José Julio Cuevas Muela
(España) Trabajador de formación autodidacta y nómada laboral que compagina su trabajo con la divulgación en diversos medios y canales. Es miembro del Instituto Español de Geopolítica, codirector del canal de Instagram Discrepantes y codirector del canal de YouTube El Espía del Telón. También es articulista y ha escrito para revistas como Geopolitika.ru, El Viejo Topo, La Comuna y Geoestrategia.eu, y ha dado conferencias en cursos internacionales donde la geopolítica era el tema principal.
Antes de entrar en materia, me gustaría hacer una pequeña observación que se podría interpretar como un pequeño aviso con fecha temprana de caducidad. A la vista de los últimos acontecimientos en Asia Occidental, espero que este artículo no quede obsoleto en cuestión de horas —aunque me temo que así va a ser— a sabiendas de los fuertes cambios de panorama global que venimos presenciando desde el inicio de la tercera fase de la guerra de agresión de la Alianza Epstein (EEUU-Israel) contra la República Islámica de Irán el 28 de febrero de este año —y que se inició en mitad de un proceso de negociaciones entre EEUU e Irán, donde este último estaba dispuesto a ceder a ciertas exigencias que hoy son imposibles de lograr. Como pequeño recordatorio de la historia reciente, la primera fase fue la guerra de junio de 2025 —también lanzada a traición en mitad de una negociación con Irán—, donde claramente la fuerza militar persa se supo imponer ante una Alianza Epstein que infravaloró a su adversario. Y la segunda fase podríamos ubicarla en la transformación de las manifestaciones legítimas de finales de diciembre de 2025 del bazar iraní —por la situación económica del país— que se transformaron, a causa de la injerencia extranjera, a partir de los días 8 y 9 de enero de 2026, causando 3.117 muertos identificados con sus nombres y cédulas correspondientes (de los cuales 2.427 eran civiles y fuerzas de seguridad y 690 terroristas y agentes extranjeros de la CIA y el Mossad infiltrados en las manifestaciones para crear una inestabilidad nacional que forzase un cambio de régimen). Además, en dichas revueltas la destrucción de la infraestructura civil y privada fue instantánea y numerosa:
305 ambulancias y autobuses; 24 gasolineras; 700 tiendas; 300 viviendas particulares; 750 bancos; 414 edificios estatales; 749 comisarías; 120 centros Basij; 200 escuelas; 350 mezquitas; 15 bibliotecas; 2 iglesias cristianas armenias; 253 estaciones de autobuses; 600 cajeros automáticos; 800 coches particulares y un largo etcétera.
Una revuelta que fue instada desde el Occidente realmente existente en general y por Tel-Aviv y Washington en particular, ya que eran los principales beneficiarios de este “Maidán iraní” en caso de ser triunfante, y tenían a Reza Pahleví II —hijo del sanguinario y corrupto Sha que huyó del país tras el triunfo del ayatolá Jomeini en 1979— como pieza dirigente para instaurar un cambio de régimen hacia una monarquía dictatorial que balcanizaría el país y se convertiría, una vez más, en un Estado subsidiario de Israel y EEUU. Para Israel, cumplía un sueño húmedo y un objetivo fundamental para consolidarse como potencia regional a un nivel superior, al acabar con la vértebra principal del Eje de la Resistencia y así proseguir tanto con su construcción del Gran Israel —por medio de la expansión imperialista, la guerra de agresión y la limpieza étnica desde la península del Sinaí hasta la costa iraquí del Golfo Pérsico— que va acompañada del Plan Yinon (balcanizar la región quedando Israel como única unidad estatal superior y consolidada) donde el siguiente actor a derribar sería Turquía —pues se convertiría en el siguiente competidor de esta carrera de potencias regionales— quedando así Israel como una pieza hegemónica en Asia Occidental. Y en el caso de EEUU, anulaba un núcleo fundamental en el marco económico de los países BRICS, atacando así tanto el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC) de Rusia (que une el puerto de San Petersburgo con el puerto indio de Mumbai), como el punto de paso de la línea terrestre de la Franja y la Ruta (OBOR) de la República Popular China (que une a China con Europa).
