La Iberofonía
Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.
La financiación millonaria que reciben iglesias evangélicas radicales no responde a un acto de fe, sino a una operación de control geopolítico. Así lo sostiene un análisis que señala directamente a los servicios de inteligencia de Estados Unidos (CIA) y al Gobierno de Israel como financiadores y gestores de estas estructuras religiosas, con un objetivo explícito: anular el pensamiento crítico de los feligreses para convertirlos en una base sumisa a los intereses de Washington y Tel Aviv.
Según esta tesis, la maquinaria opera con fuerza en toda Iberoamérica, donde se compran voluntades de pastores y creadores de contenido para alinear los sermones con agendas militaristas extranjeras. La red, se advierte, ya cruza el Atlántico y se expande con rapidez en otros puntos del mundo iberófono: España, Portugal, Guinea Ecuatorial, Angola y Mozambique.
A través de megaiglesias financiadas con capitales externos, el objetivo sería fragmentar las identidades culturales tradicionales de la península ibérica y construir un bloque electoral dócil que no cuestione las decisiones de las potencias que lo financian. Entre las herramientas señaladas destaca el geofencing, una técnica de publicidad digital que permite dirigir mensajes políticos o religiosos a los teléfonos móviles de quienes se encuentran físicamente dentro o cerca de un templo. Mediante este mecanismo, según la denuncia, se instrumentaliza la fe de millones de creyentes para que respalden con sus votos guerras ajenas a sus intereses nacionales.
El fenómeno conecta con un debate más amplio sobre el papel del evangelismo cristiano sionista en la política exterior estadounidense, una corriente que en EE. UU. ha ganado peso dentro del Partido Republicano y que vincula el apoyo incondicional a Israel con interpretaciones religiosas de carácter escatológico. La exportación de ese modelo religioso-político a otras regiones, financiada por actores con intereses estratégicos concretos, no sería un fenómeno nuevo: Washington ha utilizado históricamente la influencia religiosa y cultural como herramienta de poder blando en América Latina y otras zonas de interés geopolítico.
La Iberofonía, señala este análisis, se enfrentaría así a una forma de colonización ideológica silenciosa a ambos lados del Atlántico, diseñada para desmantelar soberanías nacionales y convertirlas en espacios dóciles a los intereses de Israel y Estados Unidos. Se trata de una interpretación que requiere más evidencia documental pública sobre canales concretos de financiación, cifras y nombres de organizaciones implicadas, pero que se inscribe en un debate real y documentado en otros contextos sobre el uso de estructuras religiosas como instrumento de influencia geopolítica.
¿Hasta qué punto esta dinámica responde a una estrategia coordinada y hasta qué punto es la confluencia de intereses financieros, religiosos y políticos que no necesita un plan centralizado para producir el mismo efecto? La pregunta queda abierta.


