Santiago Armesilla
(España) Doctor en Economía Política por la Universidad Complutense de Madrid con sobresaliente cum laude y doctorando en Filosofía por la Universidad de Salamanca. Licenciado en Ciencias Políticas, cuenta con dos másteres: en Análisis Político y en Formación del Profesorado. Ha sido investigador posdoctoral en el CONICET (UBA) y ha desarrollado una amplia carrera docente e investigadora. Es autor de varios libros, entre ellos Lenin. El gran error que hizo caer la URSS (Almuzara). Desde 2024 es rector del Instituto Beatriz Galindo – La Latina.
Tras la publicación en este medio, La Iberofonía, de un Manifiesto en defensa de la soberanía nacional de Venezuela en particular, debido a la invasión militar de los Estados Unidos de Norteamérica a una nación política iberófona hermana y al secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, se ha producido una irreversible, y necesaria, escisión, en eso que algunos han llamado hispanismo político.
Como ha explicado Marcelino Lastra en otro artículo en este mismo medio, la gestión política, económica y geopolítica del chavismo, en líneas generales, ha sido históricamente pésima. Más allá de parciales logros económicos durante los primeros años de Hugo Chávez, al menos hasta la Gran Recesión de 2008, y del último Maduro en el periodo 2024-2025, la economía venezolana no ha podido remontar el alud de sanciones económicas, impulsadas por EEUU, la UE, Canadá, Reino Unido e, incluso, Panamá y Curaçao (una microisla caribeña perteneciente a los Países Bajos), que podría remontar si hubiese realizado una insubordinación fundante. En realidad, todo esto está relacionado con tener un régimen guiado por el idealismo filosófico y la Leyenda Negra Antiespañola. Por el idealismo filosófico, porque si los chavistas hubiesen, de verdad, instaurado una dictadura, habrían ilegalizado a todos los partidos políticos salvo al PSUV, absorbiendo a los militantes más útiles para su causa del resto de fuerzas políticas, y no habrían establecido una suerte de mezcla extraña entre democracia liberal burguesa avanzada y régimen priísta mexicano con una fuerza política que ganara elecciones por siempre jamás. Porque, al final, este tipo de sistema político es idealista, no se puede sustentar en el tiempo más que mediante el poder militar, el verdadero eje del poder político venezolano. Pero ese poder militar ha quedado en entredicho tras la detención y rapto de Maduro por parte de los marines estadounidenses. Este modelo de democracia liberal con hegemonía partidaria del PSUV a través del Gran Polo Patriótico mediante un sistema que se llamó “democracia participativa y protagónica” no se ha sostenido salvo por la renta petrolera y el control militar de las principales empresas del país. Sin esto, las sanciones económicas desde 2014, y que han provocado el éxodo internacional de millones de venezolanos, no habría durado hasta el 3 de enero de 2026. De este idealismo filosófico son responsables los políticos venezolanos, pero también los penosos y patéticos asesores españoles izquierdistas que han tenido desde la Fundación CEPS. Hay que señalarles con nombres y apellidos: Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias, Manolo Monereo, Íñigo Errejón, Heriberto Cairo, Arantxa Tirado, Carolina Bescansa, Carlos Fernández Liria, y muchos otros podemitas de izquierda indefinida han sido los responsables del fracaso del chavismo. El idealismo se paga, y se paga con la vida.
Y dicho idealismo filosófico va de la mano de la Leyenda Negra Antiespañola. La que el chavismo ha defendido, sobre todo, desde el golpe de Estado de 2002, apoyado por España estando de presidente José María Aznar, y que le llevó a alejarse de cualquier proyecto de reorganización del mundo hispano. El bolivarianismo siempre fue un latinoamericanismo indigenista que, desde el poder, apoyó el secesionismo catalanista y vasquista, y alojó en Venezuela a terroristas de ETA, como Iñaki de Juana Chaos, que vive todavía allí. Uno de los más sanguinarios terroristas de la historia de España. También esos asesores españoles que mencioné en el párrafo anterior eran, y son, negrolegendarios, hispanófobos. Y conectaron bien con el régimen bolivariano. Este coctel, junto con otros ya mencionados por Marcelino Lastra en su artículo, explican la caída de Maduro, aunque todavía no del chavismo, pero sí de su progresiva transformación en un títere de EEUU.
Pero más allá de todo esto, el Manifiesto publicado el día 3 de enero de 2026 en La Iberofonía demuestra que eso que se ha llamado hispanismo, o mejor, hispanismo político (para diferenciarlo del académico) no es más que un movimiento folclórico de nostalgia de un pasado que jamás se ha vivido (el del Imperio Español), defendido desde posiciones liberales y conservadoras que, tras la máscara hispanista, defienden en realidad el atlantismo (la subordinación de España a EEUU), el panamericanismo (la subordinación de Hispanoamérica a EEUU) y el europeísmo (la permanencia de España en la Unión Europea), sin un proyecto de futuro de liberación nacional del mundo hispano. Más allá de declamaciones contra la Leyenda Negra Antiespañola, el hispanismo político no es más que un derechismo sociológico y político subordinante al anglosajón. Y me atrevería a decir que, desde hace tiempo, está controlado y dirigido por elementos formados ideológicamente por la inteligencia anglosajona. Para este hispanismo político, la llamada Hispanidad, que no existe como unidad política y solo existe como unidad cultural solapada con otras (Iberofonía, Latinoamérica) no es más que la obra de España en la Historia Universal, entendida dicha obra como una parte de la obra de la inexistente Civilización Occidental. Por eso, muchos hispanistas ven el mundo anglosajón capitalista y protestante como parte de lo que ellos son. Los ven como aliados frente a terceros (China, Rusia, el Islam). Este hispanismo político no es más, en definitiva, que una visión del pasado hispano con las lentes de ideologías nacidas en el mundo anglosajón: liberalismo y conservadurismo político.
¿Y por qué el Manifiesto del 3 de enero de 2026 en La Iberofonía ha roto el hispanismo político? No por las personas que lo han respaldado con su firma, su nombre y apellidos. Ellos, cada uno de su padre y de su madre, siendo firmantes algunas personas con la que discrepo en muchísimas cosas, sí tienen la honra y el honor de defender, por encima de todo, la soberanía nacional de los países iberófonos, más allá de proyectos políticos. A ellos, mi pública admiración y gratitud. El problema son los que no han querido firmar, bien por cobardía, bien porque son anglófilos encubiertos. Los firmantes del Manifiesto sí tenemos un proyecto de futuro para el mundo hispano. Si vemos la Hispanidad, o mejor dicho, la Iberofonía, como un proyecto de liberación nacional, emancipador. Y por eso, más allá de cómo nos caiga Maduro, si la Argentina de Javier Milei sufriera un ataque de EEUU, la defenderíamos igual.
El 3 de enero de 2026 el hispanismo político ha muerto de manera irreversible. La escisión es ya inevitable. Ha habido un punto de inflexión. Llevo años rebelándome contra los progre-liberales de hoz y martillo que pululan por el mundo. Ahora toca denunciar a aquellos que enarbolan la bandera de la Cruz de Borgoña mientras con ella tapan la Unión Jack y la bandera de las barras y las estrellas. El 3 de enero de 2026 nace algo nuevo, algo que está siendo trabajado desde hace años. Su horizonte es la Iberofonía, más que la Hispanidad. Y la defensa de la unidad territorial y de la soberanía de las naciones iberófonas de todos los continentes es su base. Todo el que vaya en contra de esta base, será nuestro enemigo.