Otro beneficio más, sería dominar un Estado Pivote como es Irán, ya que se encuentra conectado como nodo entre los dos gigantes enemigos de EEUU (Rusia y China), porque actuaría de cuña para desestabilizar ambas potencias emergentes. A Rusia a través del Caspio o la antigua Transcaucasia (Georgia, Armenia y Azerbaiyán), pudiendo cumplir la estrategia de Brzezinski de los «Balcanes euroasiáticos» por la zona del Cáucaso norte. Y a China a través del corredor de Pakistán o Afganistán, que le posicionaría en la parte noroeste del territorio, es decir, en la zona del Xinjiang. Dos zonas, por cierto, en las que tanto para Rusia como para China han sido problemáticas debido al factor islamista, separatista y terrorista fagocitado principalmente desde ese Occidente liberal, democrático y epsteiniano.
Y ahora, en el escenario en el que nos encontramos, es del todo ventajoso —aparentemente— para Irán. A pesar de llevar más de cuarenta días de agresión, Irán —con su modelo de Defensa de Mosaico y su estrategia de unificación de frentes con el Eje de la Resistencia— ha mostrado una capacidad de adaptación sin precedentes en una guerra asimétrica contra dos potencias nucleares sumamente tecnológicas. Ha demostrado que la guerra de desgaste prolongado —y con ciertas desventajas— es el talón de Aquiles de ese mundo que se erigió Unipolar en 1991 con la caída de la URSS y ahora es incapaz de derrotar a un Estado que lleva sufriendo guerras, bloqueos y sanciones desde el triunfo de la Revolución Islámica en 1979. Una guerra que, por un lado, no está pensada para destruir a las dos potencias agresoras, sino para que no alcancen sus objetivos estratégicos y, además, colapsen internamente por la fuerza de los hechos. Y, por otro, ha enseñado dos cosas:
- Que el avance tecnológico no es ya una ventaja estratégica en detrimento del enemigo, sino un punto débil con grandes aspectos explotables en beneficio de aquel que tiene menos capacidades. Un aspecto que también se ha presentado en la guerra de la OTAN contra Rusia a partir de febrero de 2022.
- Con armas sumamente baratas que no llegan a 50.000 dólares (como algunos modelos de los drones iraníes Shahed-136, que los tienen hasta de un costo que va desde los 3.500 dólares a 8.000 dólares), puede acabar con armas de costosa producción económica y de larguísima fabricación, como los radares de defensa antiaérea que tenía EEUU en el Golfo Pérsico (que eran parte fundamental en la estructura de seguridad de la región). El ejemplo más paradigmático fue como dos unidades del radar AN/TPY-2 —que da soporte al sistema estadounidense antimisiles THAAD— ubicadas en EAU y Jordania, valoradas cada una en unos 500 millones de dólares, fueron destruidas por un dron Shahed-136 de 30.000 dólares. Al igual que el famoso AN/FPS-132, ubicado en la base de Al Udeid (Qatar), y que a pesar de valer 1.100 millones de dólares, fue destruido con otro Shahed-136.
En estos mismos instantes, hay una reunión de alto nivel en Islamabad entre EEUU e Irán, siendo el país anfitrión el mediador de este conflicto, después de que Washington pidiera un alto el fuego de dos semanas a Irán el miércoles 8 de abril que, por supuesto, Israel no acepta a pesar de ser la otra parte clave de este conflicto —así lo ha demostrado asestando ese día el mayor bombardeo sobre el Líbano en toda su historia, lanzando 160 bombas en diez minutos, causando más de 250 muertos y más de 1000 heridos— ya que contraría sus objetivos de política exterior (expansionismo sionista) y política interior (mantenimiento del gabinete de Netanyahu). Un acontecimiento que viene después de que el 24 de marzo se hiciese público el envío de EEUU a Irán de un documento de 15 puntos que —más que un documento para un alto el fuego y propuesta de paz— era una base para la rendición incondicional de Irán y una forma de repetir el escenario libio de 2011 en Teherán. Estos puntos filtrados eran los siguientes:
- Desmantelar por completo la capacidad nuclear iraní (instalaciones de Natanz, Isfahán y Fordow).
