Jaime Díez
(España) Pasó su infancia en Barcelona y se trasladó a Madrid con su familia, donde terminó sus estudios. Hispano. Miembro de las Vanguardias Iberófonas, maestro de obras, en continua formación en economía, materialismo político y análisis geopolítico.
La presentación del dron «Valero» en la Feria Internacional de Defensa y Seguridad (FEINDEF) supone un hito para la industria militar española. Este vehículo aéreo no tripulado, diseñado para operar en modo de enjambre y escoltar a cazas tripulados como un «luchador leal» dibuja un futuro donde el combate aeroespacial será una operación sincronizada entre humanos y máquinas. Sin embargo, para comprender plenamente el desafío que representa Valero, debemos situarlo en el contexto de la guerra híbrida y, sobre todo, compararlo con los avances que China está desplegando en este mismo terreno.
El Concepto: Valero en la estrategia híbrida
Valero, el Vehículo Aéreo Multipropósito (VAM) de Indra, está pensado para ser lanzado desde cazas o plataformas en superficie, actuando como multiplicador de fuerza. Puede volar adelantado a un Eurofighter para reconocer el terreno, actuar como señuelo, portar cargas de guerra electrónica para cegar radares o reforzar comunicaciones en entornos disputados. La filosofía es clara: que la máquina proteja la vida del piloto.
Precisamente la guerra electrónica se ha convertido en uno de los pilares de los conflictos híbridos contemporáneos. Como demuestra la guerra entre Rusia y Ucrania, el dominio de gran parte del espectro electromagnético es tan crucial como el control del territorio. Valero aspira a operar en ese espacio difuso entre la paz y la guerra que caracteriza a los conflictos híbridos.
El necesario contraste con China: Salto cuántico y enjambres
Sin embargo, cuando observamos lo que China está desarrollando, el panorama se vuelve vertiginoso. Pekín no solo avanza en drones acompañantes sino que está redefiniendo por completo el campo de batalla futuro.
Enjambres de 200 drones controlados por un soldado
La Universidad Nacional de Tecnología de Defensa (NUDT) china ha probado con éxito tácticas de enjambre que involucran a más de 200 drones, todos controlados por un solo operador humano con apoyo de IA. Según Xiang Xiaojia, investigador de la NUDT, «una sola persona puede controlar un enjambre de más de 200 drones de ala fija lanzados simultáneamente desde varios vehículos». Cada dron actúa como un agente autónomo, capaz de cooperar con los demás y alternar automáticamente entre roles operativos —reconocimiento, distracción, saturación de defensas, ataque y recarga— según las exigencias de la misión.
Mientras Valero representa un concepto avanzado para escoltar cazas, China ya opera sistemas donde un único soldado comanda simultáneamente más de 200 drones de ala fija lanzados desde múltiples vehículos. Las comparaciones son odiosas pero en este caso conviene hacerlo: La diferencia de escala entre la tecnología manejada en España (entorno tecnológico OTAN restringido para miembros sub-premium) y China es abismal. Sistemas como el Swarm I (2021), que permite operar hasta 48 drones, y su versión mejorada Swarm II (2024), con mayor velocidad y autonomía, demuestran una doctrina enfocada en la cantidad y la coordinación, no en la sofisticación individual.
Algoritmos inspirados en la naturaleza
Los investigadores chinos están desarrollando algoritmos basados en el comportamiento de los animales para coordinar enjambres en tiempo real. En un experimento de la Universidad de Beihang, drones defensivos entrenados para comportarse como halcones aprendieron a identificar y destruir los objetivos más vulnerables, mientras que los drones atacantes inspirados en palomas fueron entrenados para evadir amenazas.
En una simulación con cinco drones defensivos contra cinco atacantes, los defensores eliminaron a todos en solo 5,3 segundos. Lo relevante no es solo el resultado, sino el enfoque: trasladar estrategias de caza, huida y cooperación animal a contextos de combate realistas donde los drones deben maniobrar y decidir bajo presión .
Superioridad en patentes y producción
Desde principios de 2022, contratistas de defensa e instituciones militares chinas han publicado al menos 930 patentes relacionadas con inteligencia de enjambres. En el mismo período, solo se publicaron unas 60 patentes similares en EEUU. Esta relación de 15/1 refleja el énfasis chino en la guerra de enjambres, coherente con su dominio de más del 80% de la producción mundial de drones pequeños no tripulados.
