Níger señala a Francia y a Macron tras el ataque terrorista al aeropuerto de Niamey

El Sahel se rebela contra un siglo de expolio colonial y atentados

Niger señala a Francia y a Macron por el atentado terrorista en el aeropuerto

Belén Casas Belén Casas

(España) Vicepresidenta del Ateneo Iberófono Juan Latino. Licenciada en Diseño Digital y máster en Creatividad Publicitaria. Diplomada en Estrategia, Geopolítica y Seguridad Internacional en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Ha cursado estudios de Comunicación Audiovisual, así como formación en escritura creativa. Su trayectoria combina creación visual y comunicación estratégica. Mantiene una sólida conciencia iberófona, reforzada por sus vínculos familiares con México. Actualmente se encarga de la gestión de redes sociales del periódico La Iberofonía.

Un ataque armado contra la base aérea 101, contigua al aeropuerto Diori Hamani de la capital nigerina, dejó al menos 20 asaltantes muertos y cuatro militares heridos, según el Ministerio de Defensa de Níger. La incursión, perpetrada de madrugada por hombres en motocicletas y con las luces apagadas, obligó a suspender temporalmente los vuelos y provocó daños menores en aeronaves civiles.

Aunque el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM) —vinculado a Al Qaedareivindicó el ataque, el líder militar nigerino Abdourahamane Tiani acusó públicamente a Emmanuel Macron, Patrice Talon y Alassane Ouattara de patrocinar la acción, siendo responsables políticos de una operación destinada a desestabilizar al país. “Los hemos oído ladrar; deberían estar preparados para oírnos rugir”, afirmó tras visitar la base, prometiendo represalias.

Según Tiani, presidente de Niger, la infiltración se habría producido a través del aeropuerto como parte de una estrategia regional que busca castigar a los países del Sahel que han roto con la tutela política y militar francesa. El mandatario prometió represalias severas y reafirmó el giro estratégico de Níger hacia nuevos aliados.

La acusación no es menor ni accidental. El objetivo atacado alberga también instalaciones de la Alianza de los Estados del Sahel (AES) —que integran Níger, Mali y Burkina Faso— y fue en el pasado una base de la operación francesa Barkhane, antes de la ruptura con París y el giro hacia Moscú. El sahel es una región de África occidental que en los últimos años ha experimentado múltiples cambios de gobierno por vía militar, así como un deterioro de las relaciones con varios países occidentales, en especial una ruptura con la tutela francesa. En un comunicado difundido el 3 de febrero, la Cancillería rusa aseguró que la protección del Sahel es una prioridad de su política exterior y confirmó el refuerzo de su cooperación con los países de la región.

El Sahel como tablero de una guerra mayor

Para los gobiernos militares del Sahel, el terrorismo no puede separarse de la herencia colonial ni de las actuales disputas geopolíticas. Tras décadas de presencia militar francesa sin lograr frenar la violencia yihadista, Níger y sus aliados han optado por romper con Occidente y apoyarse en Rusia como socio estratégico.

Moscú afirmó que su apoyo incluye formación de fuerzas armadas y policiales, asesoramiento estratégico y fortalecimiento de las capacidades militares locales para combatir el terrorismo. El anuncio se produjo apenas días después del ataque en Niamey, lo que subraya la aceleración del alineamiento entre Rusia y los gobiernos de Níger, Malí y Burkina Faso, agrupados en la Alianza de los Estados del Sahel (AES).

El Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR) ha acusado a Francia de promover acciones encubiertas para desestabilizar el Sahel, señalando intentos de sabotaje de infraestructuras críticas y ataques contra civiles con el objetivo de forzar cambios de régimen y recuperar influencia en la región. Tiani agradeció a las tropas rusas presentes por “defender su sector”, reforzando la lectura geopolítica del episodio.

Hace menos de un mes, hubo otro intento de golpe de estado en Burkina Faso, donde su presidente Ibrahim Traoré también acusó a Francia de estar detrás de la operación.

El colonialismo que nunca se fue

Níger fue colonia francesa hasta 1960. La independencia formal no significó soberanía real. París mantuvo el control de los sectores estratégicos: moneda, defensa y, sobre todo, recursos naturales. El ejemplo más claro es el uranio. Durante décadas, Níger ha sido uno de los principales proveedores de uranio para las centrales nucleares francesas, mientras su población permanecía entre las más pobres del planeta.

Desgraciadamente, parecido a lo que ocurre en la República del Congo, país que produce el 80% de cobalto mundial, y paradójicamente, de los más pobres del mundo.

El contratocon Niger era simple y brutal: ponía la tierra y los riesgos; Francia se llevaba la energía barata. Las minas de Arlit alimentaron la electricidad de Francia mientras las ciudades nigerinas seguían a oscuras. Eso no fue un fallo del sistema: fue el sistema funcionando exactamente como fue diseñado.

Seguridad como excusa, control como objetivo

Cuando el discurso colonial ya no era presentable, llegó el de la “seguridad”. Francia desplegó tropas en el Sahel bajo el paraguas de la lucha antiterrorista. Operaciones como Barkhane prometían estabilidad. Lo que dejaron fue más violencia, más grupos armados y Estados cada vez más debilitados.

Para amplios sectores de la población saheliana, la ecuación fue evidente: más presencia militar francesa no significó menos terrorismo, sino mayor dependencia y pérdida de soberanía. Cuando Níger, Malí y Burkina Faso decidieron romper ese vínculo, París no perdió solo bases militares: perdió influencia geopolítica y acceso privilegiado a recursos estratégicos.

El ataque de Niamey y la acusación directa

El asalto contra la base aérea 101, donde hoy opera la Alianza de los Estados del Sahel, dejó al menos 20 atacantes muertos. Aunque un grupo yihadista reivindicó la acción, Tiani sostuvo que detrás del ataque hay una operación patrocinada desde el exterior, señalando a Francia y a gobiernos regionales aliados de París.

África ya no calla

La acusación contra Macron no es solo contra un presidente. Es contra una arquitectura entera de poder. Níger está diciendo en voz alta lo que durante décadas se susurró: que el terrorismo, la pobreza y el caos no son anomalías africanas, sino consecuencias de un orden internacional que necesita territorios inestables para seguir extrayendo riqueza.

El Sahel no es un “problema de seguridad”.
Es un problema de colonialismo no resuelto.

Y esta vez, los acusados tienen nombre y apellido.

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