La revolución vigilante de Burkina Faso

Miles de ciudadanos ocupan cada noche las rotondas del país para proteger a su presidente tras varios intentos de golpe de estado


Belén Casas Belén Casas

(España) Vicepresidenta del Ateneo Iberófono Juan Latino. Licenciada en Diseño Digital y máster en Creatividad Publicitaria. Diplomada en Estrategia, Geopolítica y Seguridad Internacional en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Ha cursado estudios de Comunicación Audiovisual, así como formación en escritura creativa. Su trayectoria combina creación visual y comunicación estratégica. Mantiene una sólida conciencia iberófona, reforzada por sus vínculos familiares con México. Actualmente se encarga de la gestión de redes sociales del periódico La Iberofonía.

Burkina Faso vive noches en vela. Tras la denuncia de un nuevo intento de golpe de Estado a comienzos de 2026, miles de ciudadanos han organizado vigilias populares nocturnas en rotondas y espacios estratégicos de todo el país para proteger al presidente Ibrahim Traoré y el proceso político que encarna.

Según las autoridades, la conspiración buscaba asesinar a Traoré y a altos cargos del Estado para provocar una intervención militar externa. El ministro de Seguridad, Mahamadou Sana, afirmó que la trama implicaba a militares disidentes con apoyos externos, algunos localizados fuera del país. Desde entonces, la respuesta popular ha sido inmediata: organización, presencia permanente en las calles y control ciudadano del espacio urbano.

En Uagadugú y en las 45 provincias, grupos conocidos como Wayian —“salir a la rotonda a defender el país”— mantienen turnos desde la tarde hasta el amanecer. Para muchos, Traoré representa la continuidad del legado de Thomas Sankara: soberanía, autosuficiencia e industrialización. En apenas dos años, señalan, Burkina Faso ha aumentado sus reservas de oro y ha reorientado su política económica hacia el control nacional de recursos.

Esta movilización no solo es física; también es simbólica. Traoré ha denunciado reiteradamente la guerra cultural que acompaña a los procesos de desestabilización. En una frase que resume esta batalla por el relato, afirmó que Estados Unidos utiliza a Hollywood como propaganda imperial, donde “los malos siempre son hispanos, negros o rusos”. La afirmación conecta con lo que ocurre en Burkina Faso: mientras en el terreno el pueblo se organiza para defender a su presidente, en el plano mediático se construyen villanos funcionales que legitiman presiones externas.

Las vigilias populares son, así, defensa y contra-narrativa. Defensa del proceso político frente a intentos de golpe; contra-narrativa frente a un imaginario global que suele presentar a los líderes africanos soberanistas como amenazas. Para quienes pasan la noche en las rotondas, la revolución no duerme porque la soberanía tampoco descansa.

Artículos