Perú se convierte en campo de batalla entre Washington y Pekín en plena incertidumbre política

Estados Unidos intenta recuperar terreno mientras China consolida puertos, comercio e influencia estratégica


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Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

La crisis peruana ya no puede leerse solo en clave interna. El atasco electoral, la fragmentación del sistema político y la pugna por la segunda plaza en las presidenciales se cruzan ahora con una batalla mucho mayor: la disputa entre Estados Unidos y China por el control de la proyección económica y estratégica sobre la costa pacífica de Iberoamérica.

La agencia Reuters informó el 10 de abril de 2026 de que Washington había lanzado un esfuerzo visible para reforzar la relación con Lima ante el ascenso de la influencia china en el país andino, tal y como recoge esta información: US pushes to renew ties with Peru ahead of uncertain election.

El dato es relevante porque Perú no es un actor menor. Es uno de los grandes productores mundiales de cobre, una pieza minera de primer orden y, cada vez más, un nodo logístico de valor continental. El avance chino no se limita a compras o inversiones aisladas: se ha plasmado en una inserción estructural en sectores clave, con el megapuerto de Chancay como símbolo más visible de esa nueva etapa. Ya en noviembre de 2024, Xi Jinping presentó esa infraestructura como el comienzo de un nuevo corredor marítimo-terrestre entre China y Suramérica, como puede leerse en China’s Xi says Chancay Port the start of a new maritime-land corridor y en Starting Latin America trip, Xi Jinping opens huge port in Peru funded by China.

Ese es el punto de fondo: Washington llega tarde a una partida que Pekín lleva años jugando con método. El puerto de Chancay no es solo una obra de infraestructura. Es una herramienta para redibujar flujos comerciales, acortar rutas marítimas hacia Asia y convertir a Perú en unabisagra entre el Pacífico suramericano y el mercado chino. Reuters ya había explicado antes, en China widens South America trade highway with Silk Road mega-port, que el proyecto aspiraba a transformar al país en un hub comercial y portuario estratégico entre Suramérica y Asia.

Todo esto estalla, además, en un contexto de máxima fragilidad política interna. Las elecciones del 12 de abril dejaron un escenario abierto, con Keiko Fujimori en cabeza y una pugna muy ajustada por el segundo puesto entre Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga, mientras miles de papeletas quedaron bajo revisión y el recuento se fue retrasando durante días. Reuters informó de ello en Peruvians vote in crowded presidential race as runoff looms, y posteriormente detalló la tensión del escrutinio en Peru seeks second candidate for presidential runoff on fourth day of vote count y en Peru reviews disputed election ballots with final result likely stalled until May.

La situación se agravó todavía más cuando crecieron las presiones sobre el jefe del organismo electoral, Piero Corvetto, que terminó presentando su dimisión el 21 de abril. La renuncia se produjo en medio de acusaciones de irregularidades y una erosión severa de la credibilidad del proceso, como puede leerse en Peru election chief resigns as vote count drags on y en la cobertura previa Calls grow to remove Peru election chief as vote count drags.

En ese contexto, la maniobra estadounidense adquiere un sentido evidente. EE.UU. no solo quiere influir en el resultado político, sino impedir que Perú quede definitivamente encajado en una arquitectura económica cada vez más dependiente de China. En un reoirte del 10 de abril se señala que Washington considera a Perú un “socio estratégico precisamente porque el país se ha ido vinculando de manera muy intensa a Pekín en materias primas, energía e infraestructuras. Esa es la clave de US pushes to renew ties with Peru ahead of uncertain election.

La cuestión ya no es únicamente comercial. Estamos ante una pelea por rutas, puertos, minerales y élites futuras. Si Chancay se consolida como gran puerta del Pacífico iberoamericano hacia Asia, la influencia china crecerá no solo sobre las exportaciones peruanas, sino sobre el conjunto de las cadenas logísticas regionales. La agencia recordó también en South America Trump already losing trade battle with China que la infraestructura recorta tiempos de transporte y refuerza la nueva conectividad marítima entre China y Suramérica.

Por eso la elección peruana importa mucho más allá de Lima. Perú se ha convertido en uno de los lugares donde la rivalidad sino-estadounidense abandona el terreno abstracto y se vuelve material: puertos construidos, rutas abiertas, minerales estratégicos, inversión exterior y presión diplomática directa. El país andino es hoy uno de los puntos donde se decide si la fachada pacífica de Iberoamérica quedará más vinculada al sistema logístico chino o si Washington logra recuperar parte del terreno perdido.

Lo inquietante para Estados Unidos es que su ofensiva se produce cuando China ya no necesita presentarse como promesa, porque ya aparece como infraestructura tangible. Y lo inquietante para Perú es lo contrario: que su debilidad política interna lo convierta en un espacio especialmente vulnerable a las presiones externas. En otras palabras, la crisis electoral peruana coincide con un momento en el que el país está siendo disputado como pieza estratégica internacional.

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