Juan Lacomba
(España) Editor de la Iberofonía, es licenciado en Derecho y en Relaciones Laborales. Sindicalista y delegado electo desde 2012, actualmente vicepresidente del Comité de Empresa del Ayuntamiento de Sagunto, Valencia. Es además formador y técnico superior en Salvamento y Socorrismo.
Aporta un profundo conocimiento del ámbito laboral, la negociación colectiva y las relaciones laborales en la administración pública.
Guatemala volvió a iluminarse este 7 de diciembre con la tradicional quema del diablo, una de las celebraciones más antiguas del país y que marca oficialmente el inicio del fervor navideño. Desde la capital hasta ciudades coloniales y barrios periféricos, miles de familias encendieron hogueras y quemaron piñatas del diablo en todos los tamaños, diseños y colores.
En puntos emblemáticos como el Cerrito del Carmen, el Parque Colón y la colonia Arrivillaga, vecinos se reunieron desde tempranas horas para preparar figuras gigantes, muchas acompañadas de música, pirotecnia y mascaradas que mezclaron desde la iconografía clásica del diablo hasta versiones humorísticas inspiradas en personajes populares como el Grinch.
La tradición, que se celebra cada 7 de diciembre a las seis de la tarde, antecede a la festividad de la Inmaculada Concepción y simboliza la purificación del hogar mediante la quema de objetos viejos o figuras que representan al mal. Historiadores recuerdan que su origen se remonta al siglo XVI, cuando las familias coloniales encendían grandes hogueras frente a sus casas para “limpiar” espiritualmente el camino previo a las celebraciones religiosas del 8 de diciembre.
En la zona 1 capitalina, la familia Quiñónez volvió a convertirse en referente de la tradición con un diablo gigante elaborado durante semanas y cuya quema estuvo acompañada de la entrega de chuchitos y ponche para los vecinos. Para ellos, la festividad es una mezcla de devoción, convivencia comunitaria y un acto simbólico para cerrar ciclos antes de la Navidad.
En La Antigua Guatemala, el barrio La Concepción celebró una vez más el esperado “diablo ecológico”, una versión de gran tamaño realizada con materiales reutilizables. Según Vitellio Contreras, presidente del comité de festejos, este año el diseño se inspiró en el antiguo dicho “ver, oír y callar”, una invitación a la reflexión personal y colectiva que cada visitante puede interpretar de acuerdo con la realidad del país.
El evento, que reunió a más de 3,500 personas, busca además desalentar quemas dentro de las viviendas y concentrar la celebración en espacios públicos seguros. Entre música, olor a pólvora y la algarabía tradicional, el fuego consumió las figuras y dio paso a una noche de convivencia marcada por la mezcla de historia, identidad y cultura popular que caracteriza a esta fecha para los guatemaltecos


