Leyenda negra para evadir un oscuro presente

Memoria selectiva y crisis ignoradas


Eric G.Cardenas Eric G.Cardenas

(México) Etnohistoriador por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y maestro en Ciencias Sociales por el Colegio de Sonora. Con más de 20 años de trayectoria, se ha especializado en la historia de México desde la época prehispánica hasta la contemporánea. Ha ejercido como docente, guía turístico y divulgador histórico. Desde 2020 dirige el canal “México Antes de México”, con más de 5 millones de visualizaciones en YouTube. Su enfoque propone una visión crítica y alternativa a las versiones oficiales de la historia. Su trabajo destaca por el rigor académico y la capacidad comunicativa.

El gobierno federal mexicano ha pedido disculpas por lo que hizo el dictador liberal Porfirio Díaz a finales del siglo XIX en Sonora, ordenando el exterminio de los pueblos Yaquis y Seris, además por la represión de la huelga de trabajadores mineros de Cananea con ayuda de los Rangers de Arizona. Mientras se muestra como heroico defensor de los agravios del pasado, exige disculpas a la Corona Española por sucesos que ocurrieron hace 4 y 5 siglos, pero se lava las manos de la guerra contra el narcotráfico que es un problema actual, un problema del cual el régimen del partido Morena entregó un saldo de más de 160,000 muertos en el pasado sexenio de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y apenas entró la nueva titular del ejecutivo, no hace más que culpar al gobierno Panista de Felipe Calderon (2006-2012) por haber iniciado esa guerra, el gobierno anterior es una víctima más de los errores del pasado, así que hará lo que pueda o no hará nada, pues no es su responsabilidad; está es una característica del estado mexicano, no del partido en el gobierno, aún podemos recordar cuando al panista Vicente Fox le pedían solucionar algún problema y traicionado por un arrebato de sinceridad contestaba “¿y yo por qué?”.

La Leyenda Negra anti española sigue jugando un papel central en el discurso político nacional en México, todos los males o al menos su origen son culpa de España, por traer una corrupción y violencia primigenia; ya ha dicho AMLO que “no hay registros de corrupción antes de la colonización”, lo que está claro, es que como la mayoría de los mexicanos no conoce nuestra historia antigua, debido a la ignorancia sigue siendo efectiva la estrategia discursiva del relato de “nación doliente” la versión mexicana de la leyenda negra que añade la felicidad y pureza con que supuestamente se vivía en estás tierras antes del contacto, por lo tanto, todos los problemas surgen con la llegada de los españoles.
Si el origen de todos los problemas está situado en el pasado, que por definición no es posible cambiar, entonces no es posible cambiar el presente; así de sencillo, uno tras otro líder político ha eludido su responsabilidad ante los problemas actuales utilizando el relato de nación doliente, estamos condenados al fracaso por la primigenia herida de conquista española, la leyenda negra en México imprime una carga ontológica en nuestra cultura que la vuelve incapaz de superar los problemas, una tara bastante útil para quienes buscan deslindarse responsabilidades. Aunque en ocasiones, el discurso de nación doliente sirve para que el mismo estado heroicamente busque resarcir las injusticias del pasado.

Pedir u ofrecer perdón para “hacer justicia” en Sonora no se trató de un mero acto simbólico, sino de convocar a distintos organismos de los tres niveles de gobierno ahora que el estado tiene un gobernador morenista. Además de las disculpas oficiales se establecieron mesas de trabajo del llamado “plan de justicia”, donde cada organismo se compromete simplemente a hacer su trabajo, el cual deberían hacer como labor cotidiana, pavimentar calles, construir infraestructura para actividades productivas como muelles o paradores turísticos, mejorar el abasto de agua y electricidad, construir centros de salud, entre otras cosas, pero esas que son sus funciones regulares, se presentan como un heroico plan de justicia para comunidades que han sido históricamente agraviadas por gobiernos anteriores.

