De Obama a Trump, la política de deportaciones de EE.UU.

Los Obama denuncian la violencia del ICE bajo Trump, pero resurge la paradoja: Barack Obama fue el presidente que más deportó en la historia de EE.UU, pese a su discurso humanitario.

De Obama a Trump:la política de deportaciones de EE. UU.

Belén Casas Belén Casas

(España) Vicepresidenta del Ateneo Iberófono Juan Latino. Licenciada en Diseño Digital y máster en Creatividad Publicitaria. Diplomada en Estrategia, Geopolítica y Seguridad Internacional en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Ha cursado estudios de Comunicación Audiovisual, así como formación en escritura creativa. Su trayectoria combina creación visual y comunicación estratégica. Mantiene una sólida conciencia iberófona, reforzada por sus vínculos familiares con México. Actualmente se encarga de la gestión de redes sociales del periódico La Iberofonía.

Deportaciones, doble rasero y la violencia actual del ICE

Las protestas que hoy recorren Minneapolis, Los Ángeles y otras ciudades de Estados Unidos tras la muerte del enfermero Alex Pretti a manos de agentes del ICE han puesto nuevamente en el centro del debate la política migratoria estadounidense. Bajo el actual gobierno de Donald Trump, las redadas, deportaciones aceleradas y el uso de fuerza letal por parte de agencias federales han generado una ola de indignación nacional e internacional y un duro pronunciamiento público del expresidente Barack Obama y la ex primera dama Michelle Obama.

En una declaración conjunta, calificaron el hecho como una “tragedia desgarradora” y advirtieron que “muchos de nuestros valores fundamentales como nación están siendo atacados”, señalando directamente las tácticas del ICE durante la actual administración de Donald Trump.

El texto de los Obama cuestiona el uso de fuerzas federales “enmascaradas” y métodos que, a su juicio, buscan intimidar y actuar con impunidad. También menciona otro caso reciente —el de Renee Nicole Good— para subrayar un patrón de letalidad y exigir investigaciones serias, a la luz de videos que contradicen las versiones oficiales sobre “disparos defensivos”.

Sin embargo, la intervención moral de la pareja reabrió un debate incómodo en la opinión pública, Barack Obama fue el presidente que más deportaciones ejecutó en la historia de Estados Unidos. Entre 2009 y 2016, su administración expulsó a más de 2,7 millones de personas, una cifra que supera a la de cualquier otro mandatario y rivaliza con la suma de varios gobiernos del siglo XX, según estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional citadas por Univisión y otros medios.

Durante aquellos años, se consolidaron prácticas que hoy vuelven a generar escándalo: detenciones masivas en frontera, separaciones familiares y la expansión de centros de detención para mujeres y niños —criticados incluso por The New York Times, que llegó a calificarlos como “prisiones familiares” y denunció la falta de alternativas humanitarias reales. Pese a una retórica pública favorable a la reforma migratoria y programas como DACA, la maquinaria de expulsiones operó a pleno rendimiento.

La diferencia con el presente no es tanto estructural como política y mediática. Trump ha radicalizado el discurso, ampliado los criterios de deportación y respaldado una actuación más agresiva del ICE en el interior del país. El resultado se ha visto en Minneapolis: dos ciudadanos estadounidenses muertos, versiones oficiales contradichas por videos y protestas que recuperan consignas históricas en español, como “El pueblo unido jamás será vencido”.

La reacción pública ante Trump contrasta con el silencio relativo que acompañó las cifras récord de deportaciones bajo Obama. Esa asimetría revela un doble rasero cuando la expulsión masiva se ejecutó bajo un discurso “progresista”, fue normalizada; cuando se ejerce desde una retórica abiertamente punitiva, estalla el escándalo. Para las comunidades afectadas —inmigrantes, familias separadas y ahora ciudadanos abatidos—, la continuidad es evidente.

Lo que ocurre hoy con el ICE no puede entenderse sin ese legado. La indignación actual señala a Trump, pero también obliga a revisar una política de Estado sostenida durante años, donde la seguridad y el control fronterizo se impusieron sistemáticamente a los derechos humanos, más allá del color político de la Casa Blanca.

Fuentes: Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU.; Univisión Noticias; The New York Times; The Guardian; BBC News Mundo.

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