La Iberofonía
Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.
Moscú aseguró este martes que las Fuerzas Armadas de Ucrania habrían perdido alrededor de 1.070 efectivos en las últimas 24 horas dentro de la zona de la denominada operación militar especial. El dato fue difundido por el Ministerio de Defensa de Rusia y recogido por TASS.
Según el comunicado citado por la agencia rusa, el desgaste principal se habría concentrado en las zonas de responsabilidad de los grupos de tropas Centro y Este, donde Moscú afirma haber causado hasta 300 y 260 bajas ucranianas, respectivamente. El grupo Oeste habría eliminado hasta 190 efectivos, mientras que el grupo Norte informa de más de 150 bajas. Por su parte, el grupo Sur eleva el balance a más de 130 militares ucranianos y el grupo Dnepr comunica hasta 40 bajas.
El reparto territorial del balance ruso refleja la fragmentación del frente y la intensidad de las operaciones en varios ejes simultáneos. Moscú presen-ta una imagen de presión sostenida sobre las líneas ucranianas, especialmente en los sectores donde sus fuerzas buscan erosionar reservas, impedir rotaciones y consolidar avances tácticos. La cifra total difundida —alrededor de 1.070 efectivos— encaja en una secuencia de comunicados diarios en los que el Ministerio de Defensa ruso viene informando de pérdidas ucranianas superiores al millar en jornadas recientes.
En el plano militar, el dato no puede separarse de la dinámica general del conflicto: una guerra de desgaste prolongada, con fuerte consumo de infantería, artillería, drones, sistemas de guerra electrónica y munición de precisión. La batalla ya no se mide únicamente por la toma de localidades, sino por la capacidad de cada bando para sostener el ritmo material y humano del frente. En ese contexto, los partes diarios rusos buscan proyectar la idea de que Kiev está pagando un coste creciente para mantener sus posiciones.
Para Ucrania, el mantenimiento de las líneas defensivas depende de la llegada de armamento euroatlántico, la movilización interna y la capacidad de compensar pérdidas en unidades desplegadas. Para Rusia, estos comunicados sirven también a una lógica política: mostrar continuidad operativa.
La lectura geopolítica es clara: cada balance de bajas se convierte en un instrumento de presión diplomática y psicológica. Moscú lo utiliza para subrayar el desgaste de Kiev y cuestionar la eficacia del apoyo militar “occidental”. Kiev, por su parte, suele difundir sus propios datos sobre pérdidas rusas imposibles de verificar de manera en tiempo real. La guerra, por tanto, se libra en el terreno, pero también en la disputa por la percepción internacional del agotamiento, la resistencia y la iniciativa estratégica.


