Asfura retoma la ventaja en el recuento hondureño

Un ajustado escrutinio mantiene clima de máxima tensión

Nasry “Tito” Asfura en primera posición con el 84,52% de las actas escrutadas.

Jaime Goig Jaime Goig

(España) Presidente del Ateneo Iberófono Juan Latino, político, comunicador y escritor con amplia experiencia en medios (Onda Cero, El País…). Ha sido director de comunicación en varias empresas españolas y ha desarrollado proyectos en sectores donde compiten marcas como Apple o Google. Su trayectoria combina información, narrativa y producción audiovisual. Actualmente estudia diversas disciplinas en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es editor en La Iberofonía.

El recuento electoral en Honduras volvió a experimentar un giro decisivo en las últimas horas, situando de nuevo a Nasry “Tito” Asfura – en la foto – en primera posición. Con el 84,52% de las actas escrutadas, el candidato del Partido Nacional alcanza el 40,05% de los votos, superando por una diferencia mínima a Salvador Nasralla, que registra el 39,74%. La distancia entre ambos se mantiene en torno a 8.000 sufragios, una cifra tan estrecha que ha convertido el proceso en uno de los más tensos e imprevisibles de la historia reciente del país.

La candidata de Libertad y Refundación (Libre), Rixi Moncada, permanece en tercer lugar con un 18,15%, sin posibilidades de alcanzar a los dos primeros contendientes pero con un peso político que podría influir en la gobernabilidad futura. La proximidad de los resultados entre Asfura y Nasralla ha mantenido a sus militancias en permanente estado de alerta, mientras analistas locales subrayan que cualquier variación en el ritmo del escrutinio podría alterar la tendencia.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) ha comunicado que el avance del conteo continúa, aunque ha reconocido interrupciones en el sistema informático, lo que ha alimentado la desconfianza en sectores de la oposición y ha intensificado el clima de polarización. Según el organismo, los cortes responden a “sobrecargas técnicas” y no afectan la integridad de las actas, pero la explicación no ha logrado disipar las sospechas en un país donde las crisis electorales forman parte de la experiencia reciente.

La ausencia de segunda vuelta convierte cada décima porcentual en un factor decisivo. Conforme establece la normativa hondureña, quien termine en primer lugar será proclamado presidente y tomará posesión el 27 de enero de 2026. Este diseño institucional acentúa la presión sobre el CNE y sobre los observadores internacionales, que han insistido en que el recuento debe concluir con absoluta transparencia, especialmente tras varios días de oscilaciones continuas en los resultados.

A medida que se acercan las fases finales del escrutinio, tanto el Partido Nacional como el movimiento liderado por Nasralla han intensificado sus mensajes públicos. Los primeros reivindican su ventaja como resultado de un voto rural históricamente favorable a Asfura, mientras los segundos alegan que las interrupciones del sistema podrían estar afectando el ritmo de carga de actas provenientes de zonas urbanas, donde Nasralla suele obtener mejores cifras. La incertidumbre ha llevado a organizaciones civiles, iglesias y cámaras empresariales a pedir prudencia, serenidad y respeto institucional ante un proceso que podría resolverse por un margen inferior al 0,5%.

Con el país pendiente de cada actualización del CNE, el escenario político hondureño se mantiene al borde de una definición que podría producirse en cuestión de horas o prolongarse varios días más. Lo único claro es que la elección se decidirá por un margen extremadamente estrecho, en un contexto donde cualquier percepción de irregularidad podría desencadenar protestas y nuevos episodios de confrontación política.

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