Resulta curioso que el gobierno federal después de más de un siglo se de cuenta que sus antecesores dejaron en el olvido a las comunidades que en su momento quisieron exterminar. Ahora, iniciando el siglo XXI establece un vínculo institucional directo con el gobierno federal mexicano de aquella dictadura liberal decimonónica, la cual, por un lado predicaba el orden y el progreso, abogaba por los derechos individuales, por el libre mercado, construía edificios y bulevares estilo francés en las capitales estatales, pero por otro lado, exterminaba comunidades porque estorbaban sus objetivos de desarrollo y afeaban sus afrancesadas ciudades. Pero, ha llegado el momento de hacer justicia o al menos, la hora de hacer planes de justicia.

Las reuniones de los planes de justicia comenzaban con una perorata que primeramente alababa al régimen de la auto-nombrada cuarta transformación, la “4T” se mencionaba como el presidente de la república había instruido al gobierno a resolver los problemas de las zonas indígenas, después tocaba el turno del INPI (instituto nacional de los pueblos indígenas) quienes hablaban de la riqueza de los pueblos originarios y la vida comunitaria. Después de las largas introducciones, las autoridades y representantes indígenas visiblemente amodorrados tenían solicitudes muy puntuales que no requerían tal parsimonia, pero bien saben que para ser atendidas hay que aguantar todo este tinglado del gobierno. La efectividad de estos planes de justicia es cuestionable, más allá de las intenciones, genuinas o no, es destacable como son seleccionados los problemas dignos de ser atendidos por el gobierno federal.

Se busca “hacer justicia” por los errores cometidos por su antepasado institucional del siglo XIX, pero en sus planes no entran los problemas heredados de los gobiernos antecesores de uno y dos sexenios atrás, es decir, gobiernos federales que emanaron del PRI y el PAN que desataron y continuaron la guerra contra el narcotráfico, para esos problemas de relevancia actual no hay planes de justicia, ni existe una estrategia real para resolverlos, lo que si existe es una estrategia discursiva que busca culpar al pasado. Es un problema heredado del “comandante Borolas” decía despectivamente AMLO cuando hablaba del ex-presidente Felipe Calderón, pero al parecer ese anterior gobierno federal no está conectado con el actual, por eso ni le piden disculpas a los agraviados, ni es su responsabilidad atender el problema. Así Calderón no solo es el iniciador, sino el culpable absoluto de la guerra contra el narcotráfico, el gobierno actual liberado de toda responsabilidad aplica una máxima del liberalismo “dejar ser, dejar pasar”, permitir que el narcotráfico se adueñe de territorios enteros mientras saca de contexto la frase dicha por la esposa del Virrey Iturrigaray, “esto se resuelve con abrazos, no balazos” por cierto, virrey acusado de traición pero encontrado inocente, quien vislumbraba la inminente secesión de la Nueva España.

Y aquí es donde el pasado sirve para deslindarse de las responsabilidades del presente, pues como todo se resuelve con pedir disculpas, entonces el presidente (al parecer por consejo de su cónyuge) le pareció buena idea sumar al rey de España a esta heroica obra de pedir disculpas y hacer justicia, sobre todo en el mismo valle del Yaqui en Sonora, donde ya estaban en marcha sus “planes de justicia”. Al parecer, tanto a la primera dama como al presidente y sus asesores se les olvidó revisar la historia de esta región, donde por solicitud de los mismos jefes tribales, no a través de una brutal invasión militar, en el siglo XVII llegaron jesuitas como Andrés Pérez de Rivas para traer la ganadería, agricultura intensiva, hortalizas y oficios; entre otras cosas. Al parecer la Corona actual, cuatro siglos después debía pedir disculpa por permitir a los jesuitas fundar los 8 pueblos tradicionales que hasta la fecha persisten en una región donde predominaba la vida nómada y por por permitir que los yaquis, como súbditos de pleno derecho de la Corona Española, acompañaran a los frailes a la evangelización y colonización de otras tierras, mientras reafirmaban los derechos sobre sus tierras, derechos que el estado mexicano desconoció.

