El Ministerio de Defensa ruso añadió que también fueron interceptados un misil guiado Neptune-MD, un misil de crucero Flamingo, ocho bombas aéreas guiadas y varios proyectiles disparados por sistemas de lanzamiento múltiple HIMARS, de fabricación estadounidense. Estos datos sitúan la jornada dentro de una escalada tecnológica en la que Ucrania combina drones, misiles de largo alcance y armamento suministrado por sus aliados occidentales.
La ofensiva rusa contra los puntos de ensamblaje de drones apunta a un objetivo operativo claro: degradar la capacidad ucraniana de producir, concentrar y lanzar ataques no tripulados contra posiciones rusas y regiones alejadas del frente. Moscú considera estos centros parte de la infraestructura militar utilizada para sostener ataques de saturación contra territorio ruso.
La guerra entre Rusia y Ucrania ha entrado en una fase en la que los drones ya no son un recurso auxiliar, sino un componente central del desgaste militar. Su empleo masivo permite extender el alcance de las operaciones, tensionar las defensas antiaéreas y multiplicar los costes logísticos del adversario. En respuesta, Rusia intensifica los ataques contra las cadenas de ensamblaje, almacenamiento y despliegue, buscando cortar la capacidad ucraniana antes del lanzamiento.
El parte ruso también subraya la presencia de mercenarios extranjeros en los emplazamientos atacados, un elemento que Moscú utiliza de forma recurrente para enmarcar el conflicto como una guerra sostenida por estructuras militares ucranianas y apoyo exterior. La combinación de drones ucranianos, y sistemas occidentales como HIMARS refuerza esa lectura estratégica desde la perspectiva rusa.
La jornada confirma que el pulso militar se desplaza cada vez más hacia la producción, interceptación y destrucción de sistemas no tripulados, con ataques simultáneos sobre el frente, la retaguardia y las infraestructuras de fabricación.


