Jaime Goig
(España) Presidente del Ateneo Iberófono Juan Latino, político, comunicador y escritor con amplia experiencia en medios (Onda Cero, El País…). Ha sido director de comunicación en varias empresas españolas y ha desarrollado proyectos en sectores donde compiten marcas como Apple o Google. Su trayectoria combina información, narrativa y producción audiovisual. Actualmente estudia diversas disciplinas en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es editor en La Iberofonía.
Ha causado furor (entre cocainómanos redimidos como tertulianos, pedantes ilustrados y pijonazis de todo pelaje, condición y ocupación) el término “hispanchista”. Y lo ha hecho no sólo como descalificativo hacia quienes reivindicamos la Iberofonía como civilización mestiza, sino como afirmación de un “europerrismo” sublime que ese piélago de cerebros, enfermizos, y curiosamente fascinados por el Islam, pretende encarnar.
Agazapada tras una interpretación un tanto sui-géneris de René Guénon, defendiendo una supuesta tradición que, en realidad, nadie conoce y con una grave y espesa empanada mental, está curiosa (aunque extendida especie) comparte su racismo con otros supuestos indigenismos (próximos y lejanos) en una mascarada que no por irracional, deja de resultar peligrosa.
Así, pretenden ignorar que “Europa” no existe como entidad geográfica, política, demográfica o corológica y que, desde un punto de vista estrictamente geográfico no es siquiera un continente independiente, sino una subdivisión histórica y cultural de Eurasia.
El término Europa, al igual que “Occidente”, es una “metida”, un timo, un veneno: es la sustitución anglo-protestante de la idea de “Cristiandad” y esto no es una cuestión baladí sino ontológica y geopolítica; una cuestión de primer nivel. Porque dentro del marco conceptual de la “Cristiandad católica”, Iberoamérica forma parte plena de esa Cristiandad. Y ahí les duele.
No piensen ustedes que “la sincronizada” del europerrísmo actúa de forma espontánea. Obedece a intereses, a la voz de sus amos. De los de siempre.
Así que: cuando oigan dirigirse a alguno de nuestros hermanos con el despectivo término de “Panchito”, no se corten.
Y caguensé en su puta, y “europerrista”, madre