Pero España no solo debía pedir disculpas por esa colonización en el noroeste de la entonces Nueva España, se exhortaba a que el rey pidiera disculpas por las atrocidades cometidas en la llamada conquista, la última de las grandes guerras mesoamericanas donde la mayor alianza de pueblos jamás creada en esta tierra, con el liderazgo de Hernán Cortés, tomó y dejó en ruinas la ciudad de Tenochtitlán, haciendo lo propio de cualquier guerra ya sea de conquista, liberación o guerra florida, acabar con el enemigo cuando los pactos no fueron posibles. En varios discursos se lanzaban las cifras de aquellas grandes tragedias de hace quinientos años, 10 mil muertos en la matanza de Cholula, altos funcionarios y guerreros asesinados en la fiesta del Toxcatl a manos de Pedro de Alvarado (obviando mencionar a los aliados nativos) o 40 mil bajas durante el sitio de Tenochtitlán; por cierto, muertes propiciadas en su inmensa mayoría por los grupos nativos, supongo que como para los líderes indígenas como Ixtlilxóchitl o Xicoténcatl era legítima la autoridad del rey de España, entonces tiene sentido que el actual rey pida disculpas en nombre de ellos y no solo en nombre de personajes como Cortés o Alvarado.

Estas acciones durante la toma de Tenochtitlán están muy presentes en la psique mexicana, por la herida de conquista creada en el siglo XX, la cual se encargó de vincular directamente la identidad del estado y el ciudadano mexicano con los derrotados tenochcas que tuvieron que entregar su ciudad, la leyenda negra que culpa de todo a España sirve para hacer palidecer las cifras de la tragedia que vive el país en el presente. En 3 sexenios el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) reportó más de 350,000 asesinatos intencionales vinculados con el narcotráfico, aunque debido a la falta de denuncias y ortos medios para desaparecer personas, esta cifra podrían ser aun mayor, pues hay 110,000 personas desaparecidas que no han sido encontradas y unas 40,000 encontradas en fosas clandestinas. A diferencia de los heroicos tenochcas que defendieron con su vida su ciudad, los mexicanos actuales, debido a la marginación cayeron en las redes del crimen organizado y no han sido encontrados porque terminaron siendo disueltos en ácido o consumidos en crematorios clandestinos. En días recientes, salió a la luz un campo de reclutamiento, entrenamiento y exterminio en Teuchitlán, Jalisco, muy cerca de la capital estatal y tercer cuidad más grande de México, fue debido a su cercanía con Guadalajara que este sitio salió a la luz, pues en zonas más alejadas abundan este tipo de instalaciones donde el narco desarrolla su guerra, una guerra contra otras facciones y contra un gobierno que no tiene intenciones de terminarla.

La cifra de muertos, desaparecidos y desplazados en México se puede equiparar con la guerra civil en Siria, un país donde se desarrolló una guerra por la legitimidad del gobierno. Pero en México hay un gobierno legitimo, ineficiente pero legitimo, donde se respeta el resultado de las elecciones y donde el gobierno tiene la aprobación de las mayorías, resulta para muchos sospechoso, que no se tenga la fuerza para dar fin a esta guerra, pues no parece ser un tema de capacidades militares o políticas. Ultimamente esta fuerza política se esta usando para fomentar el chauvinismo entre sus simpatizantes más fieles, pues ante la amenaza de una intervención estadounidense para acabar con el narco, se le exhorta al ciudadano mexicano a que defienda el territorio y la soberanía, es decir, si no va a morir a manos del crimen organizado, lo hará defendiendo a un gobierno que solo lo utiliza, que intencionalmente lo mantiene ignorante para fomentar el victimismo y por lo tanto, dependiente.

De manera demagógica los líderes políticos recalcan que México es un país soberano, que ya se acabaron los tiempos de la colonia, que no permitirán una nueva intervención de los Estados Unidos, mientras exigen que España pida disculpas por las decenas de miles muertos que trajo la toma de Tenochtitlán, mientras decenas de miles de muertos se siguen sumando cada sexenio a las bajas causadas por una guerra que no pueden o no quieren ganar, de la cual, no son responsables ellos, sino la corrupción y la violencia traída por Hernán Cortés hace cinco siglos. La leyenda negra, sigue saliendo a relucir como herramienta discursiva en eventos oficiales ya sea por conmemoración de la toma de Tenochtitlán o la ejecución de Cuauhtémoc, una herramienta que sigue siendo efectiva para culpar a ese mítico pasado de las tragedias del presente, en la medida en que las mayorías dejen de creer en la leyenda negra, los líderes no tendrán más remedio que afrontar los problemas del presente.

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