La Iberofonía
Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.
España ha elevado el tono diplomático contra Israel tras la interceptación de una nueva flotilla con destino a Gaza en aguas próximas a Chipre. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, confirmó que alrededor de 45 españoles viajaban en las embarcaciones y que entre 10 y 20 habrían sido retenidos por las autoridades israelíes, aunque la cifra no estaba totalmente verificada en el momento de su comparecencia.
La operación afecta de forma directa a la política exterior española porque combina tres planos: protección consular, posición jurídica sobre el bloqueo marítimo de Gaza y deterioro de las relaciones con el Gobierno de Benjamín Netanyahu. Albares convocó a la encargada de negocios israelí, Dana Erlich, para trasladarle una “protesta formal y enérgica” y calificó la interceptación como una nueva violación del derecho internacional.
La flotilla estaría integrada por 54 embarcaciones y unos 500 tripulantes, según los datos expuestos por Exteriores. El episodio llega apenas quince días después de otra interceptación en la que fueron detenidos el ciudadano hispano-palestino Saïf Abukeshek y el brasileño Thiago Ávila, posteriormente liberados tras pasar diez días en una prisión israelí.
El asunto proyecta a España en un frente diplomático mediterráneo que ya no se limita al conflicto de Gaza, sino que afecta a la capacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos en operaciones civiles de alto perfil político. La coordinación con otros países con nacionales embarcados puede convertir el caso en un expediente europeo más amplio contra las prácticas israelíes de interceptación en aguas internacionales.


