«Atasco en la nacional»: vacaciones españolas, caos familiar y un clásico injustamente olvidado

La comedia de Josetxo San Mateo convierte el veraneo de Cullera en una sucesión de desastres reconociblemente españoles


David Roque Cano David Roque Cano

(España) Combina su trayectoria profesional en la administración pública con una sólida formación musical. Durante diez años cursó estudios de música en el conservatorio, una etapa formativa que desarrolló en paralelo a la preparación de oposiciones, consolidando una disciplina de trabajo constante y una amplia sensibilidad artística.
Apasionado del séptimo arte, su relación con la cultura audiovisual se caracteriza por un entusiasmo constante por las series televisivas y la crítica cinematográfica, campos en los que mantiene una participación activa como espectador y comentarista.

Director: Josetxo San Mateo

Guion: Josetxo San Mateo y Javier Muñoz Fernández


Intérpretes: Pablo Carbonell, Anabel Alonso, Ana María Polvorosa, Luisber Santiago, Roberto San Martín y Malena Gracia

Fotografía: Ángel Luis Fernández

Quizá en La Iberofonía tengamos que acabar abriendo una sección llamada «Clásicos infravalorados». Y decimos «clásicos» con toda la ironía necesaria para provocar un pequeño infarto entre quienes sólo conceden esa categoría cuando han transcurrido cincuenta años, la película dura tres horas y alguien fuma pensativamente frente a una ventana. Porque hay películas mucho más modestas que, sin pretender cambiar la historia del cine, sobreviven extraordinariamente bien al paso del tiempo. Atasco en la nacional, estrenada en 2007 y dirigida por Josetxo San Mateo, podría inaugurar perfectamente esa sección.

La premisa difícilmente puede ser más sencilla. Manuel y Soledad Montoro se marchan con sus tres hijos —Estíbaliz, Sergio y Álex— a pasar las vacaciones de verano en Cullera. El viaje comienza como tantos otros viajes españoles de julio y agosto: coche cargado hasta los topes, ilusión bastante superior a las posibilidades económicas reales y una carretera convertida en aparcamiento. Cuando finalmente alcanzan el apartahotel, llegan tarde y descubren que aquello que habían contratado empieza a parecerse muy poco a aquello que van a disfrutar.

Y desde ese momento funciona una ley universal del cine cómico: si algo puede salir mal, todavía queda tiempo para que salga peor.

La España que se iba de vacaciones

San Mateo construye la película acumulando situaciones reconocibles hasta formar una pequeña arqueología del veraneo español de comienzos de siglo: el apartamento con desperfectos, el buffet convertido en territorio de conquista, las guerras por encontrar sitio, la fiesta nocturna, la borrachera, los pequeños engaños, las discusiones matrimoniales y esa extraordinaria capacidad de cualquier familia para transformar unas vacaciones destinadas al descanso en una prueba de resistencia.

No es casual que el propio director reconociera como referencias a Luis García Berlanga y Los Simpson. San Mateo había trabajado como ayudante de Berlanga en Todos a la cárcel y dedicó Atasco en la nacional al cineasta valenciano. Conviene no exagerar: esto no convierte automáticamente a la película en una obra berlanguiana perdida. Pero sí explica su mecanismo fundamental. La comedia no surge tanto de un gran argumento como de personajes atrapados unos con otros, situaciones que se complican, pequeñas miserias cotidianas y una sociedad reconocible llevada hasta la caricatura.

Ahí aparece Pablo Carbonell como Manuel Montoro, probablemente el personaje que mejor funciona. Manuel es ese padre de familia superado permanentemente por los acontecimientos, resignado ante una esposa con mucho más carácter y extraordinariamente vulnerable a cualquier oportunidad de complicarse todavía más la existencia.

Carbonell y Anabel Alonso forman el auténtico motor cómico de la película. Sus discusiones tienen algo de combate matrimonial continuo, pero también una química que impide que la familia Montoro se reduzca a una simple sucesión de chistes. El texto original acierta especialmente al señalar esa pareja como una de las claves del filme.

Una película técnicamente mucho más interesante de lo que parece

También merece una revisión su factura cinematográfica. Porque una comedia popular no deja de tener dirección, montaje, fotografía y puesta en escena por el hecho de incluir un buffet libre arrasado por turistas.

El guion está firmado por Javier Muñoz Fernández y el propio Josetxo San Mateo; la fotografía corresponde a Ángel Luis Fernández, el montaje a José Salcedo, la dirección artística a Rafael Jannone, el vestuario a José Miguel Carbonell y la música a La Curva. El registro oficial del ICAA fija además una duración de 105 minutos.

El montaje resulta especialmente importante porque la película trabaja por acumulación de incidentes. No necesita construir una gran trama clásica: necesita impedir que los Montoro recuperen el control. Cada pequeña solución sirve únicamente para conducirlos hacia el siguiente problema. Apartamento, playa, buffet, fiesta, carretera, Guardia Civil… el ritmo nace precisamente de esa concatenación.

La dirección artística tampoco busca embellecer Cullera. Hace justamente lo contrario: convierte el paisaje turístico en escenario cómico, explotando apartamentos, zonas comunes, terrazas, playas y establecimientos como lugares donde la promesa publicitaria de unas vacaciones perfectas choca constantemente contra la realidad.

Y hay un detalle que hoy tiene incluso más interés que en 2007: Estíbaliz, interpretada por una jovencísima Ana Polvorosa, registra continuamente las vacaciones con una cámara digital. Aquella pequeña cámara doméstica, absolutamente cotidiana entonces, se ha convertido veinte años después en una estupenda cápsula temporal. No sólo documenta a la familia dentro de la ficción: recuerda toda una época anterior al dominio absoluto del teléfono móvil, las historias de Instagram y la grabación permanente de nuestras vidas.

La crítica no tuvo precisamente piedad

En su estreno, una parte de la crítica recibió la película a martillazos. El País habló de tópicos, pobreza formal y una especie de regreso al landismo, mientras otras reseñas fueron algo menos severas y reconocieron al menos su capacidad para provocar una sonrisa y retratar determinados comportamientos del veraneante español.

Vista casi veinte años después, quizá ahí estuviera precisamente parte del problema. Atasco en la nacional nunca quiso ser una película sofisticada. Quería ser una comedia popular sobre españoles de vacaciones y utilizó deliberadamente el tópico como materia prima.

No todo funciona. Hay gags mejores y peores, algunos personajes son deliberadamente gruesos y Carbonell sostiene demasiadas secuencias prácticamente él solo. Pero exigirle otra película distinta para después reprocharle no haberla realizado tampoco parece el procedimiento crítico más razonable.

Además, hubo espectadores. Según los datos oficiales del ICAA, 285.717 personas pasaron por las salas españolas y la película recaudó 1.526.327 euros. No estamos ante una obra secreta descubierta en una lata dentro de un almacén: estamos ante una comedia que tuvo circulación comercial y que después prácticamente desapareció de la conversación sobre el cine español de aquellos años.

Y quizá merezca regresar.

Porque entre apartamentos imposibles, asaltos al buffet, borracheras, guardias civiles, discusiones matrimoniales y vacaciones que avanzan siempre al borde de la catástrofe, Atasco en la nacional consigue algo que muchas comedias aparentemente más distinguidas no logran: que reconozcamos inmediatamente el país, la época y, seguramente con algo de vergüenza, a alguien de nuestra propia familia.

Así que sí: habrá que estudiar seriamente eso de abrir «Clásicos infravalorados».

Nos tememos que material no va a faltar.

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