Belén Casas
(España) Vicepresidenta del Ateneo Iberófono Juan Latino. Licenciada en Diseño Digital y máster en Creatividad Publicitaria. Diplomada en Estrategia, Geopolítica y Seguridad Internacional en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Ha cursado estudios de Comunicación Audiovisual, así como formación en escritura creativa. Su trayectoria combina creación visual y comunicación estratégica. Mantiene una sólida conciencia iberófona, reforzada por sus vínculos familiares con México. Actualmente se encarga de la gestión de redes sociales del periódico La Iberofonía.
La Casa Real de Noruega atraviesa uno de sus momentos más delicados en décadas. La princesa heredera Mette-Marit ha quedado envuelta en el escándalo Jeffrey Epstein tras la publicación de nuevos documentos judiciales en Estados Unidos que revelan una relación de amistad prolongada con el financiero condenado por delitos sexuales a menores. Todo ocurre en un contexto especialmente sensible ya que esta misma semana su hijo, Marius Borg Høiby, será juzgado por presuntos delitos de violación en Oslo.
Miles de menciones, encuentros y una amistad “embarazosa”
Según el diario noruego VG, el nombre de Mette-Marit aparece más de mil veces en los millones de documentos del caso Jeffrey Epstein desclasificados por el Departamento de Justicia estadounidense. Los archivos incluyen correos electrónicos intercambiados entre 2011 y 2014, un periodo posterior a que Epstein se declarara culpable en 2008 por solicitar prostitución infantil, por lo que Mette-Marit sabía acerca del escándalo del empresario pedófilo.
Al parecer, la amistad de Mette-Marit y Epstein arrancó en enero de 2011. Uno de los asistentes al Foro de Davos, Boris Nikolic, consultor de la fundación de Bill y Melinda Gates, coincidió allí con la princesa en Suiza. Y, mes y medio después, Nikolic escribió a Epstein para preguntarle si iba a estar en Nueva York en marzo. Porque “una amiga” iba a ir a visitarle. “No es la típica royal, es retorcida”, le dijo.
El escándalo de los archivos Epstein reabre también el pasado turbulento de la princesa heredera Mette-Marit, una historia que Noruega creyó cerrada hace años. La princesa, antes de casarse con el príncipe Haakon en 2001, reconoció públicamente haber llevado una vida “bastante salvaje”: entornos marcados por drogas, relaciones con hombres vinculados al crimen, participación en un reality show y maternidad en solitario de su hijo mayor, fruto de una relación con un traficante de drogas condenado. Aquella confesión pública fue clave para salvar la legitimidad de la boda real.
En los mensajes de la princesa heredera con Epstein, llegó a calificarle como “muy encantador” y mantuvo intercambios de tono informal y personal y quedadas. Los documentos también indican que se alojó durante cuatro días en una de las propiedades de Epstein en Florida en 2013.
Comunicado de Palacio ante la presión mediática
Mette-Marit emitió un comunicado en el que reconoció “un grave error de juicio” y calificó la relación como “simplemente embarazosa”. Afirmó que lamenta no haber investigado con mayor profundidad el pasado de Epstein y no haber comprendido antes “qué tipo de persona era”.
Sin embargo, algunos mensajes revelados muestran que ella misma reconocía haber buscado información sobre Epstein en internet, y que su amistad continuó incluso después de que este se declarara culpable por delitos sexuales.
Debate nacional: ¿puede llegar a ser reina?
El caso ha abierto un debate inédito en Noruega. Analistas y expertos en la monarquía se preguntan si este episodio puede comprometer su futuro como reina consorte, dado que está casada con el príncipe heredero Haakon.
El juicio de su hijo agrava la crisis
El impacto del escándalo se multiplica por su dramática coincidencia temporal con el proceso judicial de su hijo, Marius Borg Høiby, de 29 años. El joven será juzgado en el tribunal de distrito de Oslo acusado de 38 delitos, entre ellos la violación de cuatro mujeres, agresiones y delitos relacionados con drogas. De ser declarado culpable, podría enfrentarse a hasta 16 años de prisión. El estallido social es enorme y algunos ciudadanos asocian la situación de su hijo a conversaciones de mal gusto de la princesa con Epstein en cuanto a su hijo. En uno de ellos, la princesa pregunta a Epstein si es inapropiado sugerir como fondo de pantalla para su hijo “dos mujeres desnudas llevando una tabla de surf”.
La pareja real ha anunciado que no asistirá al juicio, y el príncipe Haakon informó que Mette-Marit se ausentará del país durante el proceso, que se extenderá varias semanas.
Una presión sin precedentes
A esta tormenta institucional se suman los graves problemas de salud de la princesa heredera, quien padece una forma rara e incurable de fibrosis pulmonar. El palacio ha reconocido que podría necesitar un trasplante de pulmón, una intervención de alto riesgo.
En conjunto, Noruega asiste a una crisis sin precedentes en su monarquía moderna: vínculos incómodos con Epstein, recuerdos de un pasado fraudulento, un juicio por violación que salpica directamente a la familia real y una heredera al trono cuestionada públicamente como nunca antes.
Lo que hasta hace poco parecía impensable —que el futuro de la reina consorte fuera motivo de debate nacional— hoy es una pregunta abierta en el corazón de una de las monarquías más estables de Europa.


