Pedro Salmerón Sanginés, ¿un tonto útil?

¿Un historiador rompe con la narrativa hegemónica?


Jesús D.Castillo Jesús D.Castillo

(México) Es escritor, obrero y empresario, además de militante de Vanguardia Mexicana. Es licenciado en Ingeniería Aeroespacial y autor de textos dedicados a la militancia de las Vanguardias Iberófonas Socialistas. Columnista en La República, donde aborda temas de política y filosofía desde una perspectiva socialista. Participa en talleres de lectura y debates filosófico-políticos, colaborando con figuras como Santiago Armesilla. Utiliza plataformas digitales para difundir ideas socialistas y fomentar el debate político.

Para empezar, tenemos que tener claro una cosa: la historia es un campo de batalla ideológico-político. Es decir, no se puede hablar de la historia como un ente aparte de la política actual.

Una de las cosas que más me llama la atención de Pedro Salmerón es que mantiene un relato hegemónico, aunque él asegure que va en contra de la historia oficial. Todo lo contrario, la fomenta y alimenta. Aunque hay muchos puntos de conexión con los cuales podemos estar de acuerdo, como el hecho de decir que no hay algo llamado como la conquista de México, sino la conquista de una ciudad, y además, menciona que fue la conquista realmente de indígenas y no solo de españoles. También reivindica la figura de la Malinche, que es una persona importante, no simplemente un instrumento de Cortés, etcétera.

Otro punto importante que mantiene con franjas de verdad es la existencia de tanques de pensamiento, como la nueva “derecha”. Lo que hay que corregir es de dónde vienen y con qué propósito. La mayoría de esos tanques se han formado a través de los centros de inteligencia de EE. UU., absorbiendo eso que se llama hispanismo, usándolo como instrumento político para los fines del capital angloamericano y financierista global. Esos supuestos hispanistas que hablan de la salvación del continente americano de forma fantasiosa. Se ha criticado a muchos de esos hispanistas que son panamericanistas, trumpistas y liberales. El caso reciente es la acción angloamericana que hizo en Caracas, los supuestos hispanistas ponen la “libertad y democracia” por encima de cualquier acción soberana y de la unión iberófona. Pero como en las VVIISS defendemos una unidad iberófona materialista con una séptima generación de izquierdas, a la que Pedro no se ha enterado, por pereza a informarse o porque no lo entiende.

Lo gordo del asunto es que ha llamado, y mete en un saco, a personas como “ultraderechistas” —que si él tiene la manera de explicar qué es “ultraderecha”, yo estaría complacido; no creo que entienda el concepto de “ultraderechista”—. Menciona a Donald Trump, al rey Juan Carlos de Borbón y a Felipe VI como ultraderechistas; dice lo mismo de Santiago Armesilla Conde, Marcelo Gullo, Juan Miguel Zunzunegui, Ricardo Salinas Pliego. Todos son “ultraderechistas” para él, siendo que hay un montón de diferencias entre todos estos sujetos. Armesilla Conde es un marxista iberofonista; Marcelo Gullo es un justicialista, es decir, es peronista; Juan Carlos de Borbón y Felipe VI son parte de la monarquía parlamentaria que es el Estado-nación actual de España; y Juan Manuel Zunzunegui es un escritor y divulgador liberal. El caso de Salinas Pliego, nada que ver con los demás, es, digamos, un liberal libertario, un gran burgués financierista. No entiendo cómo Pedro, un hombre preparado y con experiencia, pueda cometer semejante juicio, ni siquiera análisis: juicio.

Nuestro historiador mantiene un relato de nación doliente que el autor Pérez Vejo explica, y también se mantiene en el marco teórico de la teoría de la liberación de Enrique Dussel; incluso veo parte del Instituto Nacional de Formación Política de Morena en sus exposiciones. También es un gran allegado al director del Fondo de Cultura Económica, Paco Taibo II. Entonces hay unos puntos de conexión en los cuales se nota que Pedro es un tonto útil de la narrativa actual de Morena y de López Obrador. Es decir, él es militante activo de Morena aunque no tenga su carnet del partido. No se ha encontrado ningún texto en el que critique a López Obrador o a Morena, lo que sea. Mantiene ese relato de nación doliente, el que es hegemónico. Lo que vuela la cabeza y contradice es su supuesta acción constante de ContraHistoria, de una narrativa diferente a la actual, donde según él la historia está escrita por Hernán Cortés y compañía, por los españoles, por los frailes católicos que llegan a la Nueva España; habla de que ellos fueron los que construyeron la historia. Siendo que en realidad adopta la ideología de la Leyenda Negra y la ideología decolonial que termina siendo, al final del día, más eurocentrista que la supuesta reconquista que desea hacer España sobre el continente americano. Es decir, España no tiene posibilidad alguna. Es pensar en cuentos de hadas que la actual España, el Estado-nación actual, tenga la posibilidad, la fuerza o siquiera la intención de reconquistar el continente. La España actual, el Estado-nación actual, es una colonia de la colonia. Alejar a España de América parece más a la doctrina liberal de Madison y Franklin, a los escritos de Jefferson, al discurso de Monroe, al expansionismo de Jackson, al despojo de Polk.

