Jaime Díez
(España) Pasó su infancia en Barcelona y se trasladó a Madrid con su familia, donde terminó sus estudios. Hispano. Miembro de las Vanguardias Iberófonas, maestro de obras, en continua formación en economía, materialismo político y análisis geopolítico.
Mientras China despliega una estrategia cuidadosa de control de su población musulmana, países como España —y también algunos países miembros de la Unión Europea— navegan sin rumbo, delegando de facto la gestión del Islam en su territorio a potencias extranjeras como Marruecos y Arabia Saudí. Aunque también tenemos a a Suiza que adopta posturas abiertamente restrictivas. Un reciente tuit de The Daily CPEC destaca la aprobación en China de nuevas regulaciones para apoyar las escuelas coránicas y expandir la educación islámica a nivel nacional. De ser cierta esta medida, lejos de ser un acto aislado, se suma a gestos como la eliminación de impuestos sobre bienes esenciales para el Ramadán, dibujando el retrato de un Estado que utiliza la astucia y la diplomacia cultural para fortalecer sus lazos internos y externos con el mundo musulmán y de paso tomar las riendas. En las antípodas, la pasividad de España y de otros países de la UE plantea serias dudas sobre su soberanía y cohesión social.
La estrategia de China: Apoyo tangible y soberanía religiosa
Las iniciativas de China no son meros gestos simbólicos, sino políticas concretas con un impacto real. La medida destacada en el post sobre la eliminación de impuestos en productos básicos para el Ramadán (como dátiles y leche) ofrece un alivio económico directo a las familias musulmanas, demostrando una sensibilidad práctica hacia sus tradiciones religiosas. Esto se complementa con el apoyo a la educación islámica y al desarrollo de mezquitas, pero con condiciones.
El marco legal chino, lejos de prohibir la educación religiosa, la regula meticulosamente para garantizar que se desarrolle dentro de los parámetros del estado chino: Aculturación por la vía rápida. El reciente «Reglamento para la Gestión de Instituciones Religiosas» establece las bases para el funcionamiento de escuelas, incluyendo las islámicas. Este reglamento subraya principios clave que revelan la profundidad de la estrategia china:
1. Independencia y autosuficiencia: El artículo 5 del reglamento es claro: «Las instituciones religiosas se adhieren al principio de autonomía e independencia, no están sujetas a la dominación de fuerzas extranjeras y no deben cooperar con organizaciones y personas del extranjero para administrar escuelas». Esta es una cláusula de soberanía que en la UE no se aplica.
2. Formación Local con Valores Locales: Se exige que los líderes religiosos sean formados dentro del país, con un plan de estudios que, junto a las materias teológicas, incluye cursos obligatorios sobre la ley, la cultura y los valores socialistas chinos. Marxismo con características chinas. Esto asegura que los imanes sean ciudadanos chinos formados para integrar su fe dentro del contexto nacional.
Al garantizar que las mezquitas y escuelas coránicas se financien y gestionen localmente, China ejerce un control efectivo sobre el discurso religioso, previniendo la injerencia de agendas extranjeras y fomentando una versión del Islam que es, ante todo, china. No se trata solo de permitir el culto, sino de moldear un Islam que sea compatible con la estabilidad y la unidad del país.
La Imprudencia de España y otros países de la UE: El vacío que llenan potencias extranjeras
Frente a este modelo de gestión centralizada y soberana, la situación en España y otros países de la UE presenta un contraste alarmante. España, a pesar de su acuerdo de cooperación con la Comisión Islámica de España (CIE) de 1992, dejó un vacío legal y financiero crucial. Al no establecer un sistema robusto de financiación pública y formación de imanes para su creciente población musulmana (más de 2,4 millones de personas), abrió la puerta a que otros actores estatales ocuparan ese espacio.
Marruecos y Arabia Saudí se han convertido en los principales financiadores de mezquitas y asociaciones islámicas en España. Según informes, Marruecos ha destinado más de 1,4 millones de euros en apoyo a mezquitas en Madrid y Cataluña. Esta financiación no es desinteresada. Responde a una clara competición geopolítica:
· Arabia Saudí promueve, a través de su financiación, una visión del Islam más cercana al wahhabismo, una interpretación rigorista y conservadora.
· Marruecos, por su parte, busca mantener el control sobre su diáspora y promueve un “islam del justo medio” para contrarrestar influencias más radicales, pero siempre bajo su supervisión.
La consecuencia es que una parte significativa de los lugares de culto musulmanes en España quedan sujetos a los designios religiosos y, potencialmente, políticos de gobiernos extranjeros. Un expresidente de la Comisión Islámica de Melilla lo expresó con crudeza: “Mientras no tengamos nuestros propios imanes, es mejor que las mezquitas estén bajo la gestión de Marruecos”. Esta declaración evidencia la falta de soberanía religiosa, la dejadez y la percepción de que la influencia marroquí es el mal menor frente a otras opciones. Es la “imprudencia” de no haber formado una generación de líderes religiosos locales e integrados en la sociedad española, dejando la fe movilizadora de sus ciudadanos en manos extranjeras.
El Modelo Suizo: Restricción y desconfianza
El enfoque en el subcontinente europeo no es uniforme, y Suiza representa una tercera vía, la de la restricción explícita. En 2009, el país aprobó en referéndum una iniciativa que prohíbe la construcción de nuevos minaretes en su territorio. Aunque el gobierno federal suizo se opuso a la medida por considerarla contraria a los derechos humanos, el resultado refleja un profundo malestar social y una política de integración basada en la prohibición más que en el acomodo.
Esta decisión, que afecta a un símbolo arquitectónico pero no prohíbe las mezquitas, crea un clima de discriminación a ojos de una izquierda indefinida, que se mueve entre el krausismo más acomodaticio y la discriminación anti-católica pero pro-islámica que incluye el apoyo al sacrificio de corderos sin aturdimiento y en la vía pública para su posterior despiece pero que ataca ferozmente las corridas de toros y rodeos aunque sean en suelo extranjero por considerarlo un espectáculo denigrante. El hecho de lograr la protección animal aquí queda a un lado. Casos recientes, como la oposición de un municipio a la creación de un centro cultural islámico en Siebnen (a pesar de que la financiación era exclusivamente local y no había cambios externos previstos), demuestran que la desconfianza persiste y se manifiesta en el ámbito local. El contraste con China es evidente: mientras Pekín busca controlar al Islam en su sociedad por la vía de la financiación, Suiza opta por apagarlo mediante la cancelación.
Una Lección de Soberanía
La astucia de China reside en su capacidad para entender que el apoyo a las comunidades musulmanas no es una concesión, sino una inversión en estabilidad y proyección de poder. Al garantizar la financiación local y la formación nacional de su clero, China compra voluntades y se asegura de que el Islam que se practica en su territorio sea un islam leal al Estado.
España tiene una importante lección que aprender. La imprudencia de permitir que terceros países financien y dirijan la vida religiosa de una parte de su ciudadanía es una cesión de soberanía con consecuencias terribles. La neutralidad no es una opción cuando el vacío es llenado por otros. Apoyar un islam acomodado a los intereses geopolíticos de España, con imanes formados en España y mezquitas financiadas con transparencia desde España, no es una cuestión solo religiosa, es un imperativo estratégico para la cohesión social y la paz a largo plazo.


