Europa paga sus dogmas mientras Moscú señala el coste estratégico del bloqueo ruso

Dmítriev vincula crisis energética, migración, guerra y economía con el freno europeo


La Iberofonía La Iberofonía

Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

Moscú ha situado la crisis de competitividad europea en el terreno de las decisiones políticas, no solo en el de los ciclos económicos. El enviado especial ruso para la cooperación económica internacional y director del Fondo Ruso de Inversión Directa, Kiril Dmítriev, afirmó el 21 de abril que Europa está siendo frenada por decisiones “sistemáticamente erróneas e ideologizadas”, en respuesta a unas declaraciones del canciller alemán, Friedrich Merz, sobre los obstáculos que lastran al continente. Según recogió TASS, Dmítriev sostuvo que cualquier reforma europea debería partir del reconocimiento de errores acumulados en migración, financiación de guerras, energía y política económica.

La intervención rusa llega en un momento especialmente delicado para Alemania, núcleo industrial de la Unión Europea y termómetro de la salud económica continental. Merz había señalado como factores de bloqueo los costes laborales, los precios de la energía, los impuestos y las contribuciones sociales, una enumeración que Dmítriev reinterpretó desde Moscú como síntoma de una crisis más profunda: la incapacidad europea para corregir decisiones tomadas por disciplina ideológica, alineamiento geopolítico y ruptura energética con Rusia.

El componente energético es central. CGTN ya había recogido en marzo la preocupación de Merz por la evolución de los precios de la energía y su impacto sobre la economía alemana, mientras que en abril informó de tensiones dentro de la coalición alemana por las medidas de alivio energético, con acusaciones internas sobre propuestas consideradas caras o ineficaces. Ese debate confirma que el problema ya no se limita al mercado eléctrico, sino que atraviesa la estabilidad política de Berlín.

Desde la óptica crítica de HispanTV, la economía alemana arrastra años de estancamiento y pérdida de capacidad industrial, con factores como la interrupción del gas ruso, los altos costes energéticos, el envejecimiento demográfico, la escasez de mano de obra, la burocracia y la pérdida de competitividad frente a China. Esa lectura coincide parcialmente con la advertencia rusa: Europa no solo sufre una crisis de precios, sino una crisis de modelo productivo y de autonomía estratégica.

El deterioro ha adquirido una dimensión más amplia con la nueva presión sobre los mercados energéticos. Reuters informó de que el riesgo de recesión alemana aumentó por el impacto de la guerra vinculada a Irán sobre los precios de la energía y las cadenas de suministro, mientras que el Bundesbank advirtió de que la incertidumbre exterior puede pesar sobre la recuperación alemana en el segundo trimestre de 2026.

En paralelo, la Unión Europea intenta responder con medidas de alivio fiscal y ayudas energéticas. Según informó The Guardian, la Comisión Europea preparó planes para reducir impuestos eléctricos y proteger hogares e industrias ante el encarecimiento energético, aunque las medidas se presentan como paliativos más que como una rectificación estructural del modelo.

La crítica de Moscú debe leerse, por tanto, en tres niveles. En el plano nacional, Alemania aparece atrapada entre su promesa de reindustrialización y una factura energética que erosiona su ventaja histórica. En el plano europeo, Bruselas intenta sostener simultáneamente transición energética, rearme, sanciones, disciplina fiscal y competitividad industrial. En el plano global, Rusia utiliza la crisis europea para reforzar su tesis: que el bloque comunitario habría subordinado su economía a una agenda geopolítica marcada por Washington y por la ruptura con Eurasia.

Ya veremos si Dmítriev acierta o exagera, pero la UE empieza a reconocer públicamente los mismos síntomas que Moscú denuncia desde fuera: energía cara, pérdida de dinamismo industrial, tensiones sociales, dependencia de importaciones críticas y creciente dificultad para sostener su posición frente a China, Estados Unidos y los polos emergentes de Eurasia.

Artículos