España peca de ese europeísmo del que habla Armesilla Conde en su libro Iberofonía y Socialismo, respecto al que su homólogo, el latinoamericanismo, donde las dos ideologías se complementan para ir alejando la Iberofonía entre sí. Lo más duro es que habla de un supuesto racismo de Armesilla Conde, cuando en realidad el español no ha expresado en las cientos de horas de su contenido audiovisual o en alguna cita de cientos de páginas de sus libros alguna pizca de racismo. ¡Racista neoimperial! ¡Que alguien nos ayude a definir qué diablos es racista neoimperial! Nadie habla jamás de iberosfera, sino de Iberofonía, un concepto que jamás ha definido Pedro, porque evidentemente jamás ha entendido siquiera el concepto, mucho menos haber leído la obra de Álvaro Durantez Prado. Cuando critica Pedro a Santiago sobre su video La Verdad de los Aztecas, lo hace desde el marco teórico historiográfico; es decir, quiere que el video no se haga con fines políticos sino historiográficos. Lo curioso es que esa historiografía y su marco teórico está dibujado y delimitado políticamente por los enemigos de México y de España, pero insisto, parece ser que Pedro no se percata de ello. Y parece ser aún más, que jamás en su vida ha leído la obra extendida en una trilogía de la Insubordinación Fundante del politólogo Marcelo Gullo. No, porque quiere reducir todo a mera historiografía. ¿Cuándo un historiador ha dirigido un Estado? ¿Cuándo un estadista se reduce a contar la historia? ¿Cuándo un revolucionario ha revolucionado el mundo por X, discutiendo por las fuentes? Un servidor está vendiendo la trilogía en Mercado Libre. [5]

El rey Juan Carlos de Borbón fue un vividor, un espía de la CIA, un hombre que decidió entregarle las nalgas de España a EE. UU. por un lugar de poder. Claudia S. y López Obrador son los líderes políticos herederos de los liberalismos del siglo XIX y XX, y estos mismos liberalismos brotan de las ideologías del liberalismo anglosajón y la Ilustración francesa. Estas ideologías, incluida la Leyenda Negra —¡como ideología también!—, fortalece y forma parte de la estructura histórico-política-ideológica dominante. El partido yorkino, del que Morena es heredero, tiene que mantener la estructura actual; ideologías que ya se han explicado: Leyenda Negra, sometimiento ante Angloamérica, supremacismo mexicano sobre el resto de Iberoamérica, un reformismo crónico contrarrevolucionario, una aceptación ideológica extranjera, un odio acérrimo a lo español y lo católico —lo último gracias a Poinsett— y, sí, un racismo hacia los españoles, haciendo más juicio que análisis sobre estos. Haciendo de nuestro querido historiador crítico, un tonto útil, ya no se diga de Morena y López Obrador, sino de toda una estructura imperial anglosajona que se ha ido construyendo a lo largo de siglos, es manipulado y conducido políticamente desde Washington, eso, al final del día es el meollo del asunto, lo más grave, él se convierte en un instrumento del enemigo para golpear a México, a la unión, a la revolución.

Es evidente que Pedro intenta cambiar el mundo desde la historiografía, pasándose por alto la filosofía, la economía, la geopolítica, las ideologías, incluso la misma historia. Lo más criticable es hablar más que escuchar; ha tirado dardos venenosos sin conocer realmente nada. Su plataforma de red social más usada es X, donde se encuentra uno con ofensas, emojis infantiles, enlaces a por mayor, horas y horas de consumo de la red social. Ha llamado grupo de choque a mi organización, a mi escuela, a mis maestros, y ha ofendido el proyecto iberófono, siendo que no lo conoce. Pero si es que el poder político mexicano actual le da de comer, y se ve beneficiado por el sistema capitalista en su conjunto, difícilmente hará algo en contra de él.

No ha dirigido un buen comentario al gran historiador Eric G. Cárdenas, solo un emoji de vómito. Como el maestro Eric ha decidido no venderle el alma al diablo y hacer de sus conocimientos algo independiente, sus mismos colegas historiadores le van dando la espalda. Pareciera que la academia cada vez se va cerrando más, haciéndose más sectaria. Estos historiadores, en lugar de transformar el mundo, ya que nuestros países viven en miseria, deciden enfrascarse en ser ratones de biblioteca, trabajar entre ellos. “Igual hay que comparar las fuentes”. ¡Sí, claro! Vamos cambiando el mundo mentándonos la madre por X. Ahí la llevamos.

—“Mucho ayuda el que no estorba”—. No hay nada en contra de Pedro, pero si es una piedra en el zapato, sería, desde nuestro punto de vista, un contrarrevolucionario. Ahí está el gulag, sino, la confrontación directa, fuego contra fuego.

Como humilde escritor —no historiador, ni político, ni economista, ni filósofo, ni académico, ni nada por el estilo, o todo tal vez—, ya la historia me juzgará. Más, si como revolucionario, le extiendo la mano para conocernos, hablar, discutir y plantear una historia que nos beneficie a todos; por destruir el relato de nación doliente, sin izquierdas infantiles; por una séptima generación de izquierda políticamente definida; por la unión, por la Iberofonía, contra la Angloamérica y la angloesfera. Por la revolución y la Patria.

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