- Entregar todo su uranio enriquecido al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
- Comprometerse de forma permanente a no buscar armas nucleares.
- Limitar su programa de misiles en alcance y cantidad, usándolos solo para autodefensa.
- Cesar la financiación y el armamento de sus aliados regionales del Eje de la Resistencia (Hezbolá, Hamás, hutíes, etc).
- Mantener abierto el estrecho de Ormuz como zona marítima libre.
A cambio, EEUU ofrecía:
- Levantamiento de todas las sanciones internacionales contra Irán.
- Asistencia para un proyecto nuclear civil en la central de Bushehr.
- Eliminación del mecanismo snapback (es decir, una reimposición automática de sanciones de la ONU sin necesidad de una nueva votación en el Consejo de Seguridad de la misma).
La propuesta, evidentemente, fue rechazada inmediatamente por Irán. Entonces, Trump reinició su ronda de amenazas continuas con, finalmente, un «ante-ultimátum» de destruir las centrales eléctricas, puentes iraníes e incluso a toda su civilización, tal y como expresó el 8 de abril, horas antes de pedir el alto el fuego al ver que su estrategia de mafioso promotor inmobiliario no funciona en las relaciones internacionales con un Estado-Civilización como Irán, con un conocimiento, inteligencia e historia milenarias.
Volviendo a la reunión en Pakistán, esta se está haciendo sobre la base de los 10 puntos propuestos por Irán, lo que ya muestra una clara posición de fuerza en este aspecto, ganada gracias a la guerra de desgaste que está haciendo colapsar a las dos potencias agresoras. Es el resultado de poseer tanto la iniciativa estratégica como el control de la escalada, que acabas por imponer el propio tablero de juego a tu enemigo y, por tanto, tiene que jugar con tus reglas. Los mencionados puntos, dependiendo de las fuentes a las que acudamos, van variando en orden, en enumeración e incluso en desglose, pero en todas las versiones de estos coinciden en lo fundamental en cuanto a las exigencias de Teherán.
Como mencionamos, esta negociación no se basa en los 15 puntos de EEUU, sino en los 10 puntos de Irán, por lo que el marco de negociación está fijado en torno a las exigencias iraníes. Suponiendo un factor ventajoso y estratégico por parte del gobierno de Teherán al ser este ahora quien fija las reglas de resolución del conflicto, siempre y cuando no cometa el error de mostrar una predisposición de flexibilidad en cuanto a las condiciones impuestas. Aunque, claro está, en las negociaciones todo es posible, y ahí tenemos los precedentes. Estos 10 puntos suponen en sí una estructura donde se yuxtaponen puntos nacionales (Irán) con puntos regionales (Eje de la Resistencia) con sus debidas dimensiones económicas, militares, nucleares y energéticas que aseguran toda una esfera de estabilidad para con la parte agredida, tomada regionalmente, siendo Irán el núcleo de la misma.
Los puntos en cuestión los hemos fundido, porque creemos que hay puntos que parecen un fragmento de otro. Y con el fin de analizarlos, sintetizarlos y darles una forma más clara y directa, hemos optado por reducir el número total a 9, pero no el contenido de los mismos. Son los siguientes:
- Compromiso de EEUU-Israel de que Irán no volverá a ser atacado: El principio de «paz mediante la fuerza» estadounidense queda anulado con esta condición, lo que modifica ese principio agresivo de disuasión estadounidense materializado con una amenaza de intervención. Un actor al que solo le quedaba la amenaza pública como recurso después de que Irán hiciese añicos su estructura de «seguridad ofensiva» regional, que apuntaba y rodeaba directamente a Irán, ejerciendo una presión y amenaza directa sobre sus fronteras y su campo de acción natural.