China combina avances en algoritmos con una ventaja industrial: fábricas capaces de producir millones de drones baratos cada año. Esta factibilidad permite concebir los enjambres como herramienta principal en el campo de batalla, no como complemento, algo mucho más difícil para una potencia como lo es EEUU, que fabrica menos drones y a costes más elevados. Y ya no hablemos de España donde queda pendiente la labor de reindustrializar todo el país.
IA frente a interferencias electromagnéticas
Una característica clave de los enjambres chinos es su capacidad para mantener la operatividad incluso en condiciones extremas de interferencias electromagnéticas. Cuando las comunicaciones y sistemas de navegación son perturbados, los drones pueden pasar automáticamente a un modo autónomo sin conexión, continuando la búsqueda de objetivos y guiando incluso el empleo de municiones.
Cada dron cuenta con procesadores de computación en el borde (en inglés se conoce como edge computing) que ejecutan subconjuntos del algoritmo principal. Si se pierde el enlace, el enjambre recurre a redes en malla (mesh es el término que se utiliza en inglés) para comunicarse internamente, priorizando comandos de alto nivel almacenados en su memoria. Esto mitiga vulnerabilidades en entornos de guerra electrónica, donde las interferencias son comunes.
El talón de Aquiles en la guerra híbrida: Comunicaciones soberanas
Este es el contexto en el que Valero debe operar. Un enjambre de drones necesita un flujo de datos constante, cifrado, encriptado con algoritmos soberanos, que solo los posea el país que los desarrolle. China ya ha demostrado que puede desarrollar sistemas operativos resistentes a la pérdida de comunicaciones, y ahora presenta armas diseñadas específicamente para cegar constelaciones enteras.
En este escenario, el programa SpainSat NG (Nueva Generación), con sus satélites lanzados en 2025 y su inversión de 2.000 millones de euros, no es un lujo sino una necesidad existencial frente a los enemigos de España. SpainSat NG sí que debe garantizar las comunicaciones seguras y antiinterferencias para que Valero no se quede mudo ante un ataque de microondas o una interferencia enfocada.
La Revolución silenciosa: Baterías y autonomía energética
El tercer vértice de esta autonomía tecnológica son las baterías. China no solo desarrolla drones inteligentes, sino que controla gran parte de la cadena de suministro global de litio y tierras raras. Los enjambres chinos, con su filosofía de sistemas económicos y producibles por millones, pueden saturar defensas simplemente por número.
Para competir en este entorno, España necesita baterías de nueva generación que garanticen autonomía y persistencia sin depender de proveedores foráneos. La capacidad de un enjambre de Valero para mantener su estación, su potencia para guerra electrónica y su resistencia en entornos disputados dependerá críticamente de su fuente de energía.
La Interdependencia como arma de doble filo
China está jugando en otra liga. Mientras España permanece dependiente de la tecnología de EEUU y debate cómo coordinar sus sistemas tripulados con acompañantes no tripulados, Pekín ya prueba enjambres de 200 drones autoorganizados con algoritmos inspirados en la naturaleza y blindados de ataques externos.
La filosofía china es clara: los sistemas autónomos serán la principal fuerza de combate, y las operaciones en enjambre, la norma táctica. Los teóricos militares chinos comparan el impacto de la IA en la guerra con el de la pólvora en la historia global.
Valero es una pieza brillante, pero insuficiente si no va acompañada de:
- Comunicaciones inderribables (SpainSat NG y Galileo) protegidas contra la guerra electrónica.
- Energía autónoma (baterías de nueva generación), que aseguren la movilidad sin depender de cadenas controladas por competidores.
- Desarrollo de nuevos algoritmos, preparándose para un escenario donde los enjambres operan de forma autónoma incluso sin comunicaciones .
Solo así, los españoles podrán confiar en que sus impuestos son invertidos eficientemente para destinarlos no solo a un caza tripulado (por ahora de fabricación y tecnología de EEUU) sino a su leal escudero y que ambos no se quedarán mudos y ciegos ante enjambres de 200 drones a la vez.


