Irán expande la guerra, golpea el Golfo y dispara el riesgo energético global

Los ataques cruzados alcanzan Arabia, Emiratos, Baréin e Israel mientras Trump oscila entre escalada y negociación


La Iberofonía La Iberofonía

Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en una nueva fase de expansión regional tras la noche pasada, con ataques que alcanzaron varios puntos del Golfo y abrieron un nuevo frente con la intervención de los hutíes de Yemen. Entre los hechos confirmados figuran un ataque iraní contra la base aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudí, que dejó 12 militares estadounidenses heridos, según EE.UU., y nuevos impactos sobre infraestructuras en Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Al mismo tiempo, Israel ha continuado sus bombardeos sobre instalaciones iraníes, incluidas infraestructuras vinculadas al programa nuclear y al sector industrial.

El dato más relevante de la jornada es que los hutíes confirmaron su primer ataque contra Israel desde el inicio de esta guerra y advirtieron de que podrían actuar sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, un paso marítimo decisivo para el comercio energético mundial. Ese movimiento añade presión a una crisis ya agravada por la disrupción en el estrecho de Ormuz, por donde circula una parte decisiva del petróleo y del gas licuado del planeta. Distintas fuentes coinciden en que la entrada de Yemen amplía el conflicto y aumenta el riesgo de un choque prolongado sobre las rutas marítimas del Mar Rojo y del Golfo.

En el plano nacional estadounidense, la administración de Donald Trump combina mensajes contradictorios. Por un lado, Reuters informó de que el presidente afronta fuertes presiones para buscar una salida negociada ante el encarecimiento del crudo, la caída de su aprobación y el riesgo de una guerra abierta sin objetivos claros. Por otro, el propio Trump ha endurecido su discurso contra la OTAN, llegando a afirmar que Estados Unidos no tiene por qué “estar ahí” para la alianza, en una señal de tensión con sus socios europeos en pleno conflicto. Esa ambigüedad también se refleja en el despliegue de más fuerzas en la región mientras Marco Rubio sostiene que los objetivos pueden alcanzarse sin invasión terrestre.

En el plano regional, los ataques dejaron un mosaico de incidentes que confirma que la guerra ya no puede leerse solo en clave bilateral. AP y Reuters recogieron daños en el aeropuerto internacional de Kuwait, ataques e interceptaciones en Emiratos Árabes Unidos y nuevas acciones sobre Baréin. También circularon informaciones iraníes sobre bajas masivas estadounidenses.

Israel ha atacado instalaciones en Arak y otras localizaciones relacionadas con el programa nuclear y la industria estratégica iraní. En paralelo, la AIEA y varias agencias han advertido de la gravedad de los ataques en las inmediaciones de la central de Bushehr. Según la propia agencia atómica y fuentes recogidas por Reuters y CGTN, un proyectil alcanzó el recinto de la planta, aunque por ahora no se han reportado daños en el reactor ni fuga radiactiva. La advertencia es clara: un error de cálculo en ese punto podría provocar un incidente con consecuencias regionales.

A escala internacional, la principal consecuencia inmediata es económica. Reuters, The Washington Post y el Financial Times coinciden en que el conflicto está golpeando la economía estadounidense y alimentando un nuevo shock energético. Barclays estima que una interrupción prolongada en Ormuz podría retirar del mercado entre 13 y 14 millones de barriles diarios, mientras el petróleo ya ha superado los 100 dólares y el negocio energético en Estados Unidos ha entrado en una fase de parálisis por la volatilidad. En Asia, además, varios aliados de Washington temen que una guerra larga desvíe recursos militares estadounidenses fuera del Indo-Pacífico.

El escenario inmediato apunta a más presión, no a menos. La entrada hutí, la vulnerabilidad de las bases estadounidenses en la región, los ataques sobre infraestructuras críticas y la tensión sobre Ormuz y Bab el-Mandeb dibujan una guerra cada vez más costosa para todos los actores. A corto plazo, la cuestión central ya no es solo quién golpea más, sino quién puede sostener el conflicto sin desencadenar una crisis energética y militar todavía mayor.

Artículos