- Cese de ataques israelíes contra los aliados de Irán: Implica extender el marco de seguridad y garantías a todos sus aliados en la región (milicias iraquíes, hutíes de Yemen, Hezbolá en el Líbano) que conforman el Eje de la Resistencia, es decir, la arquitectura de seguridad iraní. Esto implica un condicionamiento por interconexión regional, es decir, lo que ocurra en los territorios aliados de Irán afecta a las condiciones totales del acuerdo, representando Irán al Eje de la Resistencia y el punto que activa o desactiva las fuerzas en la región. Es condición primordial que cese el fuego sobre territorio aliado de Irán para que, no solo el acuerdo siga en vigor, sino que las negociaciones en proceso se sigan manteniendo.
- Continuación del control iraní sobre el Estrecho de Ormuz: Esto asegura que este paso energético crítico quede en manos de Irán como carta o palanca estratégica para la garantía del cumplimiento de los puntos del acuerdo. Ya dejó de ser un paso gratuito, sino que habrá un pago previo de 2 millones de dólares para poder atravesarlo. Dinero que servirá para reparar los daños causados por la Alianza Epstein en el país, desarrollar sus planes y programas, suponiendo así la obtención de un activo de explotación económica más como botín de guerra. Esto convierte a Irán en pieza clave para el flujo energético global y de otras materias, como GNL, fertilizantes, helio, aluminio… esenciales para el desarrollo tecnológico, la producción industrial, agraria y el mantenimiento de infraestructuras en todo el mundo. Todo bajo una premisa clara: sin Irán no funciona el resto del mundo.
- Aceptación de enriquecimiento de uranio: Irán asienta la irreversibilidad de su programa nuclear, insertándolo como condición inseparable de la soberanía nacional —como derecho a su desarrollo médico, tecnológico y de otros ámbitos— y no puede usarse como excusa para la presión internacional ni para la intervención armada de EEUU, Israel u otros actores del Occidente realmente existente. Esta guerra ha asegurado y reforzado la importancia de este punto tanto en la dirigencia política como en la base popular del país —habiendo comprobado lo crucial que es como garantía de seguridad al aumentar el poder de disuasión— unido a la anulación de la fatwa (edicto jurídico) emitida por el ayatolá Alí Jamenei, asesinado por la Alianza Epstein el 28 de febrero. Las armas nucleares, aunque ya son un tabú fracturado, siguen siendo el verdadero derecho internacional que, por cierto, parece ser condición para formar parte del Consejo de Seguridad de la ONU y, por lo tanto, tener derecho de veto.
- Terminación de todas las resoluciones de la Junta de Gobernadores de la OIEA y la ONU: Esto echa abajo la rigidez y la unilateralidad para la interpretación del marco jurídico a cumplir en materia nuclear. Deja de ser así un instrumento de presión unilateral y pasa a ser una cuestión interpretativa que ya no es un monopolio de Occidente. Por lo que las normas ahora están sujetas a una interpretación flexible, donde países discuten qué significan y no están sometidos a la rigidez impuesta por las potencias occidentales. Esta condición impide que, bajo resoluciones de la ONU o la OIEA, se aplique un régimen de sanciones contra Irán. La resolución más reciente fue la emitida en noviembre de 2025, cuyo impulso fue posible por EEUU, Alemania, Francia y Reino Unido, que presionaba a Irán para que informase inmediatamente sobre su posesión de uranio enriquecido y sobre sus instalaciones dañadas por EEUU e Israel en junio del mismo año. Irán considera dichas resoluciones una presión política ilegítima (la OIEA nunca observó que Irán desarrollase el material nuclear con fines militares ni tampoco predisposición a ello); un instrumento de doble rasero (Israel no ha firmado el TNP a pesar de tener armas nucleares y EEUU es el segundo país con más cabezas nucleares, y con antecedentes criminales de agosto de 1945 por haber usado bombas atómicas contra las poblaciones civiles cristianas de Hiroshima y Nagasaki) y un obstáculo a su soberanía nacional (Teherán tiene derecho a desarrollar su proyecto nuclear con fines civiles acorde a sus planes y programas).
- Redefinición del régimen de las inspecciones nucleares: Las inspecciones de la OIEA deben ser técnicas y no políticas, es decir, que no serán una herramienta política coercitiva para justificar sanciones, influir en las decisiones diplomáticas y legitimar presiones internacionales. Tan solo serán de mera verificación neutral de los datos del poder nuclear iraní como compromiso internacional, por lo que dichas inspecciones pasarán de instrumento de poder político a un mecanismo de verificación administrativa sin impacto en la soberanía iraní. Unas inspecciones, por cierto, que tampoco permite Israel en la central de Dimona en el desierto del Néguev (al sur del ente sionista), ya que no firmó nunca el TNP y eso le hace constar oficialmente como país sin centrales nucleares.
- Eliminación de las sanciones primarias y secundarias, incluida la liberación de activos iraníes congelados: Nos detendremos un poco en este punto. Las sanciones primarias son, en este caso, aquellas que prohíben a ciudadanos, empresas o bancos de EEUU hacer negocios con Irán. Y las sanciones secundarias son las de carácter extraterritorial, o sea, prohíben y castigan a terceros países y empresas extranjeras a comerciar con Irán. Herramienta que siempre ha sido la predilecta de los EEUU para lanzar una guerra económica contra sus rivales geopolíticos (Cuba, Venezuela, Nicaragua, Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte, etc). Medidas que —atendiendo a ese Derecho Internacional Público que tanto le gusta defender discursivamente a Occidente— van en contra del artículo 2 (en sus párrafos 1, 4 y 7) y el artículo 41 de la Carta de las Naciones Unidas del 24 de octubre de 1945. Todo un ejemplo de ese «libre comercio sin interferencia estatal» que solo es humo ideológico del anglo-liberalismo neoclásico. Esta herramienta de coerción económica es posible para EEUU por el sistema monetario y financiero de Bretton Woods que se constituyó en Occidente a partir de julio de 1944, suponiendo básicamente el primer el primer paso para la globalización capitalista impuesta en 1991 con el fin de la Guerra Fría y el Mundo Bipolar. Esto le permitió a EEUU controlar los principales nodos del sistema financiero mundial, cuya estructura era básicamente de creación estadounidense: uso del dólar en las transacciones comerciales (moneda entonces hegemónica), acceso a bancos y mercado estadounidenses y conexión a redes financieras globales (sistema SWIFT, BM, FMI, JP. Morgan, Goldman Sachs, Citibank, etc). Por lo tanto, no solo la arquitectura económica global era de dominio estadounidense, sino que ello implicaba dar a elegir a los Estados y empresas entre comerciar con el gran mercado de EEUU o con Irán, teniendo esto últimos ciertas repercusiones financieras. Ahora, este desmantelamiento paulatino de las sanciones hace que estas pierdan tanto capacidad de intimidación como de efecto real en la economía de los Estados, pues hay otros sistemas alternativos al Sistema de Bretton Woods (los sistemas de comunicación bancaria CIPS chino o el SPFS ruso) y una estructura en marcha, ya activada por Irán al cobrar el petróleo del Golfo en petroyuanes y no en petrodólares, asestando un ataque a la línea de flotación fundamental de la divisa estadounidense. Igualmente, esto supondría la reinserción de Irán en la economía global al no tener los otros países ningún riesgo al comerciar con el país persa.
- Pago de compensaciones de guerra a Irán: En cuanto a este punto hay información contradictoria. Según algunas fuentes, como los analistas de mercados de capitales globales The Kobeissi Letter, Irán habría optado por optar por cobrar las tasas de 2 millones de dólares en lugar de reparaciones de guerra. Por el contrario, según la iraní Agencia de Noticias Tasnim, una de las condiciones es precisamente el pago de reparaciones de guerra como un punto a parte del control sobre el Estrecho de Ormuz. En cualquier caso, esto significaría que no solo se reconocería a Irán el dominio sobre el Estrecho de Ormuz y su marco jurídico para la regulación de paso (donde quedaría como único beneficiario), sino un pago por todos los daños de guerra ocasionados desde el 28 de febrero de 2026 por EEUU e Israel. Esto constituye una exigencia política de reconocimiento internacional de los daños ocasionados por los responsables. Esta condición ha sido impuesta por Irán amparándose legalmente en el documento emitido en 2001 por la ONU Responsabilidad de los Estados por Hechos Internacionalmente Ilícitos y que estipula una reparación completa que incluye: la restitución (restablecer el estado material anterior a la guerra, en este caso de Irán), compensación financiera por las pérdidas humanas y materiales y la satisfacción moral por medio de una disculpa oficial emitida por la parte agresora (es decir, EEUU e Israel). Aunque —como toda formalidad jurídica internacional— este marco tiene sus trampas, y la que aquí descansa es que estas medidas deben ser emitidas por la Corte Internacional de Justicia para que tengan una aplicabilidad directa. Y se sabe que EEUU e Israel históricamente se niegan a reconocer las decisiones de tribunales internacionales, y más aún en este contexto de crudeza por parte de ambos, donde el propio Trump afirmó en enero de 2026 que no necesita el Derecho Internacional y que “actúa según su moralidad y espíritu” después de haber retirado a EEUU de 66 organizaciones, tratados y convenios internacionales. En el caso de que las medidas enmarcadas en este punto no se cumplan, el ayatolá Mojtaba Jamenei afirmó que Irán procedería a destruir “propiedades enemigas de valor equivalente” mediante la intensificación de las operaciones militares, así publicado por el periódico palestino Al-Quds Newspaper el 7 de abril.
- Retirada progresiva de las fuerzas estadounidenses de la región: La implicación de este punto ya supone una victoria iraní a escala total. Como bien reza el punto, la retirada es de carácter progresivo, es decir, no supondrá una retirada instantánea de las fuerzas militares estadounidenses y puede suponer una redistribución de estas, aunque a una escala menor. Irán, con su potencia misilística y su estrategia de saturación de las defensas antiaéreas, ha demostrado que la inviolabilidad del marco de seguridad estadounidense era un mito y ha destruido toda la arquitectura que asentó en la región desde que en 1971 asumiera el liderazgo del Golfo Pérsico en materia de seguridad; en 1974 firmara el Acuerdo del Petrodólar con Arabia Saudí y en 1991 estableciera bases militares permanentes tras la Guerra del Golfo. Esta cadena de bases proporcionaba control, seguridad y estabilidad aparente a las petromonarquías dictatoriales de la zona para que fueran destinos atractivos para el turismo, las inversiones y también para extranjeros multimillonarios. Pero ahora todo esto se ha vuelto del revés, suponiendo en estos momentos la presencia estadounidense un factor de inestabilidad y fricción porque erosiona la soberanía de una potencia regional como Irán. Un cambio que puede suponer la construcción de una nueva arquitectura de seguridad regional de sustitución donde, por ejemplo, Turquía, Irán y Pakistán podrían ser los impulsores locales en esta parte de Asia Occidental por medio de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Esto daría un respiro en materia estratégica a Rusia y China, ya que fuerzas estadounidenses habrían sido debilitadas en zonas cercanas a sus fronteras y en un núcleo de sus conexiones económicas alternativas como Irán. En términos académicos de la geopolítica clásica, esta parte de la telurocrática Isla Mundial, como diría Mackinder, estaría exenta de fuerzas talasocráticas, como apuntaría Carl Schmitt.
Como bien apuntó el magnífico analista e iranólogo Xavier Villar en su artículo «Un alto el fuego que reordena el lenguaje del conflicto» publicado el 8 de abril en HispanTV y en nuestra revista Geoestrategia.eu, “lo relevante no es la suma de los puntos sino su articulación, porque no constituyen un paquete negociado sino un sistema coherente de restricción del margen operativo estadounidense, condensando un desplazamiento previo de poder ya inscrito en el terreno”.
Que esto no se tome como un punto y final de una guerra que será eterna, hasta la completa destrucción de las partes formales de esa Alianza Epstein. Ellos no entienden el lenguaje formal o las disposiciones jurídicas de ese casi metafísico derecho internacional, sino el lenguaje de las armas y la fuerza. Como dije en ocasiones anteriores en diferentes medios: Al igual que Lenin dijo que la democracia es un fusil en el hombro de cada obrero, el derecho internacional es toda cabeza nuclear que esté en un vector de lanzamiento de un país soberano. Y no es una mera frase, sino una realidad efectiva, pues es la característica que comparten todos